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Bet Birai Nieto

En el mundo hay cerca de 800 millones de personas que pasan hambre y dos mil millones más sufren alguna forma de desnutrición; en contraste, más de un tercio de la población adulta del planeta es obesa y un tercio de los alimentos que se producen se pierden o desperdician, según el Índice Global de Hambre: las desigualdades, elaborado por el Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias, en conjunto con la organización alemana Welthungerhilfe y Concern Worldwide.

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Aunque la desnutrición diaria es una forma menos visible del hambre, afecta a muchas más personas, desde sitios como Sierra Leona y Níger, en África, hasta los pueblos de las montañas de Bolivia y México. Nuestro país está clasificado en el lugar 23 de 119 con un ranking de 9.9 puntos, que equivalen a un bajo nivel de insuficiencia alimentaria.

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›Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el hambre ataca con mayor agresividad a los niños, debilitándoles el sistema inmune y haciéndolos vulnerables a morir por infecciones comunes como el sarampión y la diarrea.

El Índice Global de Hambre combina cuatro indicadores para determinar sus resultados: prevalencia de desnutrición, retraso en el crecimiento del niño (baja estatura), pérdida de niños (bajo peso para la altura) y mortalidad infantil.

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Los países son clasificados en una escala de 100 puntos, siendo cero la mejor puntuación, es decir, que no existe hambre, mientras que 100 es la peor; es decir, cuanto más alto es el índice, peor es su situación alimentaria.

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