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Oscar Moha

@oscarmoha

Se llama Alfonso y apenas tiene 15 años, pero parece mayor; no es por su cuerpo robusto, es más por su aspecto agresivo y su actitud altiva. Al escucharlo hablar se nota que la vida lo golpeó tanto que la violencia se le volvió algo natural. Así fue: mató, vendió drogas y las consumió, y trabajó para un grupo criminal. Todo eso en menos de tres años.

Llegó al Centro de Internamiento Especializado de Reintegración y Tratamiento para Menores Infractores, de Coahuila. Los motivos: delincuencia organizada, portación de arma de fuego, homicidio doloso y tráfico de estupefacientes. Cuando lo capturaron, en marzo del año pasado, portaba una pistola calibre 380, varias dosis de cocaína y más de siete mil pesos producto de la venta de estupefacientes. Eso dice su expediente.

Aunque su nombre no es real, para protegerlo, su historia sí.

›Su rostro y su cuerpo no siempre fueron ásperos. Hubo una época, más pequeño, que Alfonso imaginaba en ser médico, pero la realidad es que apenas terminó la secundaria.

Foto: Cuartoscuro

Nunca conoció a su mamá y cuenta que un día tuvo un papá al que casi no recuerda porque los abandonó, a él y a su hermano menor cuando apenas estaban en la primaria. Un día simplemente no volvió a casa. Le dijeron que se lo llevaron en Veracruz, cuando manejaba un camión.

Luego llegó otro hombre llamado Fabián (nombre ficticio) que le enseñó a fumar y lo metió en el mundo del tráfico de drogas. Fue su “papá” durante tres años y medio. Lo asesinaron en octubre de 2018.

“Se portaba chido con nosotros. Nos enseñó a defendernos y a jalarle a la mota desde bien plebes… Luego nos decía que ‘golpe por golpe’, o sea, a quien nos pegara debíamos desquitarnos. Un día ya no regresó y supimos que lo habían levantado. Le dieron ‘cran’. Nos quedamos solos con un tío y su hijo, pero nos pegaban… nos salimos antes de que acabáramos mal.

“Me atoraron cuando iba saliendo de una ferretería. Traía una 380 (pistola marca Llama, española) y me llevaron al tutelar”, cuenta este niño de 15 años.

Sus compañeros dicen que llora en las noches. Alguna vez le preguntaron y sólo dijo que era porque no había conocido a su mamá.

La vida de Alfonso es similar a la de otros niños de Coahuila, incluso a la de José Ángel, el menor que asesinó a una maestra en un colegio de Torreón, Coahuila. Ni siquiera es el único niño que llega armado a una escuela.

Foto: Especial/Cuartoscuro

Alfonso platicó que lo contrató una banda de narcotraficantes por su aspecto robusto y carácter agresivo. Le enseñaron a manejar una pistola. Lo mandaban a cobrar las “cuotas” a los menudistas (vende drogas de zona) y cuando ya lo habían identificado traficantes de grupos contrarios lo pusieron de “halcón” (quien vigila las calles y avisa a sus jefes vía celular de los operativos que llevan a cabo las autoridades).

“Nos decía que cuando iba a la secundaria ubicada en Prados del Oriente (uno de los polígonos conflictivos en esa ciudad) se guardaba una pistola calibre 380 en la bolsa de la chamarra y nadie se daba cuenta. La presumía con sus amigos y con su novia”, narra alguien que lo conoció.

Las personas que hacen servicios de apoyo en los centros para menores reconocen que cada vez es más común que los niños lleven armas a las escuelas, especialmente a nivel secundaria, “ellos se ufanan de tenerlas porque están al servicio de bandas de narcotraficantes que operan en entidades como Chihuahua, Sonora, Nuevo León, Tamaulipas, Veracruz, Baja California y Coahuila, además de que sus “jefes” les ofrecen “protección” y les enseñan a utilizarlas, relata una de estas personas de apoyo que prefiere omitir su nombre.

Historias repetidas

En México hay mil 445 niños internados en algún centro de detención; de ellos, mil 237 son varones y 208 mujeres. Un total de 431 están sujetos a proceso, los otros mil 14 cumplen una “medida de tratamiento”: 83 del fuero federal y mil 362 del orden común, detalla el informe especial de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos sobre los Centro de Tratamiento Interno para Adolescente que infringen la ley penal.

En el Centro Especializado de Reinserción Social para Adolescentes Infractores de Torreón, Coahuila, ministros de culto de diferentes iglesias trabajan para tratar de rehabilitar a los más de 50 menores que han sido detenidos. Les ofrecen pláticas y terapias de superación personal, fomento de valores y en ocasiones los padres o tutores se suman al esfuerzo de pastores y sacerdotes.

Foto: Cuartoscuro

Armando y Elsa han logrado reunir a un pequeño grupo de chicos dentro de este centro, que tiene una población flotante, ya que algunos cumplen la mayoría de edad y son trasladados a un Centro Penitenciario para enfrentar los cargos por los que fueron detenidos.

Las historias de violencia y abandono se repiten, cuenta Roberto, ministro de culto. Por ejemplo, había un chico de 16 años al que llamaremos Samuel. Le gustaba ir armado a una escuela de Bachilleres. Sus amigos, los narcotraficantes, lo libraron varias veces de ir a la cárcel porque la policía lo detuvo en posesión de una pistola de calibre 22 en varias ocasiones. Finalmente, en una riña, asesinó a otro joven de 21 años.

Pelearon por una chica, cuenta Roberto, quien asegura que hay muchachos de su congregación que le platican que en varias secundarias los alumnos van armados sin que los profesores se den cuenta.

Pastores de iglesias evangélicas en Torreón coinciden en que padres de familia también les comentan con frecuencia que niños de secundarias federales y colegios de Bachilleres asisten a clases con una pistola que esconden entre sus ropas o en la mochila.

Foto: AFP

“Son cada día más frecuentes los juegos de niños en las primarias que involucran a personajes del crimen organizado o que juegan con sus compañeritas a ser ’levantadas’ (secuestradas) imitando lo que ven y escuchan de sus familias. La raza cada día busca dinero fácil y se meten al crimen organizado”, sostiene el pastor Moisés.

En junio de 2016, cuando el actual gobernador de Coahuila, Miguel Ángel Riquelme Solís era alcalde de Torreón, anunció su intención de crear el Instituto Especializado para la Atención de Menores Infractores. El proyecto quedó inconcluso.

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