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María Idalia Gómez, Luis León, Jonathan Nácar y Óscar Santillán

Comenzaba 2001 y las oficinas del gobierno de la Ciudad de México eran un hervidero de cambios y rumores. No sólo por los funcionarios que se iban incorporando al nuevo gobierno, sino porque en poco tiempo comenzaron los ajustes al gasto de cada una de las oficinas. No más asesores y secretarias en exceso, tampoco comidas a cuenta del erario ni choferes o guaruras para todos, y entonces, cada día, la expectativa era qué otra medida se implementaría, quién más era reubicado o despedido.

No había malestar, más bien a los burócratas los habían tomado por sorpresa y entre los pasillos había una especie de pasmo e incredulidad. Pronto esa sensación se extendió, como los naipes que caen uno a uno, a los ciudadanos.

Los recibos de predial de las zonas más caras de la ciudad comenzaron a llegar a precios nunca antes vistos, 20 mil o hasta 50 mil pesos. Propietarios de mansiones del Pedregal, Las Lomas o Polanco comenzaron a quejarse. Algunos personajes con influencias políticas se apersonaron en el gobierno capitalino y pidieron audiencia con el responsable. Tras la puerta de la oficina de la Secretaría de Finanzas aparecía un hombre de mediana estatura, cabello corto entrecano, con amplias entradas, lentes y un bigote que acentuaba su sonrisa.

De camisa y chaleco, muy amablemente educado atendía a cada persona que le consultaba. Pocos lo conocían, casi toda su carrera la había hecho en las mejores aulas de México y Estados Unidos, y se tenía que presentar cada vez: “soy Carlos Manuel Urzúa Macías”. La consulta, ¿por qué el incremento del impuesto predial?. Para responder llamaba a su equipo y pedía que les detallaran los cambios: se había dado una reclasificación con base en la propia ley, tomando en cuenta la ubicación, los metros cuadrados y metros construidos.

Entonces, Urzúa llegó a intervenir, al menos así ocurrió en varios casos, para decir: “todos parejo” (refiriéndose a aplicar la ley). La respuesta de esos políticos o empresarios era, la más común, ¿seguro que todos parejo?, y el secretario afirmaba. Ya no había más discusión.

Muchos contribuyentes pagaban un impuesto predial sobre la base de un valor catastral muy bajo, que equivalía al 6% del valor comercial. Pero no era en todos los casos. Habían encontrado propiedades de valor altísimo, millones de pesos, que pagaban un impuesto muy bajo, la única explicación, era la corrupción. Sólo ese cambio provocó que el cobro del predial pasara de nueve mil millones de pesos a más de 10 mil millones de pesos en el primer año de gestión financiera de Urzúa Macías. La recaudación más alta en 14 años.

Así, la Secretaría de Finanzas era entonces el centro de operaciones del cambio que Andrés Manuel López Obrador había prometido en su campaña, y lo comandaba Carlos Urzúa, un especialista en matemáticas y economía, creyente de que la rectoría del Estado es esencial para detonar el desarrollo incentivando la inversión privada regulada.

Desde entonces se convirtió en lo que algunos identifican como una especie de señalero aeroportuario de las ideas de Andrés Manuel López Obrador.

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Es quien las aterriza, les da forma y las hace realidad. Así lo describen amigos, exalumnos, compañeros de trabajo y de partido, que ejecentral entrevistó.

URZÚA HA GANADO PREMIOS DE POESÍA: UNO EN ITALIA Y EN 2003, EL PREMIO NACIONAL DE POESÍA DE TINTANUEVA, CON SU POEMARIO RECUERDAN LOS MUERTOS, EDITORIAL QUE DESPUÉS APOYÓ.

La huella de un maestro

Esa mañana de 1989 daba la espalda a la clase. Había concentrado cada músculo escribiendo en el pizarrón. Números y letras brotaban de su mano que giraba junto con el gis blanco y daban sentido a una fórmula matemática que quería demostrar a sus alumnos. El salón estaba en silencio total, sin perder detalle. Fueron minutos intensos y no dejó de escribir y hablar palabras entrecortadas hasta que concluyó. Quedó exhausto y emocionado. Soltó el gis, volteó a la clase, sonrió satisfecho. En realidad todos se sentían exhaustos. Ese era su sello, cada clase tenía una carga enorme de pasión.

