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Jeremy Scahill / The Intercept

Una muestra del debilitamiento de EU es el educativo. Para 2030, dice McCoy, “no tendremos a los científicos, la tecnología, la innovación que ha sido central para el poder global de Estados Unidos durante tantos años”.

JS: Una de las cosas que me llamaron la atención cuando leí su libro En las sombras del siglo estadunidensefue la frecuencia con que usted predice, basado en datos, en el ejemplo histórico, que Estados Unidos como un imperio va hacia su muerte y escribe sobre eso con un matiz y no pretende conocer el escenario exacto. Una de las cosas que escribe en el libro es: “Los historiadores del futuro probablemente identifiquen la invasión de Irak de George W. Bush en 2003, como el comienzo de la caída de Estados Unidos. Pero en lugar del derramamiento de sangre que marcó el final de tantos imperios pasados ​​con ciudades incendiadas y civiles asesinados, este colapso imperial del siglo XXI podría ser relativamente silencioso a través de los invisibles zarcillos de la contracción económica o la guerra cibernética”.

¿Por qué parece tan convencido de que esto es inevitable, y cómo se prevén los escenarios potenciales para la desaparición de lo que ahora entendemos como el imperio americano?

AM: Hay, creo, múltiples factores que conducen a una decadencia imperial. Si nos fijamos en los aspectos clave de la potencia global de Estados Unidos, se puede ver una disminución de la fuerza en cada uno de ellos. Una de las cosas clave que creo que muy pocas personas entienden, es que después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se convirtió en la primera potencia mundial, el primer imperio en mil años en controlar ambos extremos del vasto continente eurasiático. Ahora Eurasia, esa enorme masa terrestre, es el epicentro de la potencia mundial. Tiene los recursos, las personas, las civilizaciones, tienes que controlar todo eso para controlar el mundo. Y Estados Unidos, a través de la alianza de la OTAN en Europa Occidental y una serie de alianzas a lo largo del litoral del Pacífico con Japón, Corea del Sur, Filipinas y Australia, controlaron los extremos axiales de la masa continental eurasiática.

Y luego enlazamos eso con capas de poder, tratados de defensa multilateral, comenzando con la OTAN en Europa, los tratados ANZUS y a SEATO con Australia, el Tratado de Seguridad Mutua de Japón, el Tratado de Seguridad Mutua de Corea del Sur. Y luego teníamos flotas, teníamos la Sexta Flota en el Mediterráneo, la Séptima Flota en Subic Bay Filipinas, más tarde la Quinta Flota en el Golfo Pérsico. Teníamos cientos de bases militares. Al final de la Guerra Fría tenemos cerca de 800 bases militares en el extranjero.

La mayoría de ellas estaban dispuestas alrededor de la masa continental eurasiática. En los últimos 10 años, a medida que la tecnología de aviones no tripulados se ha desarrollado, hemos puesto la capa más reciente sobre eso, que son las bases de aviones no tripulados. Hay 60 bases de aviones no tripulados que se extienden desde Sicilia hasta la base aérea de Andersen en Guam y que, dada la gama de los drones más poderosos, el Global Hawk,  Predator y Reaper, y su capacidad de fuego, los ha vuelto uno de los pilares clave de la arquitectura del poder de Estados Unidos.

Y esos pilares están empezando a desmoronarse. La alianza de la OTAN se está debilitando bajo la administración Trump, con el aumento de la presión rusa sobre esa alianza, pero más particularmente, por nuestra incapacidad de controlar a esos aliados críticos a lo largo del litoral del Pacífico está empezando a debilitarse. Jeremy, su organización, The Intercept, tuvo, en abril pasado, un documento muy importante que filtró la transcripción de esa conversación telefónica entre el presidente Trump y el presidente Duterte de Filipinas, que debería haber tenido cobertura de primera plana en todo el mundo, especialmente en EE.UU. Tuvo buena cobertura, pero no que merecía.

