Alejandro Alemán

Alejandro Alemán

No hace muchos años hubiera parecido un absoluto despropósito hacer una nueva versión de Alien (Scott, 1979), pero cuando hasta el mismo Ridley Scott está empeñado en destruir lentamente el legado de aquel clásico de ciencia ficción (con sus precuelas que no van hacia ningún lado), no veo por qué un director sueco no tenga derecho a de menos intentarlo.

LIFE, el quinto largometraje del sueco (de padre chileno) Daniel Espinosa, es una especie de remake/homenaje al Alien original de finales de la década de 70, pero sin la bestia creada por H.R. Giger ni el androide en su momento interpretado por Ian Holm.

LIFE pretende ser ciencia ficción dura situando la trama en un futuro no muy lejano donde una estación espacial comandada por una tripulación multinacional ha llegado a Marte para recuperar las muestras del suelo marciano que una sonda anterior habría recabado. Las pruebas preliminares indican que en dichas muestras hay un organismo microscópico, unicelular que tiene vida. Siendo esto una adaptación de Alien, no tengo que decirles lo qué sucederá después. En su afán de hacer una historia lo más creíble posible, la producción acudió a la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio, mejor conocida como NASA, para certificar que todos los procedimientos que suceden en el filme son plausibles, además de que todos los artefactos que se muestran en la película (desde los trajes hasta las computadoras, pasando por instrumentos y demás artículos) son los que efectivamente usa la agencia espacial en sus misiones en el espacio.

Las actuaciones del reparto multiestelar (Rebecca Ferguson, Jake Gyllenhaal, Ryan Reynolds, entre otros) quedan en segundo plano: todo es gritos, tensión y diálogos llenos de tecnicismos; su presencia (además de atraer público) sólo sirve para reaccionar ante los peligros que se irán presentando en situaciones francamente tensas.

Parece increíble, pero lo cierto es que este trabajo funciona así sea como entretenimiento de fin de semana, y lo hace en gran medida por que su director sabe cómo crear atmósferas, generar suspenso y —algo muy importante— hacer de su alienígena (un híbrido entre molusco y estrella de mar) un ser auténticamente temible. Tan es así que no nos molestaría ver una secuela de esta película.

Ingeniero, locutor y crítico de cine con más de 10 años de experiencia profesional.

@elsalonrojo

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