Foto: Cuartoscuro

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AFP

TAPACHULA, México. Confundidos entre la marea de migrantes centroamericanos que inunda el sureño estado de Chiapas, otros viajeros, de regiones más remotas, protagonizan un éxodo inadvertido por las autoridades migratorias locales y estadounidenses.

En ciudades como Tapachula y otras cercanas a la frontera entre México y Guatemala, una presencia importante de ciudadanos de países de África, pero también de la India y Bangladesh, buscan llegar a Estados Unidos.

Autoridades mexicanas tienen contenidos a varios de ellos en la Feria Mesoamericana, una instalación migratoria alterna en un parque de Tapachula, donde esperan una visa que les permita continuar su camino o quedarse en México.

«Mi historia es muy larga, en mi país la gente está peleando», dice a la AFP un ciudadano del Congo que evita dar su nombre mientras vuelve de una tienda de conveniencia cercana con bolsas repletas de alimentos.

La República Democrática del Congo (RDC) atraviesa desde hace dos décadas un cruento conflicto armado que ha desplazado a unos 4.5 millones de congoleños, de los cuales cientos de miles abandonaron el país, según ACNUR. Muchos de ellos buscan llegar a Estados Unidos donde tienen facilidades para solicitar asilo.

«Por eso abandoné mi lugar y por eso estoy aquí», dice en inglés entrecortado antes de regresar rápidamente a las instalaciones.

Las autoridades mexicanas tienen restringido el acceso al albergue donde activistas calculan que hay más de mil migrantes que no son centroamericanos.

Un oficial de seguridad dijo que se requiere un permiso especial para hablar con ellos y el Instituto Nacional de Migración (INM) no estuvo disponible para comentar al respecto.

Vulnerables

La AFP pudo observar que durante el día muchos migrantes brincan un muro para comprar alimentos en las tiendas cercanas y volver al albergue rápidamente sin ser vistos.

Al igual que los migrantes de Centroamérica, esperan una visa que les permita seguir su camino, aunque el gobierno mexicano ha dicho que ahora otorga el documento más «selectivamente» y varias personas pasan semanas esperándolo.

«No hay una solución a sus casos. A través de una presión psicológica hacen que ellos desistan de llegar hacia el norte», dice Luis Rey Villagrán, un activista que trabaja a favor de los migrantes.

«Lo que ellos quieren es migrar, caminar y es lo que a toda costa quiere evitar el Instituto Nacional de Migración», agrega.

Villagrán señala que muchos de ellos no hablan inglés, español o francés, lo que hace difícil a las autoridades migratorias comunicarse adecuadamente con ellos.

Un hombre procedente de Eritrea cuenta en inglés precario que llegó vía aérea a Brasil y de ahí siguió su camino a México.

«Hay problemas políticos en Eritrea, por eso llegué», dice mientras espera afuera de una tienda de comestibles cercana al albergue. Al igual que otros migrantes, evita dar su nombre y hablar frente a una cámara de video. 

Varados en el sur

Varios migrantes africanos estaban varados afuera de la estación migratoria de Tapachula, de donde más de 500 cubanos se fugaron el jueves pasado, aunque posteriormente fueron trasladados al albergue de la Feria Mesoamericana.

Como en otros albergues del país, muchos permanecen solo acostados en el piso, mientras otros miran sus teléfonos celulares. Más temprano, se escucha un canto religioso de un grupo de mujeres.

Al igual que los migrantes de Centroamérica, se han encontrado con que México endureció sus políticas migratorias a través de redadas, detenciones y un paso más restringido por el norte del país.

México dice que ha enfrentado un aumento «insólito» en el número de migrantes, principalmente centroamericanos, con unos 300.000 cruzando el país en los últimos tres meses.

La mayoría busca llegar a Estados Unidos, pese al rechazo del presidente de ese país, Donald Trump, que los considera una amenaza para la seguridad.

Por ello, Trump presiona a México para que detenga a los migrantes bajo amenaza de cerrar su frontera, lo que golpearía el millonario comercio bilateral, afectado ya por la decisión de Washington de reasignar 2.000 agentes aduaneros al control migratorio, lo que ha retrasado el cruce de mercancías. MM

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