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Brenda Mireles

Todos saben que existen y han lidiado con uno de ellos al menos una vez, porque buscan descalificar a los adversarios en las discusiones digitales. Son una realidad que no se puede negar en redes sociales, incluso en llamadas telefónicas. Pero ningún candidato o funcionario admite utilizar esta herramienta, aunque son pocos los que se animan a decir abiertamente que su trabajo consiste en ser bot o “cuentas marionetas”.

Las ofertas de trabajo llegan disfrazadas bajo cargos como “Community manager” o “Analista digital”, y el perfil a buscar varía: mercadólogos, comunicólogos e incluso diseñadores. El único requisito es conocer lo básico en redes sociales; también son bienvenidos quienes tengan ingenio al escribir y disponibilidad de tiempo.

Sólo eso se necesitaba, así que E, periodista y social media manager —una persona real de quien se resguarda su identidad por su trabajo actual— que por recomendación de un conocido entró a trabajar como bot, en apogeo de las campañas electorales de 2018, en una agencia de publicidad con distintas oficinas, una de ellas, temporal, en Paseo de la Reforma (cuyo nombre se mantendrá en reserva porque sigue en funciones).

Rápidamente fue contratado. Su trabajo consistía en publicar posteos “orgánicos” sobre las actividades de Daniela de los Santos, entonces candidata a la presidencia municipal de Morelia.

El caso de E es demasiado común. A partir de 2013, la esfera política descubrió lo fácil que es imponer una percepción a su favor en internet. El auge de las redes sociales significó una oportunidad de oro: a través de una sola cuenta, cualquier persona puede hacer llegar el mensaje proselitista a miles de personas, y si se multiplican los perfiles, mejor. 

Datos de la agencia de análisis digital Metrics estiman que durante el periodo electoral de 2018, las cuentas bot lograron posicionar 30 tendencias a favor de determinados candidatos o partidos políticos. En ese periodo, la conversación digital fue dominada por la opinión pública, convirtiéndose esta en una mina de oro al ser fácilmente manipulable, y el sector que más tendencias posicionó fue el de los medios nacionales.

La capacidad de influir

Desde hace unos cinco años, el trabajo de bot se ha visto enriquecido con más herramientas y apps. El equipo al que entró E constaba de casi 12 personas, algunas con tres o cuatro clientes como Felipe de Jesús Cantú, quien buscaba la presidencia municipal de Monterrey, Nuevo León o Víctor Hugo Romo, aspirante a la alcaldía de Miguel Hidalgo en la Ciudad de México. Cada uno de ellos contaba con al menos 10 perfiles en distintas redes sociales.

Facebook, Twitter e Instagram eran los preferidos. A diferencia de otras granjas de bots, esta agencia de publicidad no creaba perfiles personales: la mayoría de los candidatos que contrataron su servicio en 2018 aumentaban su alcance con páginas de distintas comunidades. Así, disfrazadas de grupos de paternidad, cuidado de mascotas, mejoramiento de alguna colonia o memes, se colaban al inicio unas 10 publicaciones al día favorables al candidato o de golpeteo contra sus adversarios, distribuidas entre otras publicaciones afines a cada tema para disimular el proselitismo. Conforme se fue acercando el día de las elecciones, el número de posteos políticos fue aumentando hasta el momento que era lo único que se publicaba. Todo valía: publicaciones noticiosas, videos, memes y hasta burlas o descalificaciones directas. Por supuesto, no se dejaba de lado el apoyo en los perfiles de cada candidato.

En la actualidad, aunque los bots se encuentran en todas las redes sociales, Twitter es la plataforma favorita, ya que permite posicionar temas que terminan colándose en la discusión pública, y que pueden influir en la decisión del voto. Esto lo detalla Carlos Adolfo Piña García, coordinador del Laboratorio para el Análisis de Información Generada a través de las Redes Sociales en Internet (LARSI). A diferencia de Facebook, Instagram e incluso TikTok, que sólo permiten saber la popularidad del contenido con likes, la red de microblogging se coloca como una herramienta fácil y útil para la propaganda política.

Un trabajo ingrato

Son muchas las ocasiones en que trabajar como bot se queda como una mancha, incluso años después de haberlo desempeñado. Se trata de una labor que nadie hace por gusto, como P, quien aceptó el trabajo de diciembre de 2019 a abril 2020 tras la sugerencia de un conocido, en medio de una crisis ocasionada por la cuesta de enero, la falta de oportunidades y una pareja e hijo que dependían de sus ingresos. 

P se dedicaba a lo que se conoce como “maquila de tuits”, y tenía que publicar al menos tres tuits por minuto defendiendo las acciones del gobierno y neutralizando las opiniones negativas que llegaban a convertirse en tendencia. “Éramos 10 personas, pero cada uno tenía más de 50 cuentas a su cargo, y teníamos que hacer más de 100 comentarios y posteos cada día”, platica P a ejecentral.

La importancia del impacto que tiene un bot y las horas que dedica en ello, no se ve reflejada en su sueldo. Por ejemplo, en la agencia de publicidad de Paseo de la Reforma, no superaba los 10 mil pesos por mes, una paga que podría considerarse “alta” en el mundo de los bots, que ronda ocho mil pesos. 

Al ser un trabajo “sucio”, son pocos los recursos que puede asignársele, pues entre mayor monto se destine, más difícil es para los políticos justificar ese gasto. El pago es casi siempre en efectivo y lo usual es que no haya prestaciones de ley.

