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Juan Pablo de Leo

Donald Trump lo volvió a hacer. Como se planteaba en este espacio hace una semana, el presidente de Estados Unidos aprovechó el foro de la primera reunión con su homólogo mexicano, Enrique Peña Nieto, para adueñarse del mensaje y enviar la señal a su electorado de seguir con intención de cumplir con su promesa de campaña. Con un comportamiento rudo y burdo, con aires de superioridad en su lenguaje corporal, Trump mostró su desdén por todo orden diplomático y a pregunta expresa de una reportera de ABC que gritó, en un contexto informal, que no permitía preguntas y respuestas, respondió que México “absolutamente” pagará por el muro. La respuesta emitida al aire, misma que el canciller Videgaray dijo no haber escuchado, se adueñó de los titulares en la prensa mexicana y la prensa internacional.

Los acuerdos laborales y agrícolas que se han tenido como premisa a la entrada de la renegociación del Tratado de Libre Comercio, fueron opacados por una sola palabra: “absolutamente”. Bajo esa premisa, por más irrelevante que haya podido ser, se dio la primera reunión entre Trump y Peña Nieto. Una anécdota nada agradable, por decir lo menos. Una reunión de la que se esperaba poco y de la que se empujaron bajas expectativas por parte de la misma delegación mexicana, pero de la que al menos esperaban no salir traicionados y con una jugada como la que finalmente realizó Trump.

El desdén con Peña Nieto no fue el único que tuvo durante su estancia en el marco de la reunión del G20 en Hamburgo. Su posición conveniente de aislacionismo dio paso a la renuncia de Estados Unidos a un liderazgo internacional. Haber dejado a Ivanka, su hija, en una asiento durante una sesión del G20 con los demás mandatarios, más allá de haber entrado dentro de lo permitido, mostró el desprecio del presidente por los demás y sus temas, así como a su gabinete, que aunque es necesaria su presencia en todo momento en las reuniones, y más con un personaje como Trump, hay subsecretarios que pueden y deben atender las ausencias, mas no la hija, empresaria, de un empresario presidente que tiene nulo interés en el concierto internacional como quedó sustentado en la declaración final de la reunión más importante del año de las potencias mundiales. Parte del trabajo de los secretarios en el gabinete de la Casa Blanca es corregir la plana a todo lo que Trump dice fuera de discurso.

Cuando se mantiene en el papel puede reafirmar su compromiso con la alianza de las naciones occidentales, como lo hizo durante su reciente visita a Polonia o, por otra parte, cuando se sale del papel puede reafirmar que pretende que México pague por el muro.

Justificación. Una fracción del electorado de Trump, al noreste de Estados Unidos, sufre de una epidemia de salud relacionado con el consumo de drogas.

En ese juego, el secretario de Seguridad Nacional, John Kelly, visitó México en un tono conciliatorio previo a la reunión de Trump con Peña Nieto en Hamburgo. Con la idea de buscar acuerdos en territorios comunes de la lucha contra el narcotráfico y las drogas, Kelly habló de la valiosa colaboración entre Estados Unidos y México, relación que trasciende las declaraciones sensacionalistas.

Parte del mensaje populista de Trump se justifica en su nexo con México, pues una fracción de su base electoral del noreste de Estados Unidos sufre de una epidemia que debilita al sistema de salud, pero cuyo costo va hacia el sentido social y el daño que los opioides  generan en su población. La heroína se ha convertido en un problema: 55 mil millones de dólares al año el daño en el sistema de salud y 78 muertes al día relacionadas con sobredosis por heroína en 2014. Tres años después, esas cifras van en aumento, según el Departamento de Salud estadunidense.

Para Trump, cumplir con una promesa de acabar con la crisis es una necesidad para jugar en la reelección. El tráfico y la producción de heroína en México es un problema que entiende la Casa Blanca que debe trabajar en conjunto y de ahí la visita de Kelly. El general Kelly sobrevoló los campos de amapola en Guerrero con los secretarios de Marina, Vidal Francisco Soberón, y de la Defensa, Salvador Cienfuegos. El mensaje de colaboración fue claro como lo fue el de la guerra frontal contra esa droga en específico, pues es una promesa clara de campaña que Trump quiere atender.

La publicidad del evento aéreo marcó una dirección de la que se puede esperar al corto y mediano plazo en la colaboración de ambos países que es defendido por algunos en la clase política mexicana como una posibilidad de ingresos para los estados en necesidad como Guerrero, y los beneficios económicos que puede traer. El abuso en Estados Unidos, por su parte, viene del narcotráfico y los plantíos ilegales guerrerenses, como también de las medicinas opioides que recetan los médicos y que tienen a una nación enganchada con sus efectos. Trump envió a su comitiva de seguridad para entender cuáles son sus herramientas para renegociar el Tratado de Libre Comercio. La amenaza de levantarse de la mesa está, y con la reciente reunión entre Peña y Trump, también la descordialidad provocada por el muro. México ha sido claro: la seguridad es un elemento esencial para tomar en cuenta cuando de renegociación se trata, pues es su carta fuerte y Trump lo sabe. A medida en que Trump necesite resolver la crisis del opio para cumplir con su promesa de campaña, el gobierno de México podrá presionar con la colaboración para resolver un problema que tiene en crisis a una región clave para la salud de Estados Unidos y también para la campaña de Trump.

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