Alejandro Alemán

Los primeros minutos de The Big Sick (Un Amor Inseparable, según su terrible título en español) se presentan como una comedia romántica de lo más clásica, un boy meets girl que cumple con los clichés de rigor. Kumail (el propio Kumail Nanjiani) —un joven inmigrante de origen pakistaní que se dedica a dar espectáculos de comedia stand up, así como a manejar un Uber— conoce a  Emily (Zoe Kazan), una chica de Nueva York que va a verlo a su show.

Ambos platican, salen, cenan, se enamoran, tienen sexo. Al director —el estadunidense Michael Showalter— sólo le bastan 20 minutos para convencernos de que Kumail y Emily son la pareja ideal. Son tan adorables que queremos que todo les salga bien y estén juntos siempre. Eso, por supuesto, no pasará, o al menos no
será tan fácil.

Siendo un género en crisis, la comedia romántica actual exige grandes estrellas en los protagónicos, así como una trama vacía, pero rosa. The Big Sick se revela contra estas reglas no escritas. Protagonizada, escrita y vivida por el propio Nanjiani (la historia es real, toda vez que el argumento está basado en su propia vida), la película utiliza el género de la comedia romántica como una oportunidad para hacer un comentario no sólo sobre el amor en momentos de crisis, sino de los problemas de ser un inmigrante en la era Trump, el racismo recalcitrante que se vive en Estados Unidos y los conflictos intrafamiliares por el choque de culturas, concretamente con la tradición de los matrimonios arreglados por los padres

El gran giro de la cinta lleva a esta comedia por linderos más oscuros que el simple amor romántico. Es ahí donde, inesperadamente, otra pareja es la que se roba la cinta: los padres de Emily, interpretados por Ray Romano y la genial Holly Hunter, quien debería estar nominada al Oscar por esta cinta.

Con gran éxito en taquilla y en crítica, la película es un vehículo de lucimiento para el comediante Kumail Nanjiani, quien aprovecha el proyector no sólo para demostrar capacidad histriónica, sino para exponer una serie de temas raciales que hoy en día son por demás pertinentes, dado el clima político en Estados Unidos. Incluso por encima de esa agenda, el tema que permea es la importancia de conservar la sonrisa y la capacidad de reírnos de la desgracia, mucho más si es la propia.

Todo podrá estar perdido, excepto el humor.

@elsalonrojo

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