Después del partido del domingo para decidir al campeón del futbol mexicano la mayor de las tentaciones es asociar el dramatismo del mismo a la contienda del 2018 y su carga inevitable de pasión.
Y luego de conocer el tuit de Andrés Manuel López Obrador en respaldo del coraje de Pumas para forzar una final de historia la tentación es mayor.
El mensaje, consta a todos, es: “¿Como (sic) no te voy a querer¡ Felicidades, jugaste con entrega, nos apasionaste y, también, demostraste que esto no se acaba hasta que se acaba”, se anota al aplauso AMLO en declaración de simpatía o cálculo de audiencia o ambos.
Todo comienza a moderarse en la tentación mencionada cuando el mensaje de AMLO despierta tal polarización.
Es la misma que suscita su casi inevitable candidatura por tercera vez a la presidencia de la república: que si mejor no felicite a los perdedores porque entonces la asociación con una nueva derrota es inmediata, que si el cariño por los pumas es porque estuvo 14 años en la consecución del título universitario, que si pumas al declararse campeón legítimo por el pundonor pero no por los resultados se parece al propio AMLO y decenas más.
Los mensajes continúan como el torrente de emociones del partido dominical en que tigres, muchas gracias, venció en penales.
De todos aquellos que no somos fans de ninguno de los dos contendientes, con nuestras respectivas preferencias de último momento, determinamos en la última semana quién era el candidato, perdón, el equipo de nuestra preferencia.
Ese proceso es semejante al de todos aquellos que no viven la polarización respecto de AMLO quien exhibe tantas antipatías como simpatías en el electorado a juzgar por los datos de todas las encuestas y las conversaciones, como en 2006, respecto del líder tabasqueño.
Será en las últimas semanas de junio cuando el voto indeciso se incline a favor de uno de los tres principales contendientes del 2018.
Nuestra percepción del tipo de juego, claridad de estrategia, aciertos anotados y acotados por la opinión pública se afinará, si no compartimos en principio una relación programática, ideológica o de básica simpatía por ninguno de los candidatos o sus respectivos, hasta los últimos días.
Y por encima de todo ello, al final, me atrevo a pronosticar, estará la elemental querencia o antipatía que nos despierte el aspirante.
Así que, en esta materia, “se acabará hasta que se acabe” como dice AMLO para apuntarse cerca del coraje de pumas.
Todo será definido, en los segmentos menos politizados, menos informados y más relevantes para la votación, así como en la mezcla de las audiencias medias, que tanta pasión por uno o contra otro experimentemos y así votaremos: a favor y en contra.