Dolia Estévez

Latinoamérica es terreno fértil para las campañas masivas de desinformación del Kremlin y México, por su histórico resentimiento antiestadounidense y ambiente permisivo, uno de sus ejes principales, de acuerdo con una nueva investigación que detalla la “guerra híbrida” o no lineal, que libra Rusia en la región con el objetivo de recuperar su estatus de potencia mundial y erosionar la confianza en el orden democrático occidental.

Elaborado por Douglas Farah y Román Ortiz y publicado por el Instituto para la Paz, el reporte Las Campañas de Influencia Rusa en Latinoamérica, demuestra cómo Rusia, valiéndose de los medios estatales Actualidad RT y Sputnik Mundo, de sus sucedáneas Telesur (venezolana) y HispanTV (iraní), y de influencers, redes sociales, portales y medios locales alineados, ha construido un enorme ecosistema de información falsa, desinformación y tergiversación destinado a legitimar narrativas, amplificar mensajes y publicar contenidos camuflados.

El discurso tiende a ser más antiestadounidense que abiertamente prorruso: Estados Unidos está detrás de la crisis alimentaria, apoya a “nazis” en Ucrania, busca perpetuar el neocolonialismo, su meta es la extracción de recursos naturales, se opone a un mundo “multipolar”, etc. 

El mensaje apela al populismo tanto de izquierda como de derecha. “Esta serie de cámaras de resonancia por actores—casi siempre “súper esparcidores” experimentados y disciplinados—promueven narrativas que van mucho más lejos de lo que tradicionalmente se mide sobre la influencia rusa”, alerta el documento del centro de estudios apartidista con sede en Washington. 

En entrevista, Farah me dijo que el afán de Andrés Manuel López Obrador por “enfadar” a Estados Unidos, su “ambivalencia” frente a Ucrania, en el mejor de los casos, y la enorme infraestructura de la embajada rusa, cada vez más agresiva y contestataria, abonan en la guerra híbrida del Kremlin. “Hay una resonancia profunda de sentimientos antiamericanos que Rusia aprovecha sin que haya necesariamente un vínculo formal. Dada su tendencia autoritaria, la afinidad con AMLO es más bien ideológica”. 

Las embajadas rusas, subraya el reporte, son núcleos clave en las operaciones de influencia y los embajadores, jugadores esenciales. A diferencia de Estados Unidos, explica Farah, Rusia cuenta con un pequeño núcleo de embajadores cercanos a Moscú que, como un juego de sillas musicales, son rotados constantemente. Dominan el español y el portugués, conocen las idiosincrasias de los pueblos, han estado en la región durante décadas, tienen sus propias redes de amigos y aliados políticos, saben qué teclas tocar, son muy activos en plataformas sociales y tienen acceso directo a periódicos de circulación nacional para dar entrevistas y difundir propaganda disfrazada de “artículos de opinión”.  

Nikolay Sofinskiy, nuevo enviado de Vladimir Putin, recientemente publicó bajo su firma en La Jornada y El Universal. Fue embajador en Argentina cuando las autoridades decomisaron 400 kilos de cocaína en una instalación de la embajada rusa en 2018 (Clarín). Viktor Koronelli, su antecesor en México, fue enviado a Cuba donde ahora ayuda a reclutar cubanos para pelear contra Ucrania (Reuters).

De acuerdo con el análisis, RT se ha incrustado en el panorama mediático de los países. Un ejemplo son los premios otorgados por el Club de Periodistas de México a sus corresponsales Borís Kuznetsov, Mauricio Ampuero y Simón Sénderov, por su cobertura sobre la invasión rusa en Ucrania. En la ceremonia en diciembre, que contó con la asistencia del vocero presidencial Jesús Ramírez, el todavía embajador Koronelli dijo que los galardones “avalan nuestra lucha contra el régimen terrorista de Kiev”. A través de acuerdos, RT comparte contenidos con medios nacionales, pero se desconocen los términos más allá de saberse que son gratuitos. Los portales mexicanos que más consumen su material respaldan abiertamente a AMLO. 

Entre los influencers regionales, el reporte destaca al chileno Pablo Iglesias Turrión, a la rusa Inna Afinogenova, al español Pablo Jofré Leal y al colombiano Alexis Castillo, muerto en Ucrania defendiendo a Rusia. Afinogenova, la más conocida, fue invitada por la UNAM a impartir una “conferencia magistral” sobre la “derecha mediática” latinoamericana en noviembre pasado. 

La campaña, concluye el estudio, parece haber logrado el objetivo de sus estrategas, que no fue detonar una avalancha de apoyo a la invasión rusa, sino promover una “calculada neutralidad” que llevara a los países a deslindarse de la postura de Washington. La “neutralidad” es una victoria para Rusia en un continente donde los lazos históricos, culturales y económicos de Estados Unidos exceden con creces los de Rusia. 

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