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Marco Antonio Aguilar

En estos últimos dos meses la cotidianidad en el Hospital General de Zona Número 8 de Ensenada, Baja California, se ha vuelto frustrante, a tal punto que la impotencia y el coraje se apoderan de Margarita cuando recuerda todo lo que ha tenido que pasar en el área Covid del nosocomio.

Si uno la observa cuando está de pie, se nota su cuerpo encorvado, vencido por el agotamiento de las largas jornadas. Aunque no sólo es el desgaste por atender a los pacientes y la batalla para que se recuperen, sino porque la otra lucha es mantenerse seguros. 

“Al principio ponían muchas trabas para darnos equipo de protección… Me daba mucho miedo llegar a casa e infectar a mi hija”, recuerda.

Maggi, como todos la conocen en el hospital, es enfermera, tiene 29 años y una pequeña de cuatro años. Su esposo comparte la misma profesión. Ambos cubren área Covid, por lo que decidieron llevar a su hija con sus abuelos para evitar contagiarla. Desde entonces no la han visto y ya han pasado dos meses; son 60 días que no la abrazan y la extrañan mucho, pero el sacrificio es necesario, se lo repiten todo el tiempo, y para no dudarlo recuerdan a David, uno de sus pacientes que mucho le impactó.

Lo recuerda Margarita como su “pacientito”, con cariño. David “ocupaba ventilación mecánica, pero ya no había ventilador disponible, él pedía que lo ayudaran porque no podía respirar. Se dejó morir porque no hubo ventilador. Sufrió mucho”.

“No hubo cómo ayudarlo, ocupaba ventilador y no había, todos estaban ocupados por otros pacientes”, repite, mientras su rostro refleja un gesto apretado, dolido. Luego, las lágrimas salen de sus ojos que ya de por sí lucían cansados.

Margarita, con un aire de desánimo en cada una de sus palabras, asume que eso ha de estar pasando en todos los hospitales, pues los enfermos superan los equipos con los que se cuentan. 

Baja California es la tercera entidad con más casos positivos del país. Sumaban tres mil 900 hasta este viernes, y entonces 666 personas habían perdido la vida. Sólo en el municipio donde trabaja esta joven enfermera, hay 184 casos registrados y los números oficiales cuentan que 31 personas murieron. 

Margarita y su esposo tienen miedo de contagiarse, porque saben que en su tierra no ha pasado lo peor. Pero han encontrado un camino para sacar tantas emociones que se agolpan en el cuerpo y que aprietan el alma: vencer el virus, lograr que los pacientes se recuperen, y ya llevan varios casos. En eso están. 

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