Si lees atentamente esa transcripción, puedes ver el declive de la potencia estadunidense a lo largo del litoral del Pacífico. Donald Trump tiene un demagogo en la persona de Rodrigo Duterte, el presidente de Filipinas, que ha matado a unas 8 mil personas en su llamada guerra contra las drogas —gente incendiada, cuerpos arrojados en las calles de Manila y Cebú y en otras partes del país, y Trump lo llama, felicita e intenta vincularse con él, ya sabes, de autócrata a autócrata. Y luego Trump cambia la conversación y dice: “Bueno, tenemos este problema en Corea. Kim Jong-un no es confiable.” Y Duterte dice: “Voy a llamar a China, hablaré con Xi Jinping sobre eso”. Y Trump dice “Tenemos algunos submarinos muy poderosos, que enviaremos a la zona.

Y está claro que Trump está tratando de cortejar al hombre, tratando de impresionarlo con la fuerza de EE.UU., y cada vez que Trump trata de hacerlo, Duterte responde, “Voy a llamar a China”. Es una clara indicación de la creciente potencia de China a lo largo de ese litoral del Pacífico. Además, China ha estado llevando a cabo una estrategia geopolítica muy hábil, la llamada estrategia “Un cinturón, una carretera” o “Ruta de la Seda” en la que ha gastado un billón de dólares de los dos billones que pretende gastar para la creación de infraestructura gigantesca de carriles y gasoductos y oleoductos que integrarán a toda la masa continental eurasiática. En la escuela aprendimos que Europa y Asia son dos continentes separados, pero no lo son, sólo estaban separados por las grandes distancias, los pasos en el desierto que parecen dividirlos. China estableció, a través de una inversión de un billón de dólares, una serie de oleoductos que están trayendo energía de Asia Central a través de miles de kilómetros hacia China, desde Siberia hasta China.

También China ha construido siete bases en el Mar de China Meridional y están tomando el control de éstas —gastó más de 200 millones de dólares en la transformación de un pueblo pesquero en el Mar Arábigo llamado Gwadar, en Pakistán, en un importante puerto moderno–. También tienen instalaciones portuarias en África. Y a través de estas instalaciones portuarias están cortando esos círculos de acero que Estados Unidos creó para unir y mantener esos dos extremos axiales de Eurasia. Así que vemos cómo los extremos axiales de Eruasia comienzan a desmoronarse debido a la inversión de China, su desarrollo, la mala gestión de nuestras relaciones y las tendencias a largo plazo. Nuestro poder, nuestro control sobre ese continente crítico se está debilitando, y el control de China está aumentando poco a poco inexorablemente y eso va a ser un importante cambio geopolítico. Una que va a debilitar a Estados Unidos y fortalecer a China.

JS: Usted ha escrito: “Todos los datos económicos, educativos y tecnológicos disponibles indican que cuando se trata del poder global de Estados Unidos, es probable que las tendencias negativas se precipiten rápidamente en 2020 y puedan alcanzar una masa crítica a más tardar en 2030. El Siglo estadunidense, tan triunfantemente anunciado al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, estaría arruinado y desvanecido para el 2025 y podría ser cosa del pasado para 2030”. ¿Cómo ve eso y qué significa para Estados Unidos en el mundo, pero también para los estadunidenses ordinarios?

AM: Están los cambios geopolíticos que acabo de describir, pero el otro factor son las tendencias a largo plazo, las cuestiones de la desaceleración económica, la fuerza económica de EE.UU. Poco a poco, China está superando a Estados Unidos como la potencia económica número uno. Ésa es una tendencia a largo plazo. Por lo tanto, China tendrá los recursos para invertir en tecnología militar.

Además, hablamos del desmantelamiento de la infraestructura de Estados Unidos, algo de lo que nadie habla muy seriamente de una manera sostenida es la infraestructura intelectual del país. La OCDE, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, el club de los países ricos, lleva a cabo estas pruebas cada dos años, las pruebas PISA y las pruebas a los niños de 15 años. En las últimas rondas de pruebas, los estudiantes de Shanghai se han colocado en primer lugar en matemáticas, ciencias y alfabetización.

En matemáticas y ciencias, los estudiantes estadunidenses han ocupado algún sitio entre el 20 y el 30. Y podrías decir, “¿A quién le importa un montón de niños de 15 años con aparatos ortopédicos, mochilas y acné?” Los niños de 15 años van a tener entre 20 y 30 años. Van a ser los científicos súper inteligentes y los ingenieros que desarrollen la tecnología de vanguardia. Tecnología, por ejemplo, como las comunicaciones de fotones. China evidentemente va a liderar en esto, lo que significa que China puede comunicarse con sus satélites y todo su aparato cibernético y militar sin temor a que sea comprometido. No hemos desarrollado el mismo nivel de comunicaciones de fotones que China. Estamos mucho más vulnerables a ser secuestrados y manipulados.

