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Juan Pablo de Leo

Medios estadounidenses televisivos, impresos y digitales, así como las redes sociales reaccionaron con indignación a la conferencia de prensa que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ofreció junto con el presidente de Rusia, Vladimir Putin, tras la reunión de casi tres horas que sostuvieron durante la Cumbre bilateral de Helsinki, Finlandia.

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En televisión mundial, Trump negó la información proveída por la comunidad de inteligencia estadounidense sobre la, según las pruebas, innegable injerencia de Rusia en las elecciones estadounidenses de 2016, y al mismo tiempo  cambió, en transmisión internacional, la política exterior de Estados Unidos: despedazó a la  Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) discursivamente, rompió los lazos con sus principales aliados, insultó a las mandatarias de Alemania e Inglaterra, Angela Merkel y Theresa May, fue irrespetuoso con los protocolos de la Reina Isabell II y al platicar con Rusia sobre temas de inteligencia, dio a entender un pacto. Mientras eso ocurría, Putin aceptaba ante el mundo de igual manera que siempre quiso a Trump como ganador de las elecciones estadounidenses.

›En lo que ahora se confirma como un mensaje simbólico de sus acciones, Trump realizó paradas previas en Bruselas y Gran Bretaña. Ahí ya son bien conocidos los reportes sobre sus desplantes y acciones. Más allá de lo que haya podido conseguir en cuanto a dinero en el presupuesto de las naciones que aportan a la OTAN en materia militar, como elevar el aporte de España a casi 2% y a 4% para otras naciones de igual participación, Trump dejó más negativos que positivos en una relación con Europa, ya de por sí desgastada por sus atrevimientos diplomáticos y la negativa a continuar en acuerdos como el nuclear iraní y otros  que buscan la estabilidad, prosperidad y crecimiento de las potencias occidentales aliadas desde hace más de 80 años.

Durante meses y a partir de su llegada, Trump se ha dedicado a minar las relaciones históricas de Estados Unidos con sus aliados desde la Segunda Guerra Mundial. Desde los ataques a México, su principal vecino y socio comercial, a la agresividad que ha mantenido con Europa, el amor-odio con China, Japón, Corea del Norte y Asia en general, Trump ha cambiado la balanza del poder mundial producto del reacomodo de las potencias tras las dos grandes guerras. Sin embargo, ninguna acción incluso contra México había marcado de tal forma la agenda exterior de Trump como lo hizo el viaje a Europa y específicamente la reunión con Vladimir Putin en medio de la investigación que se lleva a cabo en Estados Unidos por Robert Mueller por la injerencia electoral rusa.

El comportamiento de Trump durante su viaje de seis días indignó tanto a funcionarios en el extranjero como en su país por la aprobación abierta que tuvo de Putin y su aparente confirmación de que cree que el presidente ruso, un ex funcionario de la KGB, dice la verdad al negar la interferencia de Rusia en las elecciones estadounidenses de 2016 más que la evaluación de su comunidad de inteligencia. El descrédito de los líderes internacionales más importantes de Estados Unidos se sumó a tan extraordinario momento que terminó con la indignación de su propia cadena, Fox News, a lo que recién había ocurrido con el enemigo histórico.

Las acciones de Trump provocaron tal reacción de sus mismos aliados al interior de la política estadounidense que tuvieron que dar un cambio de rumbo en sus declaraciones con un intento de recular, sin recular. Siempre a su manera. Pero el cambio de actitud de la Casa Blanca no fue suficiente para rescatar el prestigio degradado  ante el mundo y sus aliados, competidores y enemigos directos que vieron a un presidente estadounidense completamente entregado a la estrategia, política y agenda del otrora enemigo acérrimo de Estados Unidos que alguna vez apuntó misiles nucleares a su territorio, entre otras tensiones.

Lo ocurrido el lunes bien puede haber creado un entorno en el que puede surgir un nuevo orden mundial en el que Europa se quede sola ante la alianza inquebrantable que mantenía con Estados Unidos. Su dependencia energética de Rusia junto con la inestabilidad social, migratoria, política y económica que se vive en gran parte del territorio mantiene al continente en un punto vulnerable de división y aislamiento estadounidense propio del momento mundial propiciado por gobiernos como el de Rusia con su injerencia en democracias como la inglesa, estadounidense, española y otras.

A pesar de ello, los republicanos en el Congreso y el Senado han dejado pasar otra oportunidad para estar del lado correcto de la historia y de su propio país, según los críticos más acérrimos del mandatario estadounidense. Tan sólo un puñado de voces republicanos expresaron su indignación por lo que dijo Trump en Helsinki. Como se ha convertido en algo habitual, el senador republicano John McCain es la voz de la conciencia republicana, pero está prácticamente solo. Un hombre desahuciado ha sido el único que sistemáticamente se ha enfrentado a las decisiones de Trump, tanto en el legislativo como los medios de comunicación.

Inclinación. Pese a que el Departamento de Justicia acusó a 12 integrantes de inteligencia rusa de intervenir en los comicios de 2016 en EU, Trump aseguró que cree en su homólogo Vladimir Putin.

Las consecuencias del alineamiento de Trump ante Putin llegan a niveles altísimos hasta un partido republicano que ha sido omiso en las misiones de plataforma política que utilizaron para modernizar su partido con presidencias como las de Ronald Reagan y otros que tuvieron un impacto innegable en la formación del nuevo orden mundial durante la Guerra Fría e hicieron frente al comunismo y autoritarismo. Hoy, las dudas están sobre el silencio de los republicanos, las complacencias de Trump con Putin y las posibilidades del porqué del comportamiento de Trump ante los rusos. ¿Amenazas? y ¿chantaje?

Si bien es cierto que Estados Unidos no tiene amigos, sino intereses, los desplantes de la Casa Blanca hacia sus aliados históricos y su comportamiento con Putin representan la mayor crisis de gobierno que haya tenido Trump. Con los medios encima, incluso sus amigos, con Europa desconfiando y Putin obteniendo lo que quiere a través del rompimiento de alianzas, la inestabilidad europea y el aislamiento estadounidense, el mundo entra a terrenos insospechados hasta hace unos lustros cuando la globalización representaba la esperanza en cuanto a cooperación y prosperidad. Hoy la desesperación, la desigualdad y xenofobia han puesto en el asiento del conductor del país mas poderoso del mundo a un hombre que frente al planeta entero cambió de golpe la política exterior de un país con una nación con la que hasta hace unos años, se apuntaba con armas nucleares.

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