Para 1975 Carlos Urzúa terminaba la licenciatura en Matemáticas en el Tecnológico de Monterrey del estado de México, y de inmediato hizo dos cosas, convertirse en profesor e inscribirse en la maestría en el Cinestav. Y en 1986 ya tenía la especialidad en Economía por la Universidad de Wisconsin, y era profesor asistente en el Departamento de Economía de la Universidad de Georgetown, y lo sería también en la Escuela Woodrow Wilson de la Universidad de Princeton

En 1989 regresaba a nuestro país como profesor del Departamento de Economía del Colegio de México y debía dar la clase de Microeconomía. Conoció a su grupo, para entonces algo numeroso, unos 40 alumnos, que entonces cursaban un propedéutico para poder ingresar. Poco antes de finalizar ese curso previo, la mitad de los estudiantes matriculados recibió la noticia que no podrían continuar porque el Conacyt había reducido las becas.

Al enterarse Urzúa, aún sin ser el responsable del área administrativa, estaba genuinamente agobiado e hizo todo lo que estuvo a su alcance para lograr que el grupo completo continuara, pero no lo consiguió, y eso le dolió y hasta angustió durante varios meses. El verle y confirmar ese grado de compromiso le ganó la lealtad y el cariño de sus alumnos.

En 1991 organizó una reunión internacional de la Sociedad Econométrica, en donde confluyen los estadísticos de la ciencia económica que pueden hacer proyecciones y estudios financieros para el desarrollo. Convocó a un foro con los más importantes pensadores de la época. Fue de tal nivel que el entonces presidente Carlos Salinas organizó una reunión a la que asistieron los entonces secretarios Jaime Serra Puche y Ernesto Zedillo.

Pero para Urzúa no fue importante el protagonismo político, ni los personajes del gobierno que se habían sumado, sino el conocimiento que el foro había representado y la construcción de un espacio de crecimiento para esa herramienta de la Ciencias Económicas.

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“LA ÉTICA VALE UNO, LA HUMANIDAD VALE CERO, LA HONESTIDAD VALE OTRO CERO, LA DIGNIDAD OTRO CERO… Y ASÍ ME FUE SUMANDO LO QUE VALE UN SER HUMANO, HASTA LLEGAR A MILLONES”.

La visión financiera de Estado

La métrica que requiere la construcción de un poema es la misma precisión y armonía que debe aplicarse para la optimización y transparencia de la política económico-financiera del gobierno. Esa es la visión de Carlos Urzúa, un matemático-economista que entreteje su profesión con la poesía, y le añade dos valores más, la austeridad y la ética.

La ética vale uno, la humanidad vale cero, la honestidad vale otro cero, la dignidad otro cero… y así me fue sumando lo que vale un ser humano, hasta llegar a millones, a números impresionantes, pero al final si el ser humano pierde la ética por muchos ceros que tenga no vale nada. Si se va su ética se va todo”, así suele explicar la importancia de la ética en la vida de las personas.

Escribe poesía y ha ganado premios, uno en Italia y en 2003 el de Nacional de Poesía de Tintanueva, con su poemario Recuerdan los Muertos, editorial de la que después de convirtió en su mecenas apoyando a jóvenes creadores.

Es tan reservado que poco comenta de estos premios, pero quienes lo conocen bien, aseguran que su idealismo económico se entiende también a través de su creación literaria.

Si yo entendí la ética se lo debo a Carlos Manuel Urzúa”, confiesa el poeta Federico Corral Vallejo.

Su escuela económica es la neokeynesiana, porque considera que se debe fortalecer una efectiva rectoría del Estado, como un elemento clave para detonar el desarrollo, pero controlando los monopolios, corregir las fallas de mercado, especialmente para modificar o aminorar desigualdades e incentivar la inversión privada. Y aunque su pasión es dar clases e investigar decidió aventurarse en la administración pública para aplicar sus visión y aceptó la invitación de su amigo Macario Schettino, entonces coordinador General de Planeación y Desarrollo del gobierno capitalino en la administración de Cuauhtémoc Cárdenas.

Ya se encontraba en su recta final el primer gobierno de izquierda en la capital del país y se abría el camino para que el entonces presidente del Partido de la Revolución Democrática (PRD) Andrés Manuel López Obrador y dos veces candidato a la gubernatura de Tabasco se enfilara como el próximo jefe de Gobierno y justo fue cuando se conocieron, en 1997, y junto con Macario Schettino, Urzúa participó como consultor externo en la elaboración del Programa para el Desarrollo con Justicia Social del Sol Azteca.

