Oscar Moha

Los grupos ultraderechistas evangélicos a favor del candidato Donald Trump pensaron que descalificando a su rival político Joe Biden mediante una campaña paralela que infundiera el miedo nacional por la serie de actos que se derivarían de su triunfo y que harían de Estados Unidos un país “comunista”, “libertino”, “lleno de familias desintegradas” y con una “moral anticristiana” no dieron resultado. O no fue tan impactante como esperaban.

Los grandes corporativos religiosos cristianos sugirieron a pastores de otros países que tuvieran colegas en Estados Unidos con capacidad para votar que el actual Presidente Trump era la mejor elección para continuar con la “política bíblica” que ha llevado a “cristianizar” la Unión Americana desde hace cuatro años. El miedo jugó un papel importante. Fue una de las armas de telepredicadores que no dejaron pasar oportunidad para proyectar en sus espacios fotos y videos donde se ve al Presidente orando con pastores en la Casa Blanca.

Franklin Graham, hijo del famoso Billy Graham, pastor de muchos ex presidentes de Estados Unidos, advirtió que si ganaba Biden, habría un “ataque contra las empresas cristianas”, similar a la que tuvieron en la época de Barack Obama, cuando la libertad religiosa «se vio muy vulnerable», dijo el predicador. Hizo creer a sus seguidores que el eventual triunfo de un gobierno demócrata obligaría a los empresarios a desobedecer las leyes divinas, violando derechos civiles, obligándolos a seguir leyes que son contrarias a La Biblia, como abortar legalmente, permitir matrimonios entre personas del mismo sexo y usar drogas de manera lícita.

La campaña de miedo dio, entre otros resultados, un efecto contrario: Biden fue el candidato más votado en la historia del país del norte. Ha sido la elección más reñida (casi 157 millones de sufragios), ya que las descalificaciones que se lanzaron desde varios púlpitos hicieron que los electores que no practican ninguna religión, o que son evangélicos con un nivel de preparación académica más allá de la educación elemental emitieran su voto incluso por correo, según datos de instituciones como Election Projet y medios como The New York Times y Washington Post.

Líderes cristianos y Ministros de Culto cristianos entre otros Paula White, asesora espiritual de la Casa Blanca, “declaraban”, “reclamaban” y “ataban” la victoria espiritual y política de Donald Trump en un culto religioso transmitido por cadenas de televisión apenas unas horas antes de que terminara el conteo de votos. Para ellos y millones de sus seguidores, “Dios le ha dado la victoria en el cielo y en la tierra a Trump”. Erigiéndose voceros y representantes de todas las Iglesias Evangélicas en EU, hicieron creer que por instrucciones divinas, la reelección estaba asegurada.

Otro de los resultados de la campaña de los republicanos religiosos ha sido el número de escaños que lograron demócratas de la comunidad LGBT: Sarah McBride será la primera mujer transexual en llegar al Senado por el Estado de Delaware; Danica Roem, también transgénero, será nueva legisladora por el Estado de Virginia, al igual que en Minneapolis obtuvo el triunfo mediante el voto Andrea Jenkins quien ganó el Consejo Municipal de esa entidad, entre otros integrantes de la comunidad lésbico gay y transexual que ganaron en las votaciones contra sus oponentes republicanos.

Al triunfo de Trump, Iglesias Evangélicas en México, y en otros países de habla hispana en América Latina estarían esperando algunos “beneficios” como el envío de recursos económicos y en especie para sus congregaciones, pero lo más importante: los recursos económicos necesarios para seguir conformando un grupo que pueda continuar la lucha a favor de la moral que pretenden imponer en todo el mundo: libre de abortos y de preferencias sexuales, donde reine sólo la interpretación bíblica que ellos y ellas han recibido por revelación divina.

PALABRA DE HONOR: Rosa Icela Rodríguez, quien será la próxima Secretaria de Seguridad y Protección Ciudadana se ha reunido en varias ocasiones con Ministros de Culto evangélicos, a lo largo de sus distintas funciones en el sector gubernamental. Sabe de la tarea social que realizan en cada una de las entidades del país, por lo que no descarta reuniones con ellos para compartir tareas de prevención, readaptación y contención de delitos en este México donde abundan los malos hábitos.

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