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Francisco Pazos

franciscopazos@ejecentral.com.mx

La lucha contra la desinformación no está perdida. Plataformas digitales como Google, capaz de procesar miles de millones de solicitudes de búsqueda al día, ha puesto en marcha planes como el Trust Project, para que los contenidos que ofrece a los usuarios sean verificados.

De acuerdo con Google, todos los días aproximadamente 50 mil paginas web suben información a la red. La apuesta de esta empresa de tecnología, en colaboración con medios como la BBC, The Economist, La República, La Stampa, The Washington Post y The New York Times, es ayudar a los usuarios a encontrar contenidos autorizados y de fuentes creíbles.

El Trust Project trabaja con algoritmos que categorizan la información de la web y le asignan etiquetas visuales en el motor de búsqueda Google News. Este proceso apuntala otra iniciativa con la que la empresa comenzó a taggear las entradas que contenían información comprobable.

El proyecto opera con ocho indicadores de veracidad: mejores prácticas, experiencia del autor, tipo de publicación, citas y referencias, metodologías, información local, diversidad de voces y posibilidad de retroalimentación.

Otra iniciativa que han apostado por la comprobación de datos es Politifact. A través de su llamado Truth-O-Meter somete a comprobación los dichos de los políticos en Estados Unidos y determina si sus declaraciones son verdaderas, casi verdaderas, verdades a medias, prácticamente falsas, falsas o pants on fire, para declaraciones totalmente imprecisas o completamente ridículas.

Profesionales del periodismo se han sumado a la batalla. Organizaciones como el Poynter Institute, editor del Tampa Bay Times a través de la compañía Times Publishing o el Duke Reporters’ LAB, han abonado a la comprobación de datos como una obligación cotidiana para desenmascarar estas  noticias.

El periodista y experto en fake news, Bruce Bartlett, no es tan optimista al respecto. Si bien el fact checking es una tarea necesaria, “mi problema es que no debería ser considerada una tarea agenda al periodismo”, apunta. “Si los reporteros y los editores no realizan rutinariamente una comprobación de sus datos en cada una de sus publicaciones ¿qué diablos están haciendo entonces?”

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 PREVIAS A LA ELECCIÓN PRESIDENCIAL DE 2016 EN ESTADOS UNIDOS, EL TÉRMINO FAKE NEWS TUVO SU MAYOR PICO DE INTERÉS, DE ACUERDO CON REPORTES DE GOOGLE.

La batalla de las redes

Aunque el presidente Donald Trump ha asumido la vocería internacional de las fake news, el término y su uso es tan antiguo como la fundación misma del país que hora gobierna. Benjamin Franklin, por ejemplo, usó información falsa que publicaba en un periódico editado por el mismo, con el que buscaba engañar a la opinión pública británica y generar simpatía hacia la naciente Unión Americana.

Sin embargo, el sentido original del término fake news refería a noticias satíricas que, por lo general, publican medios como The Daily Show y The Colbert Report, explica Bruce Bartlett, excolaborador de Forbes y de New York Times, en Estados Unidos, en su libro The truth matters.

Las fake news pueden ser consideradas desde dos perspectivas. La primera, para referirse a informaciones que no son relevantes ni dignas de difusión. “Muchas de las cuales son relativas a la farándula o chismes de las celebridades”. Y la segunda, que tiene que ver con la difusión de hechos falsos como si fueran ciertos. En este último supuesto, su rol como noticias engañosas o de broma viró hacia uno distractor y propagandístico en la era de la información digital y las redes sociales.

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