Oscar Moha

Como un acto de desobediencia civil, contraviniendo recomendaciones de la policía, el Ejército y la Guardia Nacional, nacieron las Brigadas de Búsqueda de Personas Desaparecidas, en su mayoría mujeres valientes que buscan a familiares, amigos o vecinos que un día no llegaron a su casa, o que sus conocidos no saben de su paradero desde hace meses, años, lustros… en alguno de los estados del país, principalmente Chihuahua, Guerrero, Veracruz, Chiapas, Morelos, Guanajuato, Tamaulipas, Jalisco, Estado de México y Sinaloa.

En ocasiones, estos grupos de buscadores reciben la ayuda de organismos en defensa de los derechos humanos, grupos de activistas, Iglesias de varias denominaciones y en muy reducidas veces el apoyo gubernamental. Desde 1960, a la fecha, hay más de 61 mil 600 personas desaparecidas en México, de las que se han localizado a casi 5 mil 200 sin vida. En su mayoría, más del 95% las personas que no han sido localizadas, se volvieron humo a partir del sexenio de Felipe Calderón Hinojosa. Se cree que bandas de narcotraficantes, tratantes de personas o de secuestradores los han asesinado y ocultaron los cadáveres.

La Comisión Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas ha indicado que desde 2006 a la fecha se han localizado más de 4 mil fosas clandestinas en las que encontraron casi 5 mil cuerpos en Zacatecas, Tamaulipas, Guerrero, Jalisco, Chihuahua y Sinaloa, que son las entidades donde más cementerios clandestinos se hallaron. En el actual sexenio han sido reportadas casi 10 mil personas cuyo paradero se desconoce. El 74% hombres y el resto mujeres, en su mayoría de entre 15 y 35 años de edad, aunque según datos de organismos de la sociedad civil, estos datos, así como de las personas que han sido localizadas, no llevan consigo una metodología para que sean del todo certeros.

El asunto es que algunas comunidades religiosas, como la Iglesia Católica principalmente, han ayudado a los colectivos y al Gobierno Federal no tanto a la localización de personas, sino a apoyar a las víctimas, proporcionándoles alimentos y hospedaje para continuar el rastreo de sus seres queridos en zonas rurales y dando a conocer a los feligreses el trabajo que desarrollan por si alguno está interesado en apoyarlos de manera económica, o bien sumándose al colectivo.

Según el Informe de Actividades 2020 de la Unidad de Asuntos Religiosos de la Secretaría de Gobernación, en Veracruz la Diócesis de Papantla, las Iglesias Metodista, la Anglicana y Asambleas de Dios escucharon la labor que desempeña la V Brigada Nacional de Búsqueda.

La Red de Enlaces Nacionales, que agrupa a organizaciones de búsqueda, agrega que en Guerrero se sumaron otras Iglesias como los quáqueros, la Iglesia del Pacto y la Presbiteriana.

Sin embargo, los líderes evangélicos se han abstenido de apoyar de manera institucional esta labor, a pesar de la insistencia de las autoridades y de los Gobiernos Estatales para que se sumen no sólo al auxilio moral y espiritual.

A pesar de que varias familias de congregaciones cristianas están en búsqueda de jóvenes y adultos que desaparecieron de un momento a otro, los líderes de las Iglesias Evangélicas -que suman más de 70 mil en el país- siguen al margen del apoyo que pueden brindar, máxime en las entidades donde las desapariciones son cotidianas y es donde abundan los templos cristianos, pero donde también la solidaridad y el interés en encontrar a las víctimas no es tan visible.

El caso en Coatzacoalcos de “Maricruz”, quien lleva poco más de un año buscando a su hija “Perla”, de 17 años, es casi un patrón que se repite en muchas partes del país: en agosto del 2019, luego del asesinato de 32 personas en el bar “Caballo Blanco”, “Perla” regresaba de la escuela cuando fue “levantada” por al menos cuatro personas que la subieron a una camioneta negra. Según sus amigas, “Perla” les habría comentado que conocía a algunos de los que prendieron fuego a ese establecimiento. Ella, junto con sus hermanos y su mamá, quien laboraba en el gobierno municipal, asistían a un Centro Familiar Cristiano, donde pidieron el apoyo del pastor y los líderes, pero les fue negado.

En Sinaloa, “Pedro” busca a su hija “Leo” de 22 años de edad. Ella trabajaba en una tienda de abarrotes. Salió el 13 de abril del 2016 rumbo a casa de una tía y nunca regresó. Su papá, sus hermanos y otros vecinos han aportado todos los datos a la policía, pero no hay resultados. También pidieron ayuda al pastor de su Iglesia, quien se limitó a orar por ellos. “No puedo hacer más”, les dijo.

PALABRA DE HONOR: Según estadísticas que publican portales de noticias, las conferencias de prensa del presidente López Obrador tienen un rating cinco veces más grandes en redes sociales que en los propios canales oficiales del Gobierno. Por algo advierte el Jefe de la 4T que no está de acuerdo con la censura que las plataformas sociales de la web han impuesto a Donald Trump, a pesar de la violencia que -según los dueños- causa por alentarla de manera velada o por no condenarla. Es un acto reflejo de autoprotección, dirían los psicólogos.

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