Relaciones Institucionales: puentes en las barrancas

Vicente Amador | 4 de noviembre de 2016

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Hasta hace pocos años, el área de Relaciones Institucionales sirvió, entre otras pocas funciones, para hospedar a los directores de empresa retirados: porque aún contaban con relaciones que podrían ser de utilidad, porque era caro liquidarlos o porque «si se queda en su casa se muere» —pensarían los nuevos en el mando. Era “el refri”, pues.

 

Poco a poco, las Relaciones Institucionales han ido ganando terreno en las organizaciones. En mi opinión, han alcanzado mayor peso no tanto por inventarse cocteles, tener a las chicas bonitas o invitar comidas opulentas. Lo han logrado cuando los verdaderos profesionales de las RRII, articulados con la planeación estratégica de la empresa, saben detectar y pulsar los signos de los tiempos actuales. Y así, asesorar la toma decisiones sobre futuros escenarios a los que la corporación se enfrentará.

 

La razón de ser de las RRII es, principalmente, fortalecer el diálogo e interacción con diferentes grupos de interés: gobierno, legislaturas, medios de comunicación, organizaciones no gubernamentales, cámaras empresariales, partidos políticos, universidades, asociaciones profesionales y sectoriales, sin olvidar a los clientes.

 

Las RRII también buscan conocer, monitorear y representar a las organizaciones en aquellos espacios clave donde se decide el futuro del sector, con el propósito de influir en favor de la empresa. Finalmente, y de gran relevancia, consolidar la imagen de confianza y la reputación corporativa.

 

En este contexto, es más fácil entender otra de las razones que facilitó el desarrollo de las RRII: los grupos de interés (stakeholders) y las mismas empresas reclaman cada vez más una continua y mayor comunicación. ¿Qué propició esta necesidad? Por un lado, el crecimiento del rol de las empresas en la sociedad. Hoy no son sólo proveedores, son también agentes de cambio. Por otra parte, los vertiginosos avances sucedidos en casi todos los terrenos, especialmente en las comunicaciones, el mercado, el dinamismo del entorno financiero, social y político.

 

Actualmente, aunque no existe una posición única o natural para las RRII, el descubrimiento de su papel estratégico las ha colocado en la mayoría de los casos —aproximadamente el 80%— como un reporte directo del CEO (Cfr. Andrew Sanders, Management Today, 2013).

 

El arraigo de las RRII en la organización, lo decía al inicio, está marcado por los vínculos estratégicos que el área genere y fortalezca. También tiene otros retos hacia el futuro: crecer los mecanismos que aseguren la ética y la transparencia de sus acciones; profesionalizar e institucionalizar el perfil y sus métodos de interacción; anticipar escenarios y utilizar nuevas tecnologías para el acercamiento con los stakeholders.

 

Las relaciones institucionales son, para decirlo en términos de El Quijote, puentes para cuando nos topamos con barrancas.

 

A Gisela C., quien motivó estas líneas.

¿Interesan a los mexicanos los eventos culturales?

Vicente Amador | 2 de septiembre de 2016

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¿Realmente nos interesan los eventos culturales? Tener y experimentar la cultura, es decir, los rasgos distintivos, espirituales, materiales y afectivos que caracterizan una sociedad (Cfr. UNESCO), expande nuestra vida, es conocimiento que nos hace ser más como seres humanos.

 

La experiencia de las artes y las letras —sigo hablando de cultura—, de los modos de vida, los derechos fundamentales del ser humano, los sistemas de valores, las creencias y tradiciones (Cfr. UNESCO), aumentan nuestra posibilidad de comprender la realidad, y con ello, de comprender al otro que puede pensar distinto a mí.

 

La cultura también desarrolla capacidades de discernimiento, aumenta la agudeza intelectual y, por esto y más, considero que la adquisición de cultura contribuye con nuestra felicidad.
De acuerdo con el Módulo sobre Eventos Culturales Seleccionados (MODECULT), el 64% de la población encuestada declaró que asistió a algún evento cultural en los últimos 12 meses. Los eventos culturales que se consideraron para esta encuesta fueron proyecciones de películas o asistencia a cines, conciertos o presentaciones de música en vivo, exposiciones, obras de teatro y espectáculos de danza.

 

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El cine y los conciertos son los eventos a los que más mexicanos asisten. No obstante, no sólo son los eventos a los que más mexicanos van. También la frecuencia con la que se acude a ellos es mayor: casi el 60% de quienes van a cine, fueron 4 o más veces en el último año. Y en los conciertos, más de la mitad de los fans de estas actividades declaró haber asistido a dos o más en el último año.

 

Otros de los resultados del MODECULT llamará la atención no sólo a los interesados en la cultura sino a comunicólogos, mercadólogos y publicistas: ¿cómo nos enteramos de los eventos culturales de los que hemos hablado?
La televisión es el medio de comunicación por el que más personas declaran haberse enterado de los eventos culturales —salvo en el caso de los conciertos donde prácticamente está empatado con la radio. También llama la atención el crecimiento y la penetración alcanzada por las redes sociales, las cuales ocupan en general el segundo lugar.

 

Captura de pantalla 2016-09-01 a las 10.29.20 p.m.

 

 

Un último dato que ya sospechamos y que también confirma esta encuesta. Los estímulos en la infancia son muy importantes para que los adultos asistan o no a eventos culturales. De quienes sí asisten, la mayoría informa haber tenido estímulos en su niñez —tanto de la escuela como de la casa— para interesarse por la cultura. Y de los que no asisten, también la mayoría dice no haber tenido influencias en esta materia en su infancia. Está clara la receta, ¿no le parece?

Corrupción en los trámites ¡claro que enchila!

