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Jonathan Nácar

jonathanjnd@ejecentral.com.mx

Hacer las cosas siempre con valores, sin dañar a los demás, ni pasar por encima de nadie. Esa es la filosofía de vida de David Becerril, mejor conocido en el mundo del tatuaje como Scrappy Uno, quien hace más de 20 años hizo su primer tatuaje, usando un alfiler y la tinta de una pluma, y hoy es reconocido como uno de los artistas mexicanos más destacados por su especialidad: el “realismo en sombras”.

No le gusta ver noticias. Perderse en libros de fotografías viejas, ver documentales y aprender de culturas prehispánicas se han vuelto sus pasiones. Dice ser un aficionado de la música, pero sigue sin decidirse a comprarse y tocar esa batería que tanto le llama la atención.

Dispuesto a bailar un cumbión guapachoso por encima de un reguetón, pues asegura que lo trae en su ADN, al ser del barrio de Xalpa, en Iztapalapa, Scrappy sigue pensando que su afición por el grafiti y el dibujo lo llevó “accidentalmente” al tatuaje, a dejar la escuela y sumergirse en la cultura chicana; a revalorar nuestras raíces mestizas y el sacrifico de tatuarse con cada trazo.

¿Qué circunstancias de la vida te llevan a dedicarte al tatuaje?

—Estaba en la vocacional, tendría alrededor de 16 o 17 años, y empecé a ver esta cuestión del grafiti en las calles. Jamás había dibujado, ni había pensado en dedicarme a algo del dibujo; entonces, comencé a hacer algo de grafiti que después me llevó a hacer aerografía y terminé haciendo tatuajes, fue una cuestión, digamos, accidental.

“Estaba un día con uno de mis compañeros que actualmente tatúa con nosotros (en Ink Dealers) y se nos ocurrió hacernos un tatuaje; en ese entonces no existían máquinas profesionales y mucho menos una tienda donde pudieras comprar productos para tatuar. Surgió ahí la cuestión de hacernos el tatuaje y con un alfiler y la tinta de una pluma le hice su primer tatuaje, de ahí nos gustó. Posteriormente supimos que podías hacer una máquina con algún motorcito y llegamos a eso”.

Si no hubiera sido el tatuaje, ¿a qué te dedicarías?

—No lo sé (risas). Yo creo que la música. Algo relacionado con la música; me gusta la batería, me gustaría tocar la batería, no lo he hecho, pero es algo que me llama mucho la atención.

¿Hay alguna canción que te describa, cuál es tu favorita?

«No tengo una canción favorita, tengo muchas favoritas. La cuestión es que conforme va pasando el tiempo yo considero que hay una canción que en ese momento siento que me describe, o me vibra más. Es por etapas; de repente sale una canción nueva y resulta que es la que me vibra más, no podría decir que tengo una canción favorita».

¿El tatuar no era una opción de vida?

—Yo ya me había salido de la Vocacional, y entonces estaba trabajando como mesero en un restaurant, y en las tardes era cuando me dedicaba a dibujar, a hacer grafiti, a tatuar. O sea esto lo hacía porque me gustaba no había ninguna intención de dedicarse a esto porque no podías pensar en dedicarte a esto porque era algo de lo que no podías vivir.

¿Cómo es que llegas a definir tu estilo, a hacerte especialista en el realismo en sombras?

Los primeros tatuajes que yo vi siempre fueron rostros de mujeres, indias nativas, letras, las primeras imágenes de tatuaje que yo vi fueron imágenes del estilo chicano. Ellos fueron quienes comenzaron con esas cuestiones de hacer retratos, de hacer realismo, siempre estaban hechas en negro y gris, y eran con líneas muy finas o sin líneas, entonces son como elementos del estilo que posteriormente fue evolucionando hasta llegar a lo que es actualmente es el realismo en sombras.

Y este arraigo a la cultura chicana, ¿cómo surge, qué representa para ti?

—El grafiti venía por ahí mezclado, yo lo percibía así, con cuestiones del grafiti que venía de Nueva York, pero también con el que venía del lado de California, de Los Ángeles, y era una mezcla de letras, con algunos dibujos o especie de murales donde venían esta cuestión de realismo, de retratos.

“A eso hay que sumar que conocí a personas que venían de Estados Unidos, que habían vivido allá y que eran los que tenían este tipo de tatuajes: cholos. Fue lo que me influenció más. Después de algún tiempo, yo me fui a vivir a Estados Unidos, en Laredo, Texas; yo fui a vivir allá porque me invitaron a trabajar a un estudio de tatuajes. Ya llevaba dos años tatuando, dedicándome de lleno en un estudio. Siempre he estado relacionado con esa cuestión de lowriders, de estos carros que brincan, de tatuajes, el estilo de vida, la ropa, la música, siempre estuve envuelto en esa cuestión.

