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Jonathan Nácar

El gesto serio y solemne con el que a las 11 de la mañana en punto el presidente Andrés Manuel López Obrador salió de Palacio Nacional para el protocolario pase de revista de las tropas, transfiguró en menos de 10 minuto cuando en el rostro del comandante supremo de las Fuerzas Armadas surgió una sonrisa espontánea, vítores y una mirada de cierta vanidad. Frente a sus ojos desfilaba el agrupamiento de la cuarta transformación, el de la Guardia Nacional. 

Sin el equipamiento ni el lucimiento de los tradicionales agrupamientos de las Fuerzas Armadas que participan en el Desfile Cívico Militar conmemorativo del Inicio de la Independencia de México, como son la Brigada de Fusileros Paracaidistas o el Cuerpo de Fuerzas Especiales, en la columna de este CCIX aniversario los guardias nacionales fueron los que se llevaron las palmas.  

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“Mira, ven acá para que te tomes la foto con el soldado”, le decía un joven padre a su hijo de seis años para que aprovechara antes de que iniciara el desfile y buscar la fotografía con los guardias nacionales a bordo de un vehículo blindado Humvee, justo en el primer cuadro de la Ciudad de México. Este día, soldados, marinos y ahora guardias nacionales, son lo mismo para los espectadores que se dan cita a primera hora: héroes sin capa. 

Aunque apenas setenta y ocho días han pasado desde el primer pase de lista de la Guardia Nacional, encabezado por el presidente López Obrador en el Campo Militar “Marte”, este lunes 16 de septiembre el contingente de esta nueva agrupación conformada por miembros del Ejército, la Marina y la Policía Federal, que al estar en vías de extinción no figuró en la formación principal como lo habría hecho regularmente en los últimos 12 años, fue la formación que arrancó el desfile, y los aplausos del Presidente. 

Previo al festival en el que insólitamente se dieron cita contingentes alusivos a las acciones del actual gobierno como fueron niños del programa «Soldados y marinos honorarios»; personal  de la Comisión Nacional del Agua, de Petróleos Mexicanos; así como remunerados del Programa de Bienestar para personas adultas mayores y de jóvenes del Programa Construyendo el Futuro, los rituales entre los asistentes fueron los acostumbrados. 

Madrugar, tratar de llegar lo más cerca a la plancha del Zócalo, gorras, sombreros y bloqueador solar; y hasta banquitos y sillas plegables para no cansarse en la espera. Tortas de tamal, “desayunos completos” por 30 pesos, cafés, aguas minerales o refrescos preparados con limón y chile fueron las opciones para los desvelados o aquellos asistentes con resaca por las celebraciones del Grito de Independencia, fueron los casos que proliferaron a los largo y ancho de las calles aledañas al Zócalo capitalino donde ya con antelación se habían erigido las vallas de los cierres peatonales para el paso de los contingentes. 

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Con todo un rediseño de los protocolos, el primer contingente en salir a escena, fue el conformado por integrantes mujeres de las Fuerzas Armadas y la Guardia Nacional; como otro caso innovador se presentaron los agrupamientos alusivos a lo que el presidente López Obrador ha señalado como las “tres primeras transformaciones de México”: Independencia, Reforma y la Revolución mexicana. 

Después, con el general Luis Rodríguez Bucio al frente avanzó el contingente de la cuarta transformación, un amplio grupo de la Guardia Nacional, quienes desfilaron tanto en su uniforme gris de proximidad como la vestimenta camuflaje negro y blanco que ocupan para misiones de campo. 

Fueron recibidos por el entusiasmo de los más de 28 mil espectadores que al inicio se habían dado cita en las inmediaciones del centro de la ciudad, y que al término del desfile la Policía capitalina terminó por calcular en unas 400 mil personas. 

A lo largo de la hora y 40 minutos que se prolongó el desfile, el titular del Ejecutivo no tuvo miramientos en demostrar su simpatía por ciertos agrupamientos y contingentes. 

Fue así que todos aquellos que tuvieran relación con acciones de su gobierno, como fueron los del Plan DN III-E y el Plan Marina que se pusieron en marcha en el caso del sargazo y el abastecimiento de combustible derivado de la estrategia de combate al robo de hidrocarburos; y el de Escuela Militar de Ingenieros de la Defensa Nacional, fueron los que mayor entusiasmo provocaron en él.

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En el caso de los ingenieros militares, la descripción que se hacía por los altavoces respecto a cada contingente que pasaba y de las aeronaves que surcaban el cielo capitalino apuntaban que serían estos técnicos castrenses los que se encargarían de la construcción del aeropuerto prevista en la base aérea de Santa Lucía. La ovación no se hizo esperar por parte del mandatario. 

Los agrupamientos de Protección Civil y de Sistema Educativo Militar y Naval fueron los de mayor énfasis durante el avance de los contingentes; en tanto, aquellos referentes a l seguridad interior y defensa exterior que tradicionalmente los encabezaban las unidades de las Fuerzas Armadas más vitoreadas quedaron un tanto relegados. 

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Al finalizar el desfile, el general Dagoberto Espinosa Rodríguez, subsecretario de la Defensa Nacional y comandante de la columna del desfile, rindió el parte del evento sin novedades al Presidente de la República.

Aún y cuando sobre la calle de Corregidora se encontraba la sangre del Segundo Maestre, Infante de Marina Fuerzas Especiales, Valente Mateo, uno de los paracaidistas navales que participaron en las exhibiciones aéreas y quien resultó herido al realizar la maniobra de aterrizaje, prácticamente en los primeros minutos de iniciado el desfile. 

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“¡Presidente, Presidente, Presidente (…) Sí se pudo, sí se pudo!”, coreaba la gente que se había acercado a unos metro del balcón de Palacio Nacional desde el cual el mandatario Andrés Manuel López Obrador presenció el desfile, acompañado de su esposa, Beatriz Gutiérrez Müller, los titulares de la Defensa Nacional, Luis Crescencio Sandoval, Marina, José Rafael Ojeda y de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo. Se trató del primer desfile de la “Cuarta Transformación”, el primero de una incipiente Guardia Nacional que, por lo menos en la integración de la columna del desfile desbancó a la Sedena y la Semar.

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