Vicente Amador | 26 de agosto de 2016

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Un alto porcentaje de mexicanos podemos narrar experiencias de corrupción al intentar realizar algún trámite con los servicios públicos: me refiero a situaciones en las que funcionarios del estado exigen un beneficio monetario —que les den una lana, pues— a cambio de hacer lo que deberían no solo hacer sino hacer bien.

 

Por supuesto, no realizamos trámites con el gobierno como experiencia recreativa o vacacional. No es por gusto. Si además llegas a una oficina donde las condiciones del lugar son deprimentes por suciedad, largas colas y malas caras de los servidores públicos, pues peor. Además, la mayoría de las veces son procesos que deben pagarse, adicional a lo que ya se contribuyó con los impuestos ordinarios. Menos alegría. Y si, para rematar, hay quién te pide dinero para aceitar la maquinaria… pues es entendible que, como decimos los mexicanos, nos enchilemos.

 

Es más, tantas veces sucede que hay problemas al efectuar estos trámites, que ya desde el inicio asistes molesto imaginando la pérdida de tiempo que será.

 

Gracias a la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental, la ENCIG, sabemos que los mexicanos continuamos acudiendo principalmente a las instalaciones del gobierno para efectuar pagos, hacer solicitudes o trámites en general. Es así en el 62% de los casos. En poco más del 16% se hizo en un cajero automático o kiosco inteligente; casi el 16% en banco, supermercado, tienda o farmacia; el 3.3% por línea telefónica y apenas el 1.7% por internet.

 

Un segundo elemento: ¿con qué tanta frecuencia nos topamos con problemas al hacer trámites? En más de la mitad de los procesos, en casi el 53%, los usuarios declaran toparse con problemas. ¿Cuáles son estos inconvenientes?
Barreras en el trámite: largas filas, te pasan de una ventanilla a otra, tienes que ir a un lugar muy lejano o los requisitos son excesivos o demasiado quisquillosos. Esos momentos en los que después de horas de estar parados, haciendo fila, te piden el acta de defunción de la abuela firmada por el Obispo de Roma. ¿Se entiende, no? Casi el 90% de las veces, este es el tipo de barrera con la que nos topamos.

 

Asimetrías de la información: por ejemplo, en la página de internet decía que debías llevar tales documentos, pero luego en un impreso dentro de las oficinas dice otra cosa y al llegar con amo del sello, te pide otra cosa. Según los encuestados, es el segundo problema con el que más se topan.

 

Otras dificultades son las que suceden con las Tecnologías de la información y comunicación: por ejemplo, no funcionó la página, hubo problemas en la atención telefónica porque se cortó o no contestaron o, como sucede tantas veces, “se cayó el sistema, joven”.

 

En este escenario, ya podemos señalar una idea fundamental. El corrupto se aprovecha de la ineficacia del proceso, de las barreras, de los momentos en los que se detiene el trámite, para pedir dinero a cambio de continuarlo. Y como la mayoría de los trámites se siguen haciendo en oficinas donde está él… al corrupto no le conviene la eficacia ni los trámites por medios tecnológicos donde él no interviene. Ahí está una clave para la solución.

 

 

A partir de la ENCIG también se estima que a nivel nacional, la tasa de población que tuvo contacto con algún servidor público y sufrió alguna experiencia de corrupción fue de 12,590 personas por cada 100 mil habitantes.

 

El trámite con mayor porcentaje de experiencias de corrupción fue con autoridades de seguridad pública: el policía o el tránsito. Le siguen los procesos en el ministerio público, donde se experimentó corrupción  en el 24% de los casos. En los trámites para abrir una empresa los hubo en poco más del 22% y de ahí para abajo: en los juzgados y tribunales, en permisos relacionados con la propiedad, en los trámites vehiculares y todos los trámites posibles.

 

Una observación: estratégicamente lacerante es la corrupción en la impartición de justicia y en los trámites para abrir una nueva empresa, dos de los elementos que más reclama nuestro país para crecer.

 

Hay quien ha dicho que la corrupción en nuestro país es crónica, cultural. A diferencia de esta opinión, y retomando una idea que recientemente escuché a Claudio X. González, Presidente de Mexicanos Primero, considero que nuestro país no está condenado a ser corrupto. Con la adecuada educación a las personas, y aplicando los incentivos correctos, podríamos contar otra historia. ¿No le parece?

 

Buenos para criticar. ¿Y para hacer ejercicio?

Vicente Amador | 18 de agosto de 2016

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En el marco de los Juegos Olímpicos, y ya que por lo visto hemos sido muy agudos para criticar a alguna atleta mexicana por su aparente sobrepeso, resulta conveniente preguntarse: ¿qué tanto practicamos algún deporte o nos ejercitamos físicamente los mexicanos?

 

Ejercitarse es un tema por demás importante para el ser humano, por los beneficios directos que tiene sobre la salud, tanto en lo físico como en lo anímico y mental. La misma sabiduría popular así lo entiende: muchas personas cuando evalúan cómo se encuentran en sus vidas te responden: “lo importante es que haya salud”.

 

Voces de gran relevancia, como la Organización Mundial de la Salud, subrayan los beneficios del deporte para mejorar las funciones cardio-respiratorias y musculares, la salud ósea y para reducir el riesgo de muchas enfermedades, incluyendo la depresión —que afecta a más de 350 millones en el mundo.

 

La recomendación de la OMS es acumular un mínimo de 150 minutos semanales de actividad física aeróbica moderada (por ejemplo caminar), o bien 75 minutos de actividad física aeróbica vigorosa cada semana (como correr o andar en bicicleta), o una combinación equivalente de actividades moderadas y vigorosas. Al respecto, ¿cómo andamos los mexicanos?

