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Al destino del gobernador de Guerrero, Ángel Heladio Aguirre, en medio de una crisis interminable en su estado, está atada una parte de la suerte de quien más lo impulsó dentro del PRD para que llegara al cargo, Marcelo Ebrard, en ese entonces jefe de gobierno del Distrito Federal. Acapulco se convirtió en el remanso de Ebrard cuando dejó el gobierno y necesitaba cobertura política, que siempre le dio Aguirre. Mala fortuna ha tenido con Marcelo con los gobernadores que lo cobijan. Aguirre no es el primero al que se le cierran posibilidades. Previamente fue Rafael Moreno Valle, de Puebla, con quien estaba armando una interesante alianza electoral para 2015 y 2018.

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