Oscar Moha

Suman 16 periodistas mexicanos asesinados en lo que va de la actual 4T.

Reportear, opinar, grabar y cubrir información se ha vuelto actividad de alto riesgo aquí y ahora. No es que el Gobierno esté asesinando comunicadores, pero con la impunidad con que se cometen los delitos en contra de la prensa el mensaje es: no habrá sanciones contra quien divulgue información u opiniones que aporten datos para que la ley intervenga a favor del interés social. Los “pasquines inmundos” no se escriben solos, hay profesionales del periodismo en cada área y en cada empresa.

El Presidente de la República estaba calificando a los medios que publican notas en contra de funcionarios de la actual administración el pasado lunes en su conferencia de prensa, cuando casi a la misma hora fallecía víctima de varios balazos el reportero Israel Vázquez Rangel en Salamanca, Guanajuato, después de que narraba para su portal el hallazgo de restos humanos en la vía pública. En esa misma entidad sigue desaparecido desde el 1 de noviembre el periodista Víctor Manuel Jiménez. Familiares y amigos temen por su vida.

Arturo Alba Medina, quien conducía un espacio televisivo en Ciudad Juárez, Chihuahua, fue acribillado de 11 balazos el 29 de octubre pasado. Era miembro de la Iglesia Nacional Presbiteriana y tenía 49 años de edad Sepultado, fue sepultado entre himnos y oraciones. Quienes le conocían comentan que tenía datos sobre los vínculos de corrupción que hay entre corporaciones policiacas de la entidad y miembros del crimen organizado, allá donde han fallecido una veintena de comunicadores en las últimas dos décadas y sólo se han esclarecido 4 casos.

Al conmemorar el 2 de noviembre el “Día Internacional para Poner fin a la Impunidad de los Crímenes contra Periodistas” la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) condenó los asesinatos contra comunicadores mexicanos. Dijo que nuestro país fue durante 2019 donde más periodistas asesinados hubo en el mundo, por encima de Siria y Paquistán. Jorge Canahuati Larach, Presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa señala que en México “la libertad de expresión está en cuidados intensivos…”.

Dos reporteros y una comunicadora -miembros de Iglesias Cristianas Evangélicas- han dejado se tarea reporteril pues fueron amenazados por integrantes de diversas mafias: “Armando”, cuyas notas publicaban medios impresos, fue secuestrado un martes de junio de hace dos años. Sus captores lo retuvieron en un departamento presuntamente en el Municipio de Lerma, Estado de México. Lo amenazaron por intentar publicar que policías mexiquenses tenían nexos con narcotraficantes. Tenía nombres y datos que involucraban a funcionarios de Seguridad Pública. Después de las amenazas dejó de reportear y se dedicó a dar cursos. “En este país nadie ofrece garantías y mejor me retiro”, comentó.

A finales del año pasado “Amparo”, reportera evangélica de una cadena radial en Chihuahua me dijo que investigaba a bandas de tratantes de mujeres que operan en la frontera. Grabó testimonios de menores de edad que habían logrado escapar de sus secuestradores e interpusieron denuncias en El Paso, Estados Unidos. Cuando supo los nombres de quienes encabezaban a los tratantes decidió retirarse de la profesión y hoy es ama de casa. “Me dio mucho miedo porque tengo dos hijos que me aman… Dejé todo en manos de Dios y de algunos editores que no han querido publicar los datos a pesar de las pruebas que aporté”, señala.

Finalmente, “Héctor”, copastor de una Iglesia Protestante en Puebla, decidió renunciar a su plaza en un medio impreso luego de que obtuvo información clasificada de una banda de secuestradores que tienen propiedades en Tlaxcala, Morelos y Veracruz. En su medio le exigieron presentar nombres y documentos probatorios, pero al mismo tiempo le advirtieron que las represalias debía afrontarlas personalmente y no a nombre de la empresa. Había nombres de funcionarios policiacos y un par de alcaldes en varias entidades que encubrían o que no habrían querido hablar sobre los secuestros. “Hoy me dedico a proclamar la verdad (desde el púlpito) y sé que esto también trae consecuencias, pero arriesgar mi vida… por otros intereses no lo volveré a hacer”, concluye.

PALABRA DE HONOR: Luego de las intensas lluvias en el sureste del país, unas 27 Iglesias de distintas denominaciones cristianas evangélicas ayudan a los damnificados en Tabasco, Chiapas, Quintana Roo y Veracruz habilitando sus instalaciones para albergar a personas de la tercer edad y niños principalmente. Sirven comidas, reparten ropa, acopian juguetes, alimentos y agua potable para aminorar la tragedia que sufren miles de familias sin apoyo gubernamental.

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