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Héctor Calleros

En marzo de 1968, Polonia celebró un cincuentenario como nación independiente, es decir, como República Popular constituida desde 1918 y en los términos más abstractos posibles. Ese año ejemplifica la lucha humana, la de los unos contra los otros y de cómo “los unos” y “los otros” asumieron sus diferencias y se aprestaron a horadarlas.

En las plazas y las calles de Polonia, el pasado y el dolor bullen a través de las diacrónicas batallas entre los unos con los otros, y cuyos muertos atormentan cotidianamente a los vivos. Pareciera que la fatalidad es un transeúnte más en las calles de Varsovia.

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El líder detrás de la represión. Wladyslaw Gomulka, líder del Partido de los Trabajadores Unidos, junto con el ministro del Interior Mieczyslaw Moczar, desde 1967 lanzaron una campaña de odio contra los judíos de origen polaco que terminó con la expulsión de judíos polacos de Varsovia, derivado un conflicto bélico que enfrentó Israel con una coalición árabe.

En Polonia las conmemoraciones históricas suelen referirse a un pasado próximo: los recuerdos del destierro, de la crueldad y de la rabia se agolpan con la impotencia frente al pasado y el presente, y en 1968 las historias de ambos países transcurrían enmarañadas a la sombra de las potencias atómicas, las protagonistas de la Guerra Fría.

Tanto polacos como checos, cuya coincidencia histórica apuntaba a la invasión de las tropas rusas, buscaban un socialismo con rostro humano, pero la Unión Soviética sentía aires contrarrevolucionarios y ocupaba sus territorios apoyada en los ejércitos de Alemania oriental, Bulgaria, Hungría y la misma Polonia, todos integrantes del Pacto de Varsovia que dejaron una estela fatal de 90 muertos y más de 800 heridos.

Pero 25 años después, Polonia llegaba a 1968 con una población de ocho millones de jóvenes de 15 a 25 años que en marzo se movilizaban por un “socialismo con rostro humano”, por la independencia sin censura.

En respuesta, la represión tomó la forma de encarcelamiento, al enviar a los disidentes más reacios a hacer trabajos forzados en minas y los estudiantes más reaccionarios fueron expulsiones de la universidad. Estas protestas estudiantiles fueron la excusa del gobierno socialista para purgar al partido y al país.

Si la relación entre estudiantes y obreros era la premisa de la solidaridad en Francia, la praxis revolucionaria la dejó como presunción romántica, pues en Polonia, los trabajadores fueron enviados por las autoridades para golpear a los universitarios.

La persistencia del antisemitismo

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PANFLETOS UNIVERSITARIOS. Durante marzo circularon panfletos convocando a los estudiantes a asambleas en la Universidad de Varsovia. El que se muestra en la imagen data del 11 de marzo de 1968.

Pareciera que el último acto contra la humanidad en territorio polaco ocurrió hace 75 años con el levantamiento del Gueto de Varsovia, cuando el 19 de abril de 1943, una banda de judíos polacos decidieron otra forma de interacción entre los unos —ellos— y los otros —los nazis alemanes—, al resistir y morir con dignidad. Pero en marzo de 1968 los estudiantes no sólo tenían frente a sí la lucha contra la censura, sino que enfrentaban una campaña antisemita lanzada por el gobierno socialista y cuyo resultado fue la salida del país de 13 mil ciudadanos de origen judío.

Un espectador y damnificado de los acontecimientos fue el sociólogo, filósofo y ensayista polaco de origen judío, Zygmunt Bauman, quien en su libro Modernidad y ambivalencia registró los hechos, abordó la proximidad humana como problema y explicó las formas de interacción entre “ellos” y “nosotros”: el ostracismo, la estigmatización y el rompimiento.

Y como si fuera una premonición, en 1966, el escritor Isaac Deutscher (The Non-Jewish Jew) se preguntó si sería posible eliminar el rastro de los judíos en Europa del este y pensando en lo que él llamaba “Indios Rojos”, respondía que quedarían rastros, pero su sentido sería limitado como en América.

Según los curadores de la exhibición del Museo de la Historia de los Judíos Polacos, también conocido como POLIN, el cincuentenario de la persecución y la estigmatización que los unos perpetraron sobre los panfleto-2-WEBotros aún se percibe en territorio polaco y fue en este año que el presidente Andrzej Duda solicitó perdón y olvido: perdonar a los polacos y a la Polonia de aquellos años por haber perpetrado aquel acto vergonzoso que representó más que una ganancia una pérdida para el país

Con la exposición Separado: marzo ‘68 y su secuela, del Museo POLIN, se consignó la partida de los judíos polacos en la estación ferroviaria Dworzec Gdański, a consecuencia de las regulaciones motivadas y el hostigamiento colectivo.

Los actos de expiación siguieron su curso, y el 11 de marzo de este año una multitud se congregó en esa estación con el lema “Solidaridad en la verdad, verdad y reconciliación” a fin de rendir homenaje a los desterrados.

Polonia en 1968 representa la conmemoración de las contingencias de la vida y del destino como potencialmente adverso, pero también es un recordatorio de lo amenazante que es el hombre viviendo en sociedad.

Coincidencias durante el primer trimestre de 1968 ocurrieron los principales enfrentamientos entre estudiantes e intelectuales contra los representantes del gobierno de la República Popular de Polonia, lo que también coincidió con los acontecimientos de la Primavera de Praga en su vecina, Checoslovaquia.

Testigo En varios medios DE CORTE comunista se consignaba el estatus de la guerra de Israel contra el mundo árabe, lo que repercutía directamente en la vida de la sociedad polaca en la década de 1960.

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