Con un millón 694 mil 184 votos, que significaron el 39.5% de la votación, López Obrador asumió su primer cargo como gobernante y con él también Carlos Manuel Urzúa como Secretaría de Finanzas del Distrito Federal, como parte de los cuatro gabinetes estratégicos para la operación de lo que sería la identidad política del hoy candidato de la coalición Juntos Haremos Historia.

Se trataba de los gabinetes de Desarrollo Sustentable, a cargo de Alejandro Encinas; Progreso con Justicia, a cargo de Raquel Sosa; Gobierno y Seguridad, a cargo de José Agustín Ortiz Pinchetti: y Administración y Finanzas con Carlos Urzúa.

El reto de Urzúa radicaba en incrementar los ingresos de la Ciudad de México sin que esto significara aumentar impuestos como había prometido López Obrador. Sin militar en el PRD, el economista recibió la encomienda de mantener finanzas públicas sanas en la capital, con un contexto mundial adverso, pues México enfrentaba la desaceleración de la economía estadounidense.

Esta situación económica nacional ha implicado en el Distrito Federal una reducción del empleo y una caída en la producción de, particularmente, las industrias manufacturera y de la construcción, y eso a su vez ha incidido de manera frontal en la recaudación de los impuestos que van de la mano con el ciclo económico, en especial, el impuesto sobre nóminas”, argumentó Carlos Urzúa en su primera comparecencia como titular de Finanzas ante la Asamblea Legislativa del Distrito Federal el 27 de septiembre de 2001.

Para frenar los efectos negativos de la desaceleración económica, Urzúa enarboló el principio de la austeridad republicana para erradicar gastos excesivos y actuar con transparecnia.

La aplicación de esas políticas ha permitido al Gobierno del Distrito Federal, obtener hasta el cierre del primer semestre del año, ingresos netos por 31 mil 154 millones de pesos, cifra mayor en 2.6% real a la obtenida en el mismo lapso del año 2000. Este favorable comportamiento, obtenido contra corriente de la desaceleración económica del país, se ha debido a una mayor recaudación de ingresos propios, los cuales resultaron 2.7% superiores en términos reales a los obtenidos al mismo periodo del año anterior”, leyó en tribuna aquella tarde del 2001.

Pero Urzúa parecería que, como la métrica de un poema, diseñó las finanzas de los tres años de gobierno que acompañó a López Obrador. En 2001 el dinero de la recaudación de impuestos se filtraba por la coladera de la corrupción. Urzúa decidió entonces que el pago se realizara a través de bancos o internet, y ya no en las oficinas de la Tesorería.

De 2000 a 2001 la recaudación efectiva aumentó poco más del 35 por ciento. El cobro del predial pasó de ocho mil millones de pesos a 10 mil millones de pesos, y la tenencia de cuatro mil millones de pesos a seis mil millones de pesos. La jugada fue maestra.

Servidor público. Carlos Urzúa Macías (en el círculo) por más de dos años fue funcionario en el gobierno del Distrito Federal. FOTO: Cuartoscuro

SERVIDOR PÚBLICO. Carlos Urzúa Macías (en el círculo) por más de dos años fue funcionario en el gobierno del Distrito Federal. FOTO: Cuartoscuro

Los resultados

EL PLAN DE AUSTERIDAD de Carlos
Urzúa tuvo sus efectos:
– EL PROGRAMA de austeridad permitió un ahorro por más de 11 mil millones de pesos.
SE AHORRÓ 78.8% en gasto de telefonía celular.
50 MILLONES DE PESOS ahorrados en combustible.
EN 2001, sólo presupuestaron 211 millones de pesos para el área de Comunicación Social, 64 millones de pesos menos que lo aprobado en 2000.
FUENTE: V Informe de Gobierno del jefe de Gobierno del Distrito Federal, aprobado por la Asamblea de Representantes. 

El técnico no político

Urzúa siempre fue un hábil ingeniero financiero. La política no es su hábitat. Dos secretos le permitieron implementar la reestructuración financiera en la Ciudad de México. El primero es que se rodeó de un equipo de toda su confianza, un grupo profesional y técnico. El segundo, es que la operación política no depende de él, pero su temperamento calmado y su honestidad fue incuestionable, y tuvo todo el apoyo de López Obrador.

Mantuvo constante el programa de descuentos en el pago de predial, agua, impuesto sobre nómina, condonación de multas y recargos con un descuento de hasta el 80% tanto para personas físicas como morales. Y fue limpiando poco a poco la corrupción que encontró en su camino. Cuando su oficina descubrió, por ejemplo, que los peritos dedicados a hacer  avalúos catastrales se corrompían, después de probarlo, de 150 sancionó a 30.