 

El 56% de la población mexicana de 18 años y más en área urbana es inactiva físicamente. También sabemos que el grupo de 18 a 24 años —tanto en hombres como en mujeres— es en el que hay más personas ejercitándose (MOPRADEF 2016). Una edad que, por lo general coincide con el vigor físico y, por supuesto, el deseo de verse bien; que eso sí está presente en todas las edades.

 

El tiempo promedio semanal que la población dedica a realizar deporte o ejercicio físico es de 3 horas con 37 minutos. Respecto al lugar de preferencia para hacer ejercicio, poco más de dos terceras partes de la población activa físicamente acude a instalaciones públicas, mientras que el 30% lo realiza en instalaciones privadas como gimnasios, clubes, domicilios particulares o instalaciones de su lugar de trabajo o estudio (MOPRADEF 2016).

 

Y justo sobre esto último quiero resaltar el esfuerzo de muchas organizaciones que reconocen la importancia del ejercicio y facilitan a sus colaboradores el ingreso a gimnasios, clubes deportivos y, cada vez más, instalaciones para estos fines en los mismos centros laborales. Me parece que es algo que los miembros de estas corporaciones apreciamos mucho.

 

La información sobre el horario de preferencia para el ejercicio nos dice que más del 40% de los mexicanos preferimos la mañana, un 30% en la tarde y el 20% en la noche. La principal motivación para hacer ejercicio, dice el 60% de los encuestados, es por salud. El 20% dijo que era por verse bien. A veces he sospechado que a esta cifra le falta algo de sinceridad y que más del 20% lo hace por estética y menos por salud. Ahí juzgue usted. La experiencia es la estadística personal (MOPRADEF 2016).

 

¿Y por qué no hacemos ejercicio? En el caso de la población que nunca practicó actividad físico-deportiva, las razones principales que declaran son: en primer lugar la falta de tiempo y en mucho menor medida el cansancio por el trabajo y la pereza. También se argumentan problemas de salud, inseguridad, falta de dinero y de instalaciones (MOPRADEF 2016).

 

Dos últimas perlas de sabiduría popular al respecto: “el que quiere, puede” y “el interés tiene pies”.

Patrimonios marginados

Vicente Amador | 11 de agosto de 2016

ENTRE EL DRAMA Y LA COMEDIA | La columna de Vicente Amador

Ma’ tu’ubsik a t’aan

En Maya, no olvides tu lengua materna

 

 

El 9 de agosto se conmemora el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, los cuales son constituyentes centrales de la diversidad y riqueza cultural de México y el mundo. Desafortunadamente, también son uno de los segmentos poblacionales más desfavorecidos. Como tantas veces se ha denunciado, muchos de estos grupos son marginados, explotados, sometidos o, a veces en el menos peor de los escenarios, poco tomados en cuenta.

 

Como la misma Constitución nos lo aclara, los indígenas “son aquellos quienes descienden de poblaciones que habitaban en el territorio actual del país al iniciarse la colonización y aún conservan sus instituciones sociales, económicas, culturales y políticas, o parte de ellas”.

 

La Encuesta Intercensal presentada en el 2015 revela que en México hay más de 7 millones de personas que hablan alguna lengua indígena, cifra que representa el 6.5% de la población nacional. También sabemos que el 45.3% de esta población tiene menos de 30 años.

 

Además, 13 de cada 100 sólo puede expresarse en su lengua materna; este es un escenario que por lo general favorece las condiciones de marginación.

 

Las lenguas indígenas que más se hablan en México son: Náhuatl, que es hablado por el 23.4% de la población indígena, Maya 11.6%, Tzeltal 7.5%, Mixteco 7.0%, Tsotsil 6. 6%, Zapoteco 6.5 %, Otomí 4.2%, Totonaco 3.6%, Chol 3.4%, Mazateco 3.2%, Huasteco 2.4% y Mazahua 2.0%.

 

La Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de México define como municipio indígena a aquellos donde más del 40% de la población habla alguna lengua indígena. De acuerdo con este organismo, en el país   hay 494 municipios indígenas y se concentran principalmente en Oaxaca, Yucatán, Puebla, Chiapas y Veracruz.

 

Menciono también otros aspectos sociodemográficos que ayudan comprender mejor el escenario de muchos pueblos indígenas.

 

  1. 7 de cada 10 hablantes de lenguas indígenas se encuentran en situación de pobreza y tienen dificultades para acceder a los servicios de salud, educación y justicia.

 

  1. 15 de cada 100 no están afiliados a servicios de salud.

 

 

  1. Entre la población indígena, la edad promedio para la primera unión de las mujeres es a los 18.7 años, casi dos años menos respecto a las mujeres que no hablan lengua indígena que es alrededor de los 20 años.

 

  1. Las mujeres que hablan alguna lengua indígena tienen en promedio 2.5 hijos, la cifra representa un hijo más que las mujeres no hablantes de lengua indígena cuya cifra se ubica en 1.6 hijos.

 

  1. Entre la población femenina de ese sector, el uso de métodos anticonceptivos es bajo. El 59% de las mujeres hablantes de una lengua indígena en edad fértil, usa un método anticonceptivo. Dentro de la población no indígena, 73 de cada cien mujeres unidas los utilizan.

 

  1. En México 11.7% de la población que habla lengua indígena es migrante absoluto; es decir, cerca de 900 mil personas con esta característica viven en una entidad federativa distinta a la de su nacimiento.

 

  1. 23% de los hablantes de una lengua indígena son analfabetas.

 

La Encuesta Intercensal, fuente central de esta información, también revela sensibles insuficiencias de servicios como el agua entubada, el drenaje y los pisos de tierra en las viviendas, incluso comparado con el resto de los segmentos poblacionales de México.