Este límite se extiende en lo que se le puede ofrecer al trabajador. El caso de E es excepcional: la agencia contrató un espacio en un coworking de Reforma, y aunque sus compañeros trabajaban en la misma oficina con equipos casi obsoletos, gozaban de amenidades que ofrece el servicio, como desayunos y actividades recreativas ocasionales. Pero lo más común es habilitar espacios sencillos y equipo básico.

A la precarización se suma la incertidumbre. En campañas políticas se advierte a los trabajadores que se trata de un empleo temporal, aunque se pueden vislumbrar esperanzas de conservarlo en caso de que el candidato gane, una promesa que no siempre se cristaliza. Si se trata de un político en el poder, el trabajo puede continuar de forma indefinida, pero sujeto a eventualidades que pueden interrumpirlo, como le pasó a P, que con el inicio de la pandemia, perdió su fuente de ingresos de un día para otro.

Para tener una idea de este impacto, en estas elecciones Metrics estima que tanto bots como trolls han posicionado 13 tendencias: una cifra 56.7% menor a la registrada en el periodo electoral de 2018. Javier Murillo, CEO de la agencia digital, explicó a ejecentral que esto se debe a los mejores sistemas de detección de cuentas falsas y de actividad artificial en las redes sociales. “Definitivamente ha habido una transformación de la discusión y el posicionamiento de temas en la arena digital”, reconoce.

La pandemia también es un factor que pudo haber ayudado al freno en el trabajo de bots. Desde el inicio de la Jornada de Sana Distancia y a la fecha, la actividad digital en todo México ha aumentado, y ahora todos se involucran más en redes sociales y el acontecer diario digital: civiles, medios de comunicación, líderes de opinión, gobierno y periodistas, entre otros. En contraste con la reducción de las tendencias impuestas por bots, los medios nacionales y los periodistas han aumentado su alcance, ya que los primeros han colocado 83 temas este año a diferencia de los 70 que lograron en 2018. Los periodistas pasaron de siete temas en las elecciones pasadas a 56 en este periodo.

Ser bot también es trabajar sin horario. Aunque se manejan tiempos de oficina, hasta antes de la pandemia una práctica común es otorgarle smartphones a los trabajadores y extender los objetivos del día más allá de las seis o siete de la noche. En ocasiones los empleados terminan usando sus propios equipos personales para seguir con la propaganda desde sus casas. El apoyo económico para tales tareas suele ser escaso o nulo.

El contraataque de los algoritmos

Y aunque las elecciones más grandes en la historia de México puedan hacer pensar que el despliegue de bots será equivalente, lo cierto es que desde 2018 las redes sociales también han afinado sus algoritmos. A raíz de la elección presidencial de Estados Unidos en 2020, tanto Twitter, Facebook e Instagram han implementado sofisticados sistemas de seguridad para detectar cuentas bots y trolls

La toma del Capitolio de Estados Unidos tras las publicaciones en Twitter del entonces presidente Donald Trump fue una alerta para las redes sociales. Tras la instigación para que sus seguidores tomaran acciones y las repetidas afirmaciones sin pruebas de que hubo fraude en la elección, Facebook, Twitter y Youtube se vieron obligados a replantear los contenidos que están permitidos y la forma en que deben comportarse sus usuarios.

A raíz de esto, explica Javier Murillo, toda cuenta nueva pasa por algo parecido a una inspección minuciosa de su actividad por un lapso de dos a tres años. Un comportamiento artificial que incluya muchos retuits y uso o posicionamiento de tendencias mayor a lo habitual es inmediatamente detectado, y la cuenta puede ser suspendida. Esto deja a las cuentas de bots con una vida útil que puede llegar a las 24 horas o menos.

Las alternativas para seguir usando bots se reducen a dos opciones: el uso de cuentas que ya tengan cierta antigüedad (compradas, incluso) o la creación de nuevas cuentas a cada momento. Y para conservar un perfil, Carlos Adolfo Piña explica que pueden evitar las denuncias masivas bloqueando los perfiles con los que no interactúan o los que no son afines a la ideología que buscan. También, una vez posicionada determinada tendencia, se pueden eliminar todas las publicaciones que la inflaron.

Pero orgánico o artificial, e independientemente de la fecha de su creación, ningún perfil está exento de sanciones. Para muestra, la eliminación definitiva de los perfiles de Donald Trump en varias redes sociales por publicar y compartir noticias consideradas falsas y discurso de odio. Así cada vez más, la inteligencia artificial se ha vuelto más severa con el tipo de contenido que se permite, llegando incluso a suspender temporalmente cuentas por el uso inocente de una sola palabra.

Los resultados ya se observan: frente al 12% de la actividad digital que concentraban los bots y trolls en 2018, en la actualidad el aproximado es del 2%, pero esto no es obstáculo para la actividad digital artificial. Con el auge de los influencers y las celebridades de redes sociales se abre otra posibilidad para candidatos, políticos o cualquiera que quiera aumentar su presencia digital. Tal es el caso de Mariana Rodríguez, cuyo esposo, aspirante a la gubernatura de Nuevo León, ha visto su campaña elevarse como la espuma con su colaboración y ha sido tendencia en todo el país en varias ocasiones. 

“A partir de ahora yo me encargo de todo, de todas las cuentas, nos vemos luego. Yo les aviso qué sigue”, fueron las palabras del coordinador principal en el equipo digital de E, en vísperas de aquellas elecciones de 2018. Pero ya no hubo más contacto, únicamente un último encuentro personal con sus subordinados para el pago que quedaba pendiente y una promesa para “organizar unos asuntos y llamarte para que regreses”. A todos los empleados se les dijo lo mismo. 

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