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Ricardo Eguia

Nuestra realidad nacional tiene mucho de insostenible…

El país aún conmocionado, aturdido, desconcertado y profundamente indignado ante los sucesos infrahumanos y abominables de los Estados de México y de Guerrero que no debemos de ignorar, mucho menos olvidar por más ignominiosos y desconcertantes que estos sean.

Obvio a todos nos afectan aún cuando más a las familias emparentadas y pese a que es de otros la culpa y las responsabilidades directas…El aturdimiento es de tal magnitud, tal la zozobra que nos provoca, tal el desamparo y la desmoralización que a algunos les es tan abrumador que prefieren no abordarlo explícitamente ni siquiera en el espacio de una conversación.

Pese a que nos cimbraron y son muy nuestras las exigencias de justicia pronta, castigos implacables, rigor en la aplicación de la ley y aún sabiendo que nada será igual pensamos que mal haríamos con sustraernos, quedar como meros espectadores ante esta exorbitante vorágine destructiva.

Espacio si para el duelo y la verguenza nacional, pero rápido evitar el estancamiento, la pasividad insostenible ante la urgencia de cambios que eviten la repetición o la escalada.

Ante este presente ominoso que se incubó en Fox, se recrudeció en el nefasto Calderonato permanecer pasmados, hacer nada, enmudecer implica una grave irresponsabilidad social.

Alejarse, esconderse y la graciosa huida se nos presentan como seductor escaparate de opciones disfuncionales ante estos grandes males que asolan a la República y que no van a amainar como por arte de magia, ni escamparán los negros nubarrones, ni se aquietará el avispero por simple milagrería…se recrudecerá y terminará por sofocarnos a todos si argumentamos cansancio ante estos nuevos agobios.

El incendio está tan cerca de todos y estamos tan amenazados que es irracional no darnos por aludidos y malo e injusto consolarse por comparación cuando a otros les pasa lo inenarrable y a nosotros no…pero solo basta recordar la frase y extemporáneo, tardío lamento de que «vinieron por los negros, por los sindicalistas, por los judíos y como nada de eso era nunca dije nada…ahora que vienen por mí no hay quien proteste ni me defienda».

Alejémonos de esa virulenta sentencia atroz que dice «los mexicanos son solitarios ante los problemas, con mucha información pero poca comunicación», poca solidaridad y atribulados, aplastados por la creencia tonta de que lo público solo es cuestión de las élites recicladas cuando es una esfera que a todos complete y más a los que recibimos colectivamente las consecuencias del mal actuar, miopía o incapacidad de la clase política y de todos los partidos confrontados de manera impertinente, procaz,  envilecida abusando de nuestra pasiva reincidencia.

No nos merecemos estos avatares regresivos provocados por minorías que para eludir responsabilidades con desdén alegan se trata de «daños colaterales» por la ¿democracia? costosísima y pese a ello indigente, anómala e infructuosa salvo para los que de ella se cuelgan para medrar.

Para ver la verdad real, necesitamos implicarnos y no ser solo testigos presenciales y en tránsito de ser víctimas de la «estampida de los búfalos» que se disputan en la cima el botín.

En esa encrucijada o damos el paso adelante o nos vamos del país…yo no pienso irme ni votar desde el extranjero…el país es de las mayorías honestas…hay que luchar, afrontar…no les hagamos más fácil apoderarse de éste país a los tiburones financieros, a los monopolios, a los saqueadores y su rapiña contumaz, tampoco a la telecracia, ni a los sofistas, a los marrulleros, ni a los pillos, facinerosos y bandidos…

 

¡Hay que refundar el país!

 

Las crisis son etapas inmejorables para no solo reflexionar y tomar consciencia del desbarajuste sino también propicias para grandes cambios antes de que «México se nos caiga a pedazos».

 

El Presidente Enrique Peña Nieto del lado y con el apoyo del pueblo tiene la gran oportunidad de dar un vigoroso y oportuno golpe de timón e instrumentar acciones concretas, efectivas y de fácil instrumentación contra el cáncer de la corrupción oficial que es su mayor y más desafiante reto.