 

Finalmente, sólo algunos temas señalados por la ONU como prioritarios en el trabajo en favor de los pueblos indígenas:  el fomento de la no discriminación, su inclusión en la vida política y social  del país y la participación directa y estratégica en las decisiones que afectan sus estilos de vida, a sus tierras tradicionales y su integridad cultural.

Homicidios: más de 20,000 mil tragedias

Vicente Amador | 4 de agosto de 2016

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Vendrá alguna generación que se asombrará de que en nuestro siglo se tolerase la fabricación y comercio de herramientas para el homicidio.

Jorge Luis Borges

 

El homicidio, junto con algunos otros delitos violentos, es una tragedia. Por lo menos en dos sentidos: el homicidio es dramático por el dolor, la tristeza y el resentimiento que genera en las familias de las víctimas. Me estoy refiriendo al aspecto humano e individual, pero también en lo social es trágico por el entorno de miedo, por la indefensión, por la incertidumbre que genera socialmente —más cuando sabemos que muchos de estos delitos, especialmente en latinoamericana, quedan impunes.

 

Precisamente, vamos a ver cómo está el panorama en América Latina. Solamente antes de entrar a la visión regional, doy cuatro datos sobre la fenomenología general del homicidio:

 

(1) A nivel global, cerca del 95% de los homicidas son hombres. Por mucho, la gran mayoría.

 

(2) También son hombres casi ocho de cada 10 víctimas de homicidio.

 

(3) En el caso de los homicidios que son cometidos por compañeros íntimos, o por familiares, estos se cometen mayoritariamente contra las mujeres: casi dos tercios de las víctimas en estos casos, son mujeres.

 

Se aprecia que, mientras una gran proporción de mujeres víctimas pierden la vida a manos de conocidos, a la mayoría de los hombres los asesinan personas que quizá ni siquiera conocen.

 

(4) La mitad de todas las víctimas de homicidio en el mundo tienen menos de 30 años (Cfr. UNODC 2013).

 

Ahora sí, vamos a los datos regionales. En Latinoamérica, Honduras es el país con la tasa de homicidios más alta. Poco más de 90 por cada 100 mil habitantes. Lo cual es una barbaridad, peor si lo contrastas con países europeos que tienen una tasa de dos asesinatos por cada 100 mil habitantes (Cfr. UNODC 2013).

 

En México, durante el año pasado se cometieron 20 mil 525 homicidios. De tal manera que hubo 17 homicidios por cada 100 mil habitantes. En cuanto al ranking nacional, vemos que los estados con más homicidios son el Estado de México, Guerrero y Chihuahua. Los que menos tienen son Aguascalientes, Yucatán y Campeche (Cfr. IN E GI 2016).

 

Dos últimas ideas sobre las cifras de homicidios. Estas estadísticas son muy importantes para comprender mejor el grado de laceración del tejido social, es decir, qué tan dañado está. Y también pueden ser muy útiles —por todas las conductas negativas asociadas al homicidio— para pulsar el ambiente de seguridad y justicia de un país. No se me ocurre un país que, con una alta tasa de homicidios, tenga buenos mecanismos educativos, sin corrupción, adecuado estado de derecho, etc.

 

Al ser un tema estratégico, contar con fuentes de información confiables, que recopilen adecuadamente los datos sobre homicidios, es también de gran importancia para el adecuado diseño de políticas públicas que se estructuren para contar con una sociedad más pacífica, respetuosa y próspera.

 

Los maestros y la educación en (algunas) cifras

Vicente Amador | 7 de julio de 2016

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En México, los maestros y la educación continuamente son noticia: son noticia por terribles notas como la reciente batalla de Nochixtlán —hecho doloroso. O los bloqueos en Oaxaca, las marchas, la reforma educativa, las condiciones lastimosas en las que en algunos lugares se imparte o no llega la instrucción pública.

 

Por supuesto, también hay notas positivas. Seguramente, muchas anécdotas alegres recordaremos de las charlas en los hogares, especialmente en torno a la comida, cuando los hijos hablan de las peripecias de la vida escolar.

 

Siendo un tema recurrente e importante, revisemos primero el perfil de los maestros en México en algunas cifras. Después referiré los principales resultados del Índice de Cumplimiento de la Responsabilidad Educativa Estatal 2016 (ICREE), un muy interesante análisis sobre la educación en nuestro país, recién presentado por la organización Mexicanos Primero.

 

Al finalizar el 2014, había en el país casi un millón 600 mil ocupados como docentes. De cada 100 de estos ocupados, 62 son mujeres y 38 son hombres. Las personas dedicadas a esta actividad tienen en promedio 40 años de edad. Su escolaridad promedio es de 16 años, que equivale a tener el nivel de licenciatura (I N E G I).

 

Poco más del 80% de los docentes del país se desempeña en instituciones públicas. El resto en instituciones privadas. Trabajan en promedio 30.6 horas a la semana y tienen un ingreso promedio de 72.4 pesos por hora trabajada. Dos últimos datos: de cada 100 docentes, 7 hablan alguna lengua indígena y 88 cuentan con la prestación de servicio médico (I N E G I)

 

Revisemos ahora los resultados del Índice de Cumplimiento de la Responsabilidad Educativa Estatal 2016.

 

El ICREE es un análisis, por cada uno de los estados de la república mexicana, que identifica y compara factores cruciales para el cumplimiento de la responsabilidad educativa. Además, los presenta de una forma clara y sencilla.

 

Para comprender mejor su ranking nacional conviene tener clara la escala de medición, el semáforo. Una calificación entre el 8 y el 10 quiere decir que “van por buen camino”, y está marcada con verde. Una calificación entre el 6 y el 7.9 quiere decir resultados “no óptimos” y está marcada con amarillo. Las calificaciones entre el 0 y el 5.9 se identifican con el color rojo y quiere decir que hay “fallas graves”.