Es evidente tu gusto por la cultura prehispánica. ¿En qué momento empieza este interés?

El investigar sobre las culturas prehispánicas surgió cuando me fui a vivir a Estados Unidos. Resulta que cuando yo vivía aquí ya había visitado museos, pero era porque te mandaban de la escuela; pero cuando me fui a vivir allá es que empiezas a conocer gente que nunca han venido a México y te preguntan, que los aztecas, los mayas, que los museos, que esto que lo otro, y te das cuenta que no sabes nada.

¿Entonces surge de la curiosidad de tus conocidos extranjeros?

—Por así decirlo. Empiezo a documentarme y pues en mi caso me empezó a llamar mucho la atención, y empecé a leer; pase primero cuatro años en Estados Unidos y vine un tiempo a visitar a mi familia y estuve dos o tres meses y en ese tiempo era de ir a museos, comprar revistas, visitar zonas arqueológicas, cada vez que me fui metiendo más.

Con este boom de series y películas de narcos, ¿crees que afecta para que los jóvenes se interesen por nuestras raíces prehispánicas?

«Definitivamente creo que afecta. Es la información que nos están metiendo, nos hacen creer que la realidad es así, es lo que yo pienso. Que para que puedas sobresalir, ser alguien exitoso y vivir mejor esa es la única forma, con cuestiones del narco, abusando de los demás, con cuestiones de violencia, que sólo  por la fuerza es como puedes lograr las cosas».

—Ese bombardeo de series de este tipo es lo que está haciendo que se propague más, como un virus, que muchos jóvenes sea lo que están buscado hacer. Es la información que tienen desafortunadamente.

¿Cuáles son tu aficiones? ¿Qué te gusta hacer cuando no estas tatuando?

—Estoy viendo algún video, algún libro de fotografía, sobre todo fotografía de los ochenta, de los setenta, fotografías viejas, generalmente en blanco y negro; me gusta ver esa cuestión de los contrastes, incluso me gusta ver cómo es que se vestía la gente antes, los escenarios, prácticamente ese es mi pasatiempo.  Las cuestiones prehispánicas es algo que me vibra mucho, me gusta mucho. Entonces, siempre estoy buscando algo relacionado a eso.

¿Qué es lo que más te malvibra? ¿Qué no te gusta nada?

—Pues las noticias, o sea ver la televisión abierta, las noticias, no me gusta hacerlo; la burocracia, me caga esa cuestión de que para realizar un trámite tienes que formarte aquí, ir a hablar allá,  y esto y lo otro para que sea una cuestión que puedes resolver en tres, cinco minutos, eso no me gusta.

Y cuáles serían los aspectos de tu cotidianidad que más disfrutas hacer

«Número uno: tatuar; número dos, escuchar música y tres, ¿qué será?, pues me gusta mucho investigar, ver videos, tutoriales, ver fotografías, me gusta documentarme, aprender».

—Las cuestiones prehispánicas es algo que me vibra mucho, me gusta mucho. Entonces siempre estoy buscando algo relacionado a eso. De repente puede ser que encuentro alguna palabra y busco que significa y eso me lleva a otra cosa, otra cosa y cuando veo ya me metí a muchas cuestiones ahí.

¿Tu filosofía de vida?

—Actuar siempre con lo correcto, con la verdad. Hacer las cosas siempre con valores, hacerlas siempre sin dañar a los demás, sin pasar por encima de los demás.

¿Cerveza o Whisky? 

—Whisky.

¿Fiestero o deportista?

Ninguna de las dos, soy muy de estar en la casa, más relax.

¿Chairo o fifí? 

—En mi mundo la política ni la tomo en cuenta.

«De alguna forma me afecta (la política), es cierto, pero prefiero tomarla en cuenta lo menos posible, no es algo que para mí sea importante. Eso de chairo o fifí, no sé, me dan risa los dos, no me considero dentro de uno».

¿Perreo intenso o un cumbión guapachoso?

—Un cumbión guapachoso, soy de Iztapalapa, al final de cuentas crecí con eso y sí me gusta la cumbia.

¿Tus gustos culposos?

—Pues una cumbia, unos Ángeles Azules, el Grupo Kual.

Ingredientes del tatuaje perfecto:

Uno: el tema del tatuaje. Dos: cliente sano, me refiero a que tenga un piel hidratada, que no esté quemada por el sol, que esté sano, pues. Tres: Lógicamente un buen tatuador. Cuatro: la disposición del cliente a hacerse el tatuaje y soportar esta cuestión del dolor.

“Hay muchas personas que se vienen a tatuar, pero no quieren que les duela, quieren que sea rápido, que sea barato; para mí la base de un tatuaje es un sacrifico, entonces, tienes que pagar el precio y no me refiero a la cuestión monetaria sino todo lo que implica. Hay que asumir ese sacrificio”. 

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