Hay más ejemplos como éste en el poder militar bruto. El tipo de erosión de los estándares educativos de los Estados Unidos dentro de 10 o 15 años puede tener algunas implicaciones muy serias para nuestra tecnología militar. Significa que no tendremos a los científicos, la tecnología, la innovación que ha sido central para el poder global de Estados Unidos durante tantos años. Ese debilitamiento y los cambios geopolíticos generan movimientos invisibles en el panorama de la estructura de poder. Y luego están los cambios tecnológicos y educativos que implican todo tipo de formas para que Estados Unidos pierda el poder. Será de forma paulatina o estrepitosa, pero para el 2030, nuestro dominio global será cosa del pasado.

JS: ¿Y eso es, en su opinión, algo malo?

AM: Lo es. Si lo piensas, hemos tenido imperios en el mundo durante unos 4,000 años. Algunos han sido más benignos y benéficos, otros han sido absolutamente brutales. Si quieres el imperio más brutal en la historia humana, pienso que fue el imperio nazi en Europa. Era un imperio, saqueó y explotó a los trabajadores. Fue el imperio más brutal de la historia humana y se derrumbó. El imperio japonés en Asia, que era posiblemente el mayor imperio de la historia, es el subcampeón en brutalidad y se derrumbó. El imperio británico era relativamente benigno. Sí, era un poder global, hubo muchos excesos, muchos incidentes, pero cuando todo terminó, dejaron el sistema parlamentario de Westminster, dejaron el lenguaje global, dejaron una economía global, dejaron una cultura deportiva, crearon artefactos como la BBC.

El imperio de Estados Unidos ha sido similar, hemos tenido nuestros excesos, Vietnam, Afganistán. Hemos tenido también muchos problemas con el ejercicio del poder, pero hemos defendido los derechos humanos, el mundo ha tenido 70 años de relativa paz y muchas guerras de tamaño mediano, pero nada como la Primera Guerra Mundial y la Segunda Guerra Mundial. Ha habido un aumento en el desarrollo global, el crecimiento de una economía global, con muchas desigualdades, sin embargo, transnacionalmente, una nueva clase media está surgiendo en todo el mundo. Hemos defendido los derechos laborales y protgido al medio ambiente. Nuestros poderes sucesores, China y Rusia, son regímenes autoritarios. El de Rusia es autocrático, el de China es un régimen comunista legado. No representan ninguno de estos principios liberales.

Así que tendrás un ejercicio de poder propio de la realpolitik, todas las desventajas con ninguna de las ventajas, con ninguno de los desarrollos positivos. Quiero decir que hemos defendido los derechos de las mujeres, los derechos de los homosexuales, el progreso humano, la democracia. Nos ha fallado la eficacia, pero hemos defendido esos principios y los hemos hecho avanzar. Así que hemos sido, en la escala de los imperios, comparativamente benignos y benéficos. Y no creo que las potencias sucesivas vayan a ser así.

Además, va a haber implicaciones para Estados Unidos. Más visiblemente, creo que cuando el dólar ya no sea la moneda de reserva mundial, sin precedentes y preponderante, el gran juego imperial terminará. Mira, lo que hemos podido hacer durante los últimos 20 años es que enviamos al mundo nuestro brillante y colorido papel moneda o nuestros bonos y recibimos dinero a cambio o nos dan petróleo y automóviles y computadoras y tecnología. Conseguimos mercancías tangibles y conseguimos dinero real. Debido a la posición del dólar. Cuando el dólar ya no sea la moneda de reserva global, el costo de los bienes en los Estados Unidos va a dispararse.

No podremos viajar por el mundo como lo hacemos ahora. No podremos disfrutar del nivel de vida que tenemos ahora. Habrá muchas tensiones que van a ocurrir en la sociedad a partir de lo que será una gran reescritura del contrato social estadunidense. Esto no será agradable. Y sin duda, creo que es posible que, si miramos hacia atrás, podamos ver la elección de Trump y todos los problemas del gobierno de Trump como una manifestación de este declive imperial.

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