 

De acuerdo con el ranking nacional, ninguna entidad federativa de nuestro país, ningún estado alcanzó una calificación entre el 8 y el 10. De tal manera que ninguno “va por buen camino”. Poco menos de la mitad del país se situó con resultados “no óptimos”. Los mejores lugares los tiene Aguascalientes, Zacatecas, Colima, Ciudad de México, Coahuila, Puebla, Hidalgo, Nuevo León, Baja California Sur, Tlaxcala, México, Chihuahua, Tabasco, Yucatán y Campeche. El resto de los estados tienen fallas graves.

 

En cuanto al ranking por componentes, uno de los factores estudiados es el “aprendizaje” —se refiere a la oportunidad de aprender y desarrollar habilidades y competencias necesarias para la vida—. El más alto fue Puebla, pero ningún estado está dentro del rango “va por buen camino”.

 

El componente “Personas” se refiere a niñas y niños presentes desde primero de preescolar; familias participativas en la comunidad escolar y maestros con preparación inicial adecuada y participantes en aprendizaje profesional continuo. Sólo Zacatecas va por buen camino. El resto… pelas.

 

En cuanto a “relaciones y procesos”, se considera que haya un liderazgo escolar efectivo, por lo menos un directivo y la capacidad para reforzar el aprendizaje de alumnas y alumnos con necesidades especiales. Sólo Yucatán va por buen camino. El resto no tiene resultados óptimos o va por mal camino.

 

La “permanencia” se refiere a los estudiantes que cursan trayectorias educativas completas; que se queden todos los años necesarios. Ahí hay más estados que van por buen camino. Los mismo en cuanto a las “condiciones materiales” de las escuelas, que considera se cuente con servicios básicos dignos, condiciones adecuadas para la inclusión de personas con discapacidad e instalaciones deportivas, áreas verdes, areneros, etc., que permitan un aprendizaje integral.

 

Por último, el componente “sistemas de apoyo” que se refiere a que tanto las escuelas como los profesores cuenten con apoyo y supervisión para apuntalar el aprendizaje.

 

Instrumentos como el ICREE son de gran utilidad pues se nutre de datos sólidos, bien fundamentados, que permiten conducir la educación no con ocurrencias, sino con evidencias. Al mismo tiempo, facilita a los ciudadanos contar con elementos para demandar un servicio educativo de mayor calidad, pero también para participar en este central proyecto nacional.

 

 

La homofobia y los números del odio

Vicente Amador | 24 de junio de 2016

ENTRE EL DRAMA Y LA COMEDIA | La columna de Vicente Amador

«O conseguimos educación para la libertad, la igualdad y el respeto o estamos perdidos…»

Gloria Poyatos

 

 

El domingo 12 de junio Estados Unidos padeció en Orlando, Florida, uno de sus capítulos más tristes. Un ciudadano norteamericano de 29 años mató 49 personas e hirió a otras 53 dentro de un bar popular entre la comunidad gay. El peor tiroteo múltiple registrado en la historia norteamericana.

 

Aunque Isis —el Estado Islámico— asumió la autoría de este crimen, el mismo padre del homicida señaló que, más que a cuestiones religiosas, la motivación de su hijo fue homofóbica. Nota al margen, no pocas veces el fundamentalismo religioso y la homofobia se identifican. En cualquier caso, independientemente de lo religioso, quiero presentarle algunas cifras sobre la homofobia en el mundo.

 

Hay 79 países donde se dan penas de prisión por homosexualidad. En esos lugares, los castigos van desde latigazos en Irán, prisión en Argelia y cadena perpetua en Bangladesh (Cfr. BBC). O hasta la pena capital en Irán, Arabia Saudita, Yemen, Mauritania, Nigeria, Somalia y Sudán.

 

Y no son realidades tan lejanas. Incluso en el continente americano hay países que penalizan en alguna forma las relaciones homosexuales. Por ejemplo, Barbados, Belice, Granada, Guyana, Jamaica y Trinidad y Tobago.

 

¿No es sorprendente que a estas alturas de la historia, después de miles de años de “civilización”, hay países donde se sigue castigando la homosexualidad? Y no, no estoy hablando del siglo 4, sino de legislaciones contemporáneas.

 

México, desafortunadamente, es uno de los países más homofóbicos en el concurso global. Es el segundo país con más asesinatos homofóbicos en América, el primero es Brasil y, después de México, Colombia (Cfr. Comisión Interamericana de Derechos Humanos). No por poco, 7 de cada 10 personas pertenecientes a la comunidad lésbico, gay, bisexual, transexual, transgénero, travesti e intersexual, señalan que en México no se respetan los derechos relacionados a la diversidad sexual (ENADIS, 2010).

 

En el 2010 se presentó la Encuesta Nacional contra la Discriminación. La ENADIS. Arrojó resultados atroces, pero no difíciles de suponer. Una de las preguntas planteadas en esta encuesta fue “¿estaría dispuesto o no estaría dispuesto a permitir que en su casa vivieran personas que…? y se listaban distintas circunstancias personales para que cada quien las evaluara. En mi opinión, los resultados son terroríficos. Ahí van algunos.

 

Prácticamente tres cuartas partes de la población está dispuesta a compartir el techo con discapacitados. Menos mal, ¿no? Casi un cuarto de la población, el 24.2%, no compartiría casa con una persona de otra religión. Más de un tercio de la población no viviría en la misma casa que una persona con VIH/sida, y cerca del 50%, casi la mitad de los mexicanos, dijeron que no compartiría casa con personas homosexuales, ya sean hombres o mujeres.

