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Mario Luis Fuentes

Se discute en estos días el proyecto de presupuesto de egresos de la Federación para el ejercicio fiscal 2021, y como ha ocurrido en las últimas tres décadas, no hay un bloque de legisladoras o legisladores que hagan suya la agenda de la infancia, y que defiendan hasta sus últimas consecuencias la responsabilidad del Estado de garantizar el principio del interés superior de la niñez y, con ello, destinar el máximo de los recursos disponibles para la plena y adecuada garantía de sus derechos.

El tema es pertinente, sobre todo ante el horror del asesinato de los dos niños secuestrados y luego asesinados  y descuartizados en una vecindad en el corazón de la Ciudad de México. 

Ocurrió a unas cuantas calles del Palacio Nacional, donde ahora vive y despacha el jefe del Estado de México; detalle nada trivial porque se trata de una de las peores manifestaciones de violencia que pueden darse en cualquier sociedad.

Todos los días se leen titulares en los medios de comunicación nacionales y locales, relativos a niñas y niños que son asesinados, que son violentados, abandonados en la vía pública, victimizados en las tenebrosas redes de explotación sexual comercial y trata de personas con otros fines, y un sinnúmero de eventos todos ellos condenables.

870 mil hogares había en el país hasta 2018, donde alguna niña o niño come sólo una vez al día o deja de comer todo el día debido a la falta de recursos económicos

La crisis económica ha tenido efectos devastadores en millones de familias, lo que les está llevando a tener un mayor número de perceptores de ingresos; lo que significa llanamente que el trabajo infantil se incrementará significativamente en estos meses, y que habrá mucho más niñas, niños y adolescentes que abandonen la escuela debido a la falta de recursos en sus hogares.

De igual manera, se tiene ya registro de una drástica reducción en los niveles de vacunación en lo que respecta al llamado “cuadro básico”, lo que le había permitido a México erradicar algunos padecimientos,  y mantener controlados otros que, como el sarampión, amenazan con convertirse una vez más en un problema severo de salud pública.

Hasta el 2018, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), había en el país al menos 870 mil hogares donde alguna niña o niño come sólo una vez al día o deja de comer todo el día debido a la falta de recursos económicos, y eso ocurría en una economía con un crecimiento mediocre de 2% anual y una brutal tendencia a la concentración de la riqueza en unas cuantas manos.

Más de la mitad de niñas y niños no tienen acceso a una computadora con internet en casa en nuestro país; y aun antes de la pandemia, se tenía el dato relativo a que alrededor de 3 millones de menores de 17 años no acudían a la escuela; y esto sin considerar la muy baja cobertura en preescolar, y cuya cifra de niñas y niños no  atendidos debe añadirse a la de quienes tienen entre 5 y 17 años y que no tienen acceso a su derecho a recibir una educación oportuna, pertinente y de calidad.

Yahír, y Héctor son sólo los últimos dos nombres de niños que son víctimas de la crueldad, y del abandono del Estado. Pero lo más vergonzante para nuestro país es que los casos se cuentan por decenas a diario.

El sufrimiento de las familias de niñas y niños con cáncer, quienes no han tenido acceso oportuno ni suficiente a sus medicamentos ha sido una constante en los últimos dos años; aunque no son los únicos, pues cada vez son más las  quejas   y la exigencia de la reactivación de servicios para otros padecimientos de las niñas y niños, quienes han visto suspendidos sus tratamientos o procesos de rehabilitación durante la pandemia.

Yahír, y Héctor son sólo los últimos dos nombres de niños que son víctimas de la crueldad, y del abandono del Estado. Pero lo más vergonzante para nuestro país es que los casos se cuentan por decenas a diario. 

Sólo entre 2018 y 2019, los datos de Inegi permiten sostener que hay un promedio escalofriante de al menos cuatro niñas y niños asesinados en todo el territorio nacional.

Somos un país que está dejando morir a miles de niñas y niños, y de las formas más crueles e impensables. Eso debe parar ya. Por eso el Congreso está obligado a hacer un alto en la discusión sobre el presupuesto y dejar de considerar que lo prioritario está en otra parte, que los temas relativos a la niñez pueden esperar y que ya llegará el momento para invertir lo suficiente.

Lo que debe comprenderse es que el momento de la niñez es ahora; y que de no comprenderlo, continuaremos siendo un país incapaz de proteger a quienes más importan, porque son quienes más nos necesitan. 

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