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Redacción ejecentral

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MARÍA IDALIA GÓMEZ | @Gosimai

La última semana le costó al bloque de búsqueda, de la Marina y el CISEN, ni dormir ni comer. Estaban  muy cerca de Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”, y era el momento de capturarlo, porque habían logrado su objetivo, que saliera de la sierra donde estuvo escondido poco más de cinco meses.

La detención de tres de sus escoltas en octubre pasado, cuando estuvieron a punto de capturar al capo en la zona del llamado Triángulo Dorado, permitió tener los primeros datos muy certeros sobre su equipo de seguridad, sus movimientos, el equipo que usaba para moverse y el tipo de alimentos y vínculos que mantenía.

A partir de entonces se logró ubicarlo y seguir sus pasos, con un margen de error de sólo unas horas de diferencia. Se movía constantemente en la sierra, permanecía poco tiempo en las comunidades en las que se alojaba, no más de dos semanas. En la zona gozaba de la protección de pobladores y de su seguridad, la más cercana era de 10 hombres, la perimetral sumaban 20, estos últimos eran los que revisaban los lugares de alojamiento antes de la llegada, los que proveían de alimentos y cambiaban de equipo de comunicación.

El Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN) y un equipo de alto nivel de la Armada de México, con la asesoría de personal de Colombia y Estados Unidos, mantuvieron desde julio pasado el seguimiento a El Chapo. Este era el que se identificó como el bloque de búsqueda de Guzmán Loera.

A partir de información recabada por EJE CENTRAL en distintas fuentes muy cercanas al caso, logramos presentarle los primeros datos de cómo fue capturado el capo más conocido de México.

Las intervenciones telefónicas y el seguimiento al personal de seguridad, fue el punto crucial. Cerraron las pinzas las investigaciones de la Procuraduría General de la República (PGR), que eran compartidas en una mesa de análisis dentro del Gabinete de Seguridad.

La operación en el terreno, que era responsabilidad de la Marina, era acompañada por sus agentes de inteligencia y del CISEN. Desde octubre, al conocer sus pasos, se discutió en varias ocasiones la captura de el líder del Cártel de Sinaloa.

El riesgo de implementar la captura en la sierra era que difícilmente lo recuperarían con vida, por lo difícil de la zona. Por eso se decidió bajar el perfil para que se confiara Guzmán Loera y, sabiendo que no quería permanecer en esa zona, sin su familia ni disfrutando de comidas y bebidas como a él le gustaba, de acuerdo a su propia escolta.

Mordió el anzuelo. El rastreo identificó su movimiento la semana pasada. Desde entonces los analistas, los vigilantes, los interventores de teléfonos no volvieron a tener descanso.

«El Chapo», confirmaron, salió de la sierra y se dirigió a Los Mochis. Llegó con el hombre de toda su confianza: Orso Iván Gastélum Cruz, a quien años atrás envió a recuperar la zona norte de Sinaloa, a sangre y fuego, y lo logró.

Gastélum Cruz, hombre leal y sicario de origen, a quien le mataron a su novia, la Miss Sinaloa, por lo que declaró la guerra a las autoridades, ascendió en el Cártel de Sinaloa con el apoyo de El Chapo, hoy está detenido a su lado.

La Marina, en una operación cerrada, se dirigió primero contra el equipo de seguridad, pensando que allí estaría «El Chapo». En la madrugada, cerca de las tres, ya estaban listos y se dio la autorización.

Cerca de las cuatro de la mañana, los elementos embozados y con sus armas listas, llegaron a un domicilio y allí los recibieron a balazos, el intercambio duró más de dos horas, tiempo suficiente que le permitió a «El Chapo» y a Gastélum Cruz huir, nuevamente, por el subsuelo, las alcantarillas.

Identificaron al equipo de seguridad, cinco murieron y seis fueron detenidos, algunos de ellos con lesiones menores. Fue entonces que confirmaron que Guzmán Loera había estado allí, ahora sólo tenían que continuar su rastreo.

Iniciaron una serie de cateos por distintos inmuebles, desplazaron dos helicópteros y no dejaron una alcantarilla y desagüe sin revisar. Ubicaron el auto que logró abordar al salir del desagüe y se refugió en un hotel, hasta donde llegó con Gastélum Cruz, en lo que lograban obtener apoyo, pero antes llegó la Marina. No opusieron resistencia, la orden de Guzmán Loera fue rendirse.

La hora de la captura aún no es precisa, pero en cuanto lo tuvieron sometido reportaron a sus superiores que al parecer se trataba de Guzmán Loera, pidieron antes de informarlo oficialmente al presidente, verificaron su identidad, aunque el mismo detenido reconoció que era él. De todas formas revisaron huellas, lo revisó un especialista y en menos de una hora, cerca de las 10 de la mañana, ya estaba confirmado, era el líder del Cártel de Sinaloa.

Los Mochis, una ciudad aún pequeña, prácticamente se paralizó, no hubo clases y se reportaron ausencias en algunos trabajos, por la intensidad de los disparos y el desplazamiento de los efectivos navales. No sabían que ese operativo fue para detener al capo.

De inmediato Guzmán Loera fue llevado a instalaciones seguras, donde se le practicó un examen médico y se le tomaron fotografías. La búsqueda de otros integrantes continuó hasta las 12 del medio día, ese rastreo también permitió identificar si existía la intención de rescatarlo, por parte de algún grupo de sicarios, porque faltaban por ubicar por lo menos 10 elementos de su seguridad. Pero la ciudad estaba detenida y ningunos civiles armados intentaron liberar a su jefe.

Por la tarde se espera que arribe a la Ciudad de México, en donde será llevado a una prisión de máxima seguridad.

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