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Ricardo Eguia

Crece la indignación social y los partidos políticos ajenos al dolor e incapaces de escuchar el hartazgo popular juegan al deslinde de culpas y luchando con las tragedias intercambian acusaciones en ignífero furor, se enzarzan en la diatriba con  fríos cálculos electoreros  y sin conturbarse  a pesar de que  se pasea por las calles el fantasma de la ingobernabilidad…

En la coyuntura electoral del 2015 les arrecia el oportunismo y sin nada que presumir les ganan las ansias de hacer ruido cuando la tétrica tragedia de Iguala aún no se resuelve.

Se les olvida o no les importa que el simple paso del tiempo y sin resultados en la masacre de los seis muertos, los 22 heridos y los 43 estudiantes normalistas desaparecidos puede sesgar la percepción en contra del gobierno federal con especulaciones comprometedoras para endilgarle supuesta incapacidad y hasta temeraria complicidad con el ex-gobernador irresponsable o con la incomprensiblemente aún prófuga pareja mafiosa de Iguala.

En la búsqueda de los 43, esa tétrica historia de barbarie aún no se ha acabado y a menos de que los encontraran vivos, anhelo que todos compartimos, el desenlace será brutal y el desafío formidable para devolverle a la política partidista un mínimo de credibilidad ni de confianza  pues  ello confirmará  que en este país agrietado por la descomposición de las élites nada se corrige, nada se previene y a nadie que delinque se castiga…

¡Los partidos políticos en el centro, en el eje de todo!

Tragedias similares concatenadas e impunes de larga data en «Aguas blancas» y «Acteal»; Villas de Salvacar, San Fernando, casino Royale, Tlataya e Iguala, decenas de periodistas asesinados son pesadillas abominables como los setenta mil muertos y los veintiocho mil desaparecidos del Calderonato rudimentario que aún se atreve hoy a dar consejos con ese su esquematismo visceral envuelto en el enorme velo del cinismo agigantado por la total impunidad de que goza…

 

Tierra calcinada antes en Colombia, ahora en México y donde los territorios de masacres, secuestros y desapariciones coinciden con la existencia de gigantescas riquezas naturales, un inmenso botín y de ahí la necesidad de sembrar el terror para vaciar territorios y su ocupación ya sin gente, desplazada por los poderes económicos nacionales y de las trasnacionales que financian la delincuencia, a los partidos, a los candidatos, desatan matanzas, luego hacen llegar  los grupos paramilitares que descabezan las mafias y ya limpios de población toman posesión para el saqueo en simbiosis con empresarios prestanombres parapetados en el contratismo, el soborno, la información privilegiada, las licitaciones a modo, el cohecho y el favoritismo de funcionarios públicos corruptos.

Hasta un ex-panista de apellido Clouthier al hacer el análisis de los horrores y execrables sucesos sostiene que esas cosas no llegan a esos niveles de primitivismo de la noche a la mañana, esos escenarios dice se han construido con el tiempo, por años de omisión, complacencias y la complicidad de las autoridades y de las policías infiltradas por el crimen organizado preguntándose ¿porqué  no se hizo nada contra la narco-política en el sexenio de Calderón?

Hechos sucedáneos, secuenciados que agobian inercialmente al país exigen no más relajación ,no mas solapamientos concertados ni intercambio de favores partidistas, no más erosión institucional   lo cual debería hacer reflexionar al Sr. Presidente Peña Nieto y llamar a cuentas a Felipe Calderónque como servidor público no ajustó nunca sus actos a la legalidad, el respeto a la vida de los ciudadanos, ni a los derechos humanos ni a sus obligaciones Constitucionales como mandatario, haiga sido como haiga sido y por lo tanto sujeto a la Ley Federal de Responsabilidades Administrativas de los Servidores Públicos y dejar abierta la posibilidad de que miles de familias afectadas  lo demanden por los daños y perjuicios al ejercer el poder sin sujetar los actos de autoridad a causa jurídica ni fundamento legal que le hayan otorgado legitimidad alguna, mucho menos ordenar actos genocidas escudado en una macabra «guerra» fracasada contra el narcotráfico.

No puede ni debe quedar impune la orgía y la barbarie panista con sus decenas de miles de muertos y desaparecidos sin investigación y obvio sin justicia ni resarcimiento de daños irreversibles a las familias de innúmeras víctimas inocentes. A Calderón solo le faltó la Reforma a la ley de panteones para legalizar las fosas clandestinas en ese oprobioso uso de las Instituciones contra la ciudadanía desprotegida y que exige a este sexenio un cambio real para restablecer mínimos estándares de confiabilidad y de aceptación popular gradual  y esto obviamente  solo  podrá lograrse con base en respuestas y hechos concretos en materia de justicia y seguridad pública.

Los partidos en el eje de todo…

 

Sí están infiltrados por la narcocracia, sí postulan candidatos que no garantizan honestidad, conocimientos, experiencia, eficacia, arraigo ni calidad ética suya es la culpa y ganado a pulso tienen el rechazo popular.

Los partidos políticos manejan mucho dinero público así como donativos de particulares y es a ellos a los que se debe obligar y responsabilizar de evaluar antes de nominar a quienes después tendrán «una parcela de poder» en sus manos y que luego corruptamente usarán como si fuera patrimonio propio lo cual es ya intolerable e insostenible ante un pueblo agraviado profundamente.

Está claro que la ciudadanía ni la militancia de los partidos participan nunca en la selección e imposición de candidatos favoritos de las cúpulas partidistas y si estas no hacen evaluaciones patrimoniales a cada candidato, ni del origen o procedencia de sus riquezas, tampoco de su fama pública; si las cúpulas partidistas inventan candidatos por recomendación, nepotismo, o compra de esas nominaciones como manido mercantilismo de los sempiternos negociantes  de la política y  en favor de facciones o de  grupos hegemónicos, obvio también es suya la culpa de la estabilización del desastre que impera en éste país al repartirse entre partidos «democráticamente» porciones de corrupción.

A nadie convencen ni engañan con disculpas a toro pasado por los desmanes, abusos y crímenes de funcionarios electos bajo la responsabilidad insoslayable de esas cúpulas partidistas atrapadas en la rigidez y la complicidad dislocada que galopa a trancos y en el lomo de la peor hipocresía, el doble discurso y la corrupción desbordada.

El enorme reto es ya en 2015 con veinte mil candidatos de diferentes partidos y para disputar 1,051 cargos de elección popular ¿Que harán los partidos para evitar se cuelen de nuevo especímenes con antecedentes y ligas con el dinero negro, las mafias y la delincuencia organizada de cuello blanco?

Y que no nos vengan las cúpulas partidistas sin el más mínimo decoro, con sibilina coreografía y zapatos de ballet pretendiendo «blindar la corrupción» o lo que eso quiera decir con otra «comisión estrafalaria, burocrática, costosa e ineficaz» que más que sátira, comedia o melodrama sería otro burdo «elefante banco» como la actual «Secretaría de la Función Pública» el templo de los místicos de la falsía y que  esa pretendida  Comisión solo vendría a ser otro guión ficcional y artero.

La corrupción se combate con gente decente en los puestos públicos, estrictas regulaciones, más atribuciones a la «Auditoria Superior de la Federación» que revise el gasto público en tiempo real y no de manera parcial y extemporánea y con facultades para procesar a los funcionarios que desvíen, se roban o despilfarren los recursos públicos aprobados por el Congreso.

Iguala sombrío recordatorio a las cúpulas partidistas que nominan a los peores…Basta ya de simulaciones y quiebres, condescendencia y connivencia infame con gente de la peor laya.

www.ejecentral.com

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