 

Justo hoy, mi amigo Saúl Arellano escribió en La Crónica: «Así, cuando una persona odia a otra por sus preferencias o identidad, en el fondo le odia por ejercer su libertad, la cual en todo caso es fundante de la existencia, y en todo caso también exige una responsabilidad infinita con el otro». Ahí está el centro de estas líneas, la defensa de la libertad.

 

Es importante poner de relieve, nuevamente, el papel educativo. Las actitudes discriminatorias, como es la homofobia, en buena medida se aprenden en casa. Nuestros niños también aprenden de provocación, separatismos, violencia y falta de respeto cuando nos escuchan frases que, a veces dichas al vuelvo, sin cuidado, van cargadas de crueldad y discriminación: “gato”, “indio pata rajada”, “naco mugroso”, “como las chachas”. Mucho ojo con los odios velados que estamos transmitiendo a nuestros hijos.

 

Cuando la ENADIS 2010 se publicó, incluyó en su presentación una visión muy positiva de la diversidad. «Necesitamos reconocer que México —dijeron entonces— es un maravilloso rompecabezas en su diversidad de etnias, de culturas, de edades, de formas de pensar, de expresarse, de creer, de aprender, de elegir y de amar. Y que el rompecabezas nacional estará incompleto si a alguien se le deja fuera; estará dañado si a una sola de sus piezas se le hiere en su dignidad». Para pensarlo, ¿no?

¿Satisfecho con los servicios públicos?

Vicente Amador | 2 de junio de 2016

ENTRE EL DRAMA Y LA COMEDIA | La columna de Vicente Amador

“Las críticas son solicitudes de servicio”

E.S.G.

 

La satisfacción con los servicios públicos es algo sobre lo que todos tenemos algo qué decir. Todos los hemos experimentado, y en muchos casos padecido. Me refiero, en concreto, al agua potable, lo que pensamos sobre la calidad de las calles y avenidas, la percepción sobre el servicio de salud en el Instituto Mexicano del Seguro Social, la educación y el transporte.

 

Al respecto, la interesante Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental 2015 —recientemente publicada— arroja resultados muy esclarecedores. Revisemos un primer aspecto: el servicio de agua potable. La Encuesta nos dice que el 52% de los consultados están satisfechos con el servicio. Sin embargo, observen el siguiente fenómeno. Ahora lo detallo.

 

Además de preguntarles si están satisfechos con el servicio “en general”, a los encuestados también se les hacen otras preguntas que ayudan a tener un panorama más amplio de los elementos de un buen servicio de agua potable. Por ejemplo, ¿el suministro de agua es constante? ¿el agua que recibe es pura y clara? ¿es potable?

 

Y justo cuando te hacen estas preguntas, cuando analizas estos elementos que ayudan a evaluar mejor la calidad del servicio, tengo la impresión que es el momento en el que dices “mmm, a lo mejor no está tan bueno”. Solo que no sabía que así debía ser.

 

Cuando adviertes que en otros países puedes tomar agua del grifo, que llega con mayor presión, que es más cristalina, etc., es cuando te preguntas, ¿y nosotros por qué no? El problema es que muchos no hemos vivido la experiencia de la calidad. Nos conformamos con el servicio porque no conocemos otra realidad.

 

Qué extraordinaria oportunidad para preguntarnos, ¿los servicios en mi localidad, son de calidad, o es simplemente lo que conozco y creo que eso es suficiente?

 

En cuanto a calles y avenidas, poco más del 20% está satisfecho con ellas. Al respecto, es importante preguntarse ¿son los semáforos funcionales?, ¿los señalamientos son claros?, ¿las calles se encuentran en buen estado? ¿se realizan reparaciones inmediatas en la vía pública?

 

Los resultados de la ENCIG 2015 muestran que un porcentaje alto piensa que los semáforos funcionan. Por el contario, la gran mayoría piensa que las calles no están en buen estado ni las reparaciones son rápidas.

 

Ahora veamos los servicios de salud en el IMSS. En general, casi el 40% está satisfecho con lo que se le ofrece. ¿Qué tantos otros servicios de salud conocerán? Ahí están algunos elementos para considerar: médicos capacitados, instalaciones limpias, trato respetuoso, médicos suficientes, que haya medicamentos, atención inmediata.

 

En cuanto a la educación, el 61% está satisfecho. La gran mayoría está de acuerdo con el cumplimiento de las horas de clase, el cumplimiento de temarios y contar con personal capacitado. Muchos menos están satisfechos con la saturación de estudiantes en los salones y la gratuidad de este servicio.

 

Finalmente, el transporte público. Casi el 30% está satisfecho con él. ¡Vuélvalo a pensar! ¿Hay rutas eficientes?, ¿espera poco para abordar?, ¿los operadores son amables?, ¿el espacio es confortable?, ¿los pasajeros suben paradas oficiales?, ¿las unidades están limpias?, ¿los operadores son respetuosos?, ¿en las estaciones nos dicen a qué hora llega el transporte?

 

A través de instrumentos como la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental sabemos en dónde está el problema y de qué magnitud es la insatisfacción ciudadana respecto a los servicios que el Estado ofrece. Las críticas son solicitud de atención, no sólo un “malestar social”. No es necesario ir a una escuela de negocios para saber que el cliente satisfecho es la mejor estrategia… incluso electoral.

 

¡Para qué tantos brincos si el suelo está tan parejo!, diría don Guillermo Rías.

 

Internet, 20 años después

Vicente Amador | 19 de mayo de 2016

ENTRE EL DRAMA Y LA COMEDIA | El blog de Vicente Amador

«Internet, no te acabes nunca»

Frase popular en redes sociales, principalmente utilizada después de un meme.