Pero hizo de la austeridad su punta de lanza. Y es que a sólo un mes de que AMLO tomara posesión como jefe de gobierno proyectaba lo que sería su perfil como funcionario público.

Yo ya me ajusté reduciendo la plantilla de esta manera, nadie trae coche nuevo, estamos en lo básico, pero necesitamos hacer más. Entonces ya se van a tener que ajustar eventualmente los impuestos”, declaró Urzúa.

Ya en el ejercicio del Gobierno, el economista operó el programa para sustituir los microbuses por autobuses nuevo. Para ello dotó de un presupuesto inicial de 80 millones de pesos para ser utilizados en créditos para dueños de microbuses para que así pagaran el enganche de vehículos nuevos. Se subsidió el aumento de 50 centavos al precio del litro Liconsa, al aportar 90.5 millones de pesos y se despidió a los empleados vinculados a la corrupción que se daba en la Tesorería de la capital.

Pese a que las manifestaciones de los trabajadores de las oficinas recaudadoras no se hicieron esperar, al grado de que llegaron a cerrar algunas tesorerías, la relación con los trabajadores del GDF no fue tersa, pues oficializó un incremento salarial generalizado del 12.5 por ciento.

Aunque sus batallas fueron políticas las peleó desde una trinchera técnica. A ocho días de haber tomado las riendas de la Secretaría de Finanzas, en diciembre del 2000, Carlos Urzúa, inició una batalla con el gobierno federal por recursos del orden de los dos mil 200 millones de pesos provenientes del Fondo para el Fortalecimiento Municipal y del Fondo de Aportaciones para la Infraestructura Social. En ese entonces sostuvo que no permitirían ser excluidos de dichos fondos a los que tenían derecho por la Ley de Coordinación Fiscal, a lo que calificaría como una venganza política, pues la capital fue excluida de dichos fondos debido a que sus delegaciones no eran municipios.

No fue sino hasta fines del año 2000 cuando, tras una serie de intercambios ríspidos entre los gobiernos de López Obrador y de Fox, fue enmendada la injusticia”, escribió Urzúa en su trabajo académico Los ingresos públicos de la Ciudad de México.

No fue la única escaramuza, también polemizó con las autoridades federales, durante la gestión de Vicente Fox y de Arturo Montiel Rojas al frente del Estado de México. Urzúa condicionaría la construcción y ampliación de líneas del metro, tren suburbano, a las aportaciones de recursos económicos para la realización de las obras. Mientras que se pronunciaba también por la construcción del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México en la ciudad de Tizayuca, Hidalgo para lo cual sostuvo que se necesitaría la construcción de un medio de transporte como un tren suburbano.

Pero entre los objetivos que nunca logró fue la construcción del segundo piso del Viaducto aunque si alcanzó a concentrar los recursos económicos necesarios para la construcción de la obra emblemática del sexenio de AMLO: el segundo piso de Periférico. Entre las maniobras financieras para alcanzar este objetivo llevó a cabo la modificación de los costos para instalar anuncios espectaculares que influiría directamente en el aumento de recaudación hacendaria local a través del cobro del impuesto predial.

Una de las fuentes consultadas dijo que Urzúa supo sortear la condición que mantenía el Distrito Federal al no ser considerado un estado, lo que le daba margen de maniobra de la deuda pública, que si bien era aprobada por el Congreso de la Unión, los pasivos terminaban siendo considerados como deuda federal. Cifra que alcanzaría los 40 mil 784 millones de pesos, un incremento de casi 12 mil millones de pesos en los primeros tres años de gestión.

Pese a estar en la cúspide de su vida en la administración pública Urzúa, inesperadamente renunció a su cargo y regresó a la vida académica. Le contó a sus cercanos que regresaría al Colegio de México, pero en realidad asumió como profesor en el Tecnológico de Monterrey. Nadie lo entendió.

Más que político, más que burócrata es académico, su vocación real es la enseñanza”, soltó uno de sus conocidos.

El 13 de julio de 2003, al presentar su segundo informe trimestral de actividades, Andrés Manuel López Obrador anunció la renuncia de Carlos Manuel Urzúa. “Por su condición humana lo vamos a extrañar ahora que ha decidido regresar a la vida académica”.