A México le duele esa corrupción oficial y las comaladas de nuevos millonarios sexenales; le duele la impunidad en todas sus dimensiones, la ausencia del estado de derecho, la evasión de los grandes consorcios, el saqueo y el contrabando; le duele la corrupción en el sistema de procuración de Justicia, en las policías y obvio en el sistema Judicial.

 

¡Nada ha funcionado!

Debe cambiar toda esa parafernalia donde desde el confort de palaciegas reuniones repetitivas de las autoridades federales con los gobernadores disque para establecer mejores estrategias y más coordinación pero que en la práctica nada resuelven y sé tornan estériles montajes mediáticos; miles de discursos fallidos para intentar cambiar la percepción sobre la delincuencia con cifras y estadísticas cuchareadas; «nuevos» modelos policiales con simple cambios cosméticos; rediseño de estrategias revolcadas; mando único que nadie respeta; reformismo inocuo de las procuradurías y del sistema penal; inoperantes controles de confianza; despilfarro de recursos públicos en nuevas policías para los desfiles y la foto y para apoyar a Estados y Municipios, recursos económicos que se reflejan solo en más «cadenas criminales»; un sistema acusatorio oral lento, costoso, amorfo y que además se posterga por algunas entidades remisas, omisas o reticentes a la homologación, lo cual demuestra un marco constitucional endeble y que no garantiza una eficiente coordinación…

Adolecemos de un centralismo amorfo, obeso e ineficiente con barniz de federalismo que no se cohonesta con la realidad y cada quien trae su agenda y fijan sus prioridades políticas los Estados, los Municipios y los partidos políticos que detentan el poder como si fuera patrimonio propio, de tal suerte que de las miles de irregularidades, peculado y desvío de los recursos públicos que en cada cuenta pública revisada y documentada por la «Auditoría Superior de la Federación» solo una minucia, meras bagatelas, se traducen en averiguaciones y consignaciones por la PGR y es precisamente esa abominable impunidad de los altos funcionarios públicos lo que exacerba como acto reflejo a la criminalidad que permea en el país lastimando a la población y que por la pobreza y falta de oportunidades recluta a los jóvenes convirtiéndose así en imparable «fábrica de sicarios».

Ahora, en un salto cuántico y otra preocupación generalizada son los vasos comunicantes entre autoridades, policías y el lumpen criminal más sanguinario y primitivo que ha desatado las extorsiones, los asesinatos y las desapariciones forzadas sistemáticas para entronizar el terrorismo y que además  inciden ya en los partidos políticos donde vuelcan el dinero sucio para imponer a sus testaferros en puestos de elección y de decisión…¡toda una catástrofe!

El tema da para mucho más y abundaremos sobre la tragedia, las atrocidades escandalosas y la urgencia de mayor participación ciudadana como un parteaguas para la renovación y los cambios de fondo ante el fracaso de los poderes fácticos y de la partidocracia que parecen estar cómodos en este clima de violencia rupestre, inseguridad, impunidad, enriquecimiento y connivencia con la criminalidad para que la población entre las turbulencias no se ocupe de los fracasos en la economía, de la desigualdad y de la miseria perpetua, tampoco de la opacidad de supuestos órganos autónomos como la «CNDH», el «IFT» y el «IFAI», así como la contaminación atávica del medio ambiente, la devaluación del peso, la inflación alimentaria y el excesivo gasto corriente y en los ofensivos pagos  a una burocracia abigarrada e ineficiente mientras cuarenta y tres millones se debaten en la pobreza.

 

Sumemos esfuerzos para extirpar la llaga purulenta de la corrupción enquistada en los pliegues de esa añeja y obtusa ortodoxia dogmática anquilosante  desde la cual  vasallos al servicio de las elites se empecinan en repetir  las mismas políticas fracasadas.

Cito de memoria por último a Don Gabriel Zaid que dice «No es fácil poner orden en México cuando las autoridades y las fuerzas del orden están al servicio del desorden» con lo cual coincido pero  yo agregaría  que no es  imposible si la población sale de su marasmo, de su conformismo, de su hartazgo exigiendo y sobre todo fiscalizando y proponiendo esos cambios que no quisieron hacer ni Fox ni Calderón heredándole un cochinero al Lic. Enrique Peña Nieto.

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