 

El pasado 17 de mayo se celebró el Día Mundial del Internet. Importantísimos cambios en todo el planeta, principalmente en el terreno de las telecomunicaciones, se deben a esta herramienta. Internet ha cambiado el mundo: desde la facilidad para relacionarnos inmediatamente con personas a miles de kilómetros de distancia —y compartir con la misma rapidez fotos, videograbaciones, textos y más—, hasta la posibilidad de consultar millones de terabytes de información a la vuelta algunos clics.

 

A pesar de haber nacido en un mundo donde existían sorprendentes avances tecnológicos, y cuando la ciencia ficción ya había llevado la imaginación a horizontes asombrosos, incluso para un miembro de la generación millennial era difícil sospechar que en pocos años el internet sería un invento tan relevante.

 

Para dejar clara su importancia, basta considerar cuánto lo utilizamos diariamente para enviar mensajes, correos electrónicos, consultar información, redes sociales, compras, contamos con miles de aplicaciones de todo tipo. Si entre los lectores hay quien echa mano de su dispositivo móvil más de 150 veces al día, sale sobrando la reflexión sobre cómo el internet ha permeado nuestras vidas.

 

Un interesante estudio de Miniwatts Marketing Group, difundido por la publicación Éxito Exportador nos muestra que, hasta finales del 2015, había más de 3,367 millones de usuarios de internet en el mundo. En 15 años, la conectividad creció más del 800%. De esta manera, casi la mitad de la población mundial es usuaria de internet. Otro dato interesante: prácticamente la mitad de quienes usan internet tienen una cuenta de Facebook.

 

Ahora veamos el panorama en nuestro país. Hasta el año pasado, se registraron más de 62 millones de usuarios de internet. Esto quiere decir que —según la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares, fuente estadística de los siguientes párrafos— más del 57% sí utiliza el internet. Poco más de uno de cada dos mexicanos.

 

En apenas dos décadas la penetración del internet alcanzó niveles similares a la televisión y al teléfono, pero a estos les llevó mucho más tiempo llegar a tal popularidad. Actualmente la televisión sigue, con amplia ventaja, a la cabeza. Casi el 94% de los hogares en México tiene por lo menos un televisor. Por otra parte, la conexión a internet, el servicio de televisión de paga y contar con una computadora en casa son muy similares: alrededor del 40% de los hogares mexicanos los tienen.

 

Un fenómeno interesantísimo es el uso del internet de acuerdo con la edad. Como es sospechable, la población joven es la que más lo utiliza. Mientras que en el grupo de personas mayores de 55 años, solamente el 17.6% utiliza el internet, en el grupo de 12 a 17 años lo utiliza prácticamente el 86%. Casi 9 de cada 10 jóvenes.

 

¿Y para que utilizamos la conexión a internet? Principalmente, para comunicarnos, para obtener información, por entretenimiento y para acceder a redes sociales. Al mismo tiempo, aún significativas áreas de oportunidad en cuanto a operaciones bancarias, comercio electrónico y en la interacción con instituciones de gobierno.

 

El uso del celular también se ha convertido en un servicio de gran importancia. Casi 77 millones lo utilizan en nuestro país. Y de estos que lo utilizan, dos de cada tres ya cuentan con un teléfono inteligente o smartphone.

 

Internet es un extenso mar de posibilidades, con sus consecuentes oportunidades y riesgos. Entre los peligros destaca la amplísima e indiscriminada información encontrada en la web y en las redes sociales. En ese océano digital se revuelve la basura con los tesoros. Por ello, navegar en estas aguas requiere una conciencia crítica que filtre lo superfluo, lo falso y lo nocivo. Y esa, para bien o para mal, es una facultad del ser humano que no se adquiere online.

 

Regalos para mamá

Vicente Amador | 12 de mayo de 2016

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Hijo: —Mamá, no encuentro las palabras para agradecer todo lo que haces por mí.

Mamá:—Y si las encuentro yo…

¿Qué te hago?

 

Cuando niño, varias veces pregunté a mi mamá qué quería de regalo por el Día de las Madres. Siempre recibí la misma respuesta: «no quiero que me compres nada. Lo único que quiero es que te portes bien, que seas un buen hijo». Confieso que esa réplica me chocaba un poco, pues resultaba más sencillo ir a conseguir un presente (¡pagado en abonos!), que esforzarse “toda una semana” en el buen comportamiento.

 

El 10 de mayo, México se vuelca sobre las mamás. Las mañanitas y la canción Señora de la brasileña Denisse de Kalafe suenan en cada rincón. Las redes sociales y los medios de comunicación están llenos de felicitaciones. Tiendas y restaurantes se abarrotan. Es “el agosto” de la venta de algunos electrodomésticos: con regularidad desfilan planchas, licuadoras, televisores, tostadoras, rematadas con un gran y colorido moño. ¿Regalo para las madres o para algunos otros habitantes del hogar que lo usufructuarán?

 

Cada quien aprovecha el día como mejor le conviene: para estar con sus madres y/o para vender algo. Ciertos políticos entienden muy bien la plataforma mercantil de esta celebración, por eso amanecen el 10 de mayo tan simpáticos, saludadores y obsequiosos. Empiezan por felicitar a todas sus electoras. Eso sí, la felicitación va con la foto del funcionario público acompañando a su madre. ¡Para que vean que sí tiene!

 

Más que algunos regalitos —como lo recomendaba mi madre—, vale la pena aprovechar la ocasión para hacer las cosas mejor e impulsar a las mujeres y tantos otros importantes asuntos vinculados con su maternidad. Ahí van algunas áreas de oportunidad.

 

1.Servicios de salud durante el embarazo y la lactancia. Le cuento una anécdota rápida. Apenas un botón de las sensibles carencias del Seguro Social: fui testigo en una clínica del IMSS del uso de agua con jabón en lugar del gel adecuado para realizar los ultrasonidos. También, de las horas y malas caras padecidas para que se pagara el sueldo a una mujer trabajadora dada su licencia por maternidad.