Y claro que lo extrañaron, su salida daría paso a Gustavo Ponce, el subsecretario de Egresos, y a uno de los peores episodios de Andrés Manuel como gobernante: la vinculación, ochos meses después, el 2 de marzo de 2004, del nuevo secretario de Finanzas en un video publicado por Televisa donde se le mostraba apostando fuertes cantidades de dinero en el casino Bellagio, en Las Vegas.

“Tiene muchos contactos y conexiones (…) ve cuáles son las áreas de oportunidad donde puede contribuir. Y tampoco descomponer aquellas que están caminando razonablemente bien”.
Antonio Quesada, Maestro del Tec 
de Monterrey

El futuro

Luego de 15 años fuera de la administración pública, Carlos Manuel Urzúa fue propuesto por AMLO como el posible secretario de Hacienda de ganar la coalición Juntos Haremos Historia.

El maestro del Tec de Monterrey, Antonio Quesada, considera que Carlos Urzúa no nadará a contracorriente de la economía global. “Tiene muchos contactos y conexiones, yo creo que por eso él siempre ha manejado siempre esta mancuerna. No es alguien que nade contracorriente, al contrario es una persona muy inteligente y pragmática y ve cuáles son las áreas de oportunidad donde puede contribuir. Y tampoco descomponer aquellas que están caminando razonablemente bien”.

A Carlos Manuel Urzúa no le gusta usar corbata, pero la mantiene cerca por si debe usarla; no le gustan los protocolos, es austero pero sofisticado y eso se proyectará de convertirse en secretario de Hacienda. Podría jubilarse o continuar como profesor-investigador, pero la gente más cercana a él asegura que está dispuesto a establecer un punto de inflexión, reorganizar las finanzas y ser la antítesis de los que hoy dirigen la economía en México. Será, dicen, el verdadero operador del cambio prometido por Obrador, de ganar la elección.

Reorganizar para eficientar

EN SU PRIMER AÑO, la administración de Andrés Manuel López Obrador en la jefatura de Gobierno del entonces Distrito Federal (2000-2005), arrancó el Programa General de Desarrollo de la Administración Pública de la capital y en él, Carlos Urzúa le dio forma al plan de austeridad que el tabasqueño había prometido en campaña. Estas fueron las primeras medidas:

– SE REDUJERON en 15% los salarios reales de los altos funcionarios.

DISMINUYÓ el número de asesores, limitándose a cinco por secretaría y sólo contaron con guardaespaldas aquellos relacionados con la seguridad pública y la procuración de justicia.

– SE ELIMINÓ la duplicidad de funciones.

– SE REDUJERON los cuellos de botella que hacen más lentos y más caros los procesos administrativos.

SE ELIMINARON todos los puestos de secretarios privados, así como los de secretarios particulares, excepto los de la Jefatura de Gobierno y de las oficinas de las secretarías y subsecretarías.

– SE LIMITARON los gastos de representación.

– SE REDUJERON de manera significativa los gastos de publicidad del Gobierno del Distrito Federal, el cual no podrá rebasar 0.30% del total del Presupuesto de Egresos autorizado por la Asamblea Legislativa del DF; además generó una reducción en el gasto de teléfonos fijos y celulares, energía eléctrica, combustibles, viajes y viáticos.

El 30 de diciembre de 2003 fue  publicado el decreto de la Ley de Austeridad para el Gobierno del Distrito Federal, en el que establecieron criterios de economía y austeridad para la elaboración, control y ejercicio anual del presupuesto de las entidades de la Administración Pública del Distrito Federal, vigentes por cinco años. A las medidas del primer año, Urzúa añadió:

– NO SE  AUTORIZARÁN bonos o percepciones extraordinarias, gastos de representación, ni la contratación de seguros de gastos médicos privados para ningún servidor público.

– LOS VEHÍCULOS OFICIALES de servidores públicos sólo podrán sustituirse si tienen, al menos, seis años de uso y las unidades que se adquieran no podrán costar más de 110 veces el salario mínimo mensual vigente.

– SÓLO SE PODRÁ autorizar un viaje oficial anual al extranjero por dependencia.

– LA ADQUISICIÓN de bienes y servicios de uso generalizado se llevará a cabo de manera consolidada, con el objeto de obtener las mejores condiciones en cuanto a precio, calidad y oportunidad.

– LOS SERVIDORES PÚBLICOS que no cumplan con las disposiciones previstas en esta Ley incurrirán en falta grave. La responsabilidad administrativa será independiente de las de

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