 

2.Embarazo adolescente. La experiencia y la estadística nos confirman el aumento de mujeres menores de edad siendo madres. Con todas las dificultades de educación, desarrollo profesional y humano que implica tanto para las progenitoras como a los hijos.

 

3.Protección legal y pensión alimenticia de los padres, que han encontrado truculentas formas de esconder ingresos para evadir esta responsabilidad.

 

4.La violencia familiar se reconoce hoy como un problema de salud pública, de derechos humanos, de justicia social y como un delito; además, se acepta que se trata de un problema de gran magnitud que incluye la violencia psicológica, física, sexual y económica.

 

La Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2011 señala que 45.7% del total de mujeres unidas (casadas o en unión libre) de 15 años y más con hijos refirió haber padecido algún tipo de violencia por parte de su última pareja, de estas: la violencia que más prevalece es la emocional (89.2%) la cual consiste en insultos, amenazas, humillaciones y otras ofensas de tipo psicológico o emocional; le sigue la violencia económica.

 

Que la conmemoración sea motivo de alegría, es muy positivo. Sin embargo, como en otras ocasiones lo he señalado en este mismo espacio, poco responsable es tomar únicamente la celebración sin advertir algunos de los grandes problemas que en México enfrentan muchas madres.

 

 

 

 

Los Papeles de Panamá, un problema de dos caras

Vicente Amador | 14 de abril de 2016

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Como cuando te agarran con las manos en la masa y haces como que la virgen te habla… @GustavoVela71, 7|04|16.

 

Los Papeles de Panamá (The Panama Papers) son una de esas noticias que confirman lo que hace tiempo, aunque sin pruebas, sabemos. ¿O acaso extraña enterarnos de una amplia cantidad de líderes en todo el mundo —tanto del sector público como del privado— quienes ostentan una doble moral? Una ética frente a las cámaras y otra que esconden en bóvedas bancarias, en habitaciones de hotel o en departamentos de lujo. Tal vez lo que, por lo menos en lo inmediato más arde, es que nos lo restrieguen con “papelitos” en la cara.

 

Los más de 2.5 terabytes de información filtrada al periódico alemán Süddeutsche Zeitung dan cuenta de miles de millones de dólares radicados en paraísos fiscales. Es cierto, no todo es ilegal. La mayoría de los países permiten a sus ciudadanos invertir en sitios de régimen fiscal preferente. Sin embargo, tampoco seamos ingenuos. En buena (buenísima) parte de los casos, el objetivo de la migración de capitales es claro: evadir impuestos y ocultar la identidad de los propietarios de estos activos. ¡Qué raro! ¿Pues no obtuvieron estas riquezas con el sudor de su esforzada frente?

 

Entre los vinculados con el consorcio panameño Mossack Fonseca, el cerebro jurídico detrás de estos malabares fiscales, hay nombres que usted bien conoce: el futbolista Messi, el presidente Argentino Mauricio Macri, el ex Primer Ministro de Islandia, élites políticas de países como Ucrania y Pakistán. Hasta ahora, 12 jefes de estado en funciones y 140 líderes mundiales (Cfr. Reforma).

 

¿Y a dónde envían el dinero los angelitos? ¿Cuáles son los paraísos fiscales más populares en los Papeles de Panamá? Principalmente, las Islas Vírgenes Británicas, donde se encuentra el mayor porcentaje de capitales. Le siguen Panamá, Bahamas, Seychelles, Niue, Samoa, Anguila Británica, Nevada, Hong Kong y el Reino Unido (Cfr. The Atlantic).

 

Moral relajada o rompimiento de la ley

 

¿Cómo es posible una ruptura tan grande en la vida de una persona? De frente, algunos de los involucrados en los Papeles de Panamá son criminales de cuello blanco que defienden el respeto a las leyes. Por detrás, son los primeros en romperlas. Parecería que se trata de personas que continuamente saltan entre dos planetas sin conexión. Por un lado, el mundo económico, donde no existe más prioridad que el lucro, el mayor provecho posible. Por otra parte, el aspecto público que expone todo lo que creen de dientes para afuera. ¡Esquizofrénico! Los mexicanos conocemos bien estos trastornos mentales que afectan a distinguidos miembros de la política nacional.

 

¿Es posible un verdadero liderazgo con rompimientos de esta magnitud? ¿Con cuál cara se presentarán frente a la familia, los amigos, los socios? Cuesta trabajo imaginar una disociación tan marcada. Un mismo ser humano, dos compartimentos contrarios. ¿Cómo le hacen para no romperse? Raro, porque lo que he visto en la práctica es que la identidad de cada ser humano es, en el fondo, igual en la mesa que en la cama.

 

Lo mismo digo para Panamá, el último centro financiero importante que continúa permitiendo escondites en paraísos fiscales. “La culpa no solo es del indio”, reza el dicho. Ya se entiende su renuencia a comprometerse con los acuerdos internacionales de transparencia. ¿Cómo pretende el mismo país impartir justicia entre sus ciudadanos y, simultáneamente, solapar prácticas que podrían implicar fondeos criminales? Seguimos sorprendiéndonos, pero cada vez menos.

 

Como siempre, no todo es malo. Sorprende la coordinación lograda por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ, por sus siglas en inglés). Participaron 376 periodistas de 76 países, se examinaron más de 11.5 millones de documentos (Cfr. El Universal). Aunque el escándalo tiende su sombra sobre 202 países, los medios de comunicación han sabido poner bajo la luz realidades que, en el mejor de los casos, resultan bastante opacas, muy difuminadas.