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Jonathan Nácar

Lunes, 6:00 de la mañana. La rutina de Francisco, vecino de la colonia Granjas México está por cambiar drásticamente. Al salir de su casa sobre la calle Cafetal, Paco, como prefieren que le digan, amanece con la noticia de que su auto, un Aveo modelo 2014, que ha estacionado afuera de su casa desde que lo compró, sigue en el lugar donde suele estacionarlo, pero sin llantas.

Los cuatro neumáticos han desaparecido y en su lugar dejaron un par de tabiques en cada extremo. Como suele ser costumbre en estos casos, ningún vecino alcanzó a ver nada. Paco ya tiene el día arruinado, pues su auto era el medio que tenía para trasladarse y llegar a más tardar a las 7:15 a la oficina donde trabaja en Santa Fe. La agencia del Ministerio Público Iztacalco 2 está a ocho minutos de su casa caminando, pero el sólo intento de denunciar sería en vano, pues a causa de la pandemia la representación está cerrada y el trámite tendría que hacerlo primero por internet. Será después, porque el tiempo corre y hay que pedir un taxi que le cobrará al menos 200 pesos, pues para colmo ahora no le tocó hacer ‘home office’.  

Durante el 2020, historias similares al caso de Paco -quien finalmente señaló que aunque levantó la denuncia en línea desistió en seguir con el procedimiento porque le implicaba un tiempo con el cual no contaba por motivos laborales-, se mantuvieron con una alta incidencia. 

Aunque la disminución generalizada en la incidencia de delitos patrimoniales (robos principalmente) a causa del confinamiento por la pandemia de Covid-19, se ha consolidado como un registro para presumir una baja en la criminalidad del país por parte de las autoridades, los datos oficiales reflejan que otros no registraron precisamente bajas. 

En el caso particular del robo de autopartes, las cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) indican que al cierre del año pasado, cada día en promedio se registraron al menos 48 robos de este tipo en el país, 47 de los cuales, como en el caso de Paco, ocurrieron sin violencia. 

La cifra refleja una baja respecto a los registros anuales de los últimos dos años (2018 y 2019), pero difiere en cuanto a la incidencia de los robos que se cometieron con violencia, pues a diferencia de lo registrado en 2018 la incidencia de este delito se elevó en más de un 186%, al pasar de 166 carpetas de investigación nivel nacional en ese año, a las 475 con las que cerró 2020. 

Se trata de un delito en el que si bien se cuenta con un registro oficial, es sólo a partir de las denuncias que las víctimas realizan como puede resultar cuantificable o medible su ocurrencia, pues en el caso de la llamada ‘cifra negra’ (aquellos delitos que no se denuncian, como el caso de Paco) resulta complejo el obtener una estimación aproximada sobre la incidencia. 

Al respecto, Norma Alicia Rosas Rodríguez, recién nombrada directora general de la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS) señaló que la solidez de las estadísticas en cuanto a la incidencia de robo de autos, así como el caso de las autopartes, cuentan con el respaldo de un acta del Ministerio Público, derivado de una denuncia previa.

Yo te diría que somos de las estadísticas más sólidas y respaldadas, y creo que tendríamos esta cifra negra, como se menciona, particularmente por todos los requisitos que se solicitan para poder pagar los siniestros”, refirió Rosas Rodríguez a pregunta expresa de ejecentral durante la conferencia de prensa sobre el robo y recuperación de vehículos asegurados con corte al 2020 en población asegurada, realizada el martes 9 de febrero.

En todo caso, añadió Juan Patricio Riveroll, vicepresidente de la asociación: “esa cifra negra sí debe existir en todos los autos que no están asegurados”, pues explicó que todas aquellas personas que no tienen asegurado su vehículo carecen de mayores posibilidades para recuperarlo, como ha sido el caso con la incidencia del robo de autopartes, pues mientras organizaciones como la AMIS cuentan con las posibilidades para darle seguimiento a cada vehículo robado, “tratar de ubicarlos y en cuanto se ubica intentar recuperarlos, (sin contar con un seguro) no son procesos sencillos”. 

Respecto a las causas en la baja del número de autos robados en el país durante el año pasado, que en promedio diario llegó a los 158 vehículos robados (lo cual implicó una caída en la incidencia del 20% respecto a los registros de 2019, pero que en comparación con la incidencia de los últimos seis años aumentó en conjunto 12.1 por ciento), Edgar Karam, también vicepresidente de la AMIS precisó a este diario:

Cuando hay una menor circulación, hay menos exposición. Si el auto está guardado en un estacionamiento, ya sea en la casa, en la oficina o en las empresas porque está cerrada la actividad comercial, evidentemente en el momento en que no hay circulación hay menos riesgo, al haber menos exposición. Nosotros en las compañías de seguros siempre hacemos recomendaciones sobre el cuidado del vehículo: primero que esté asegurado, porque siete de cada 10 autos no tienen un seguro, ese es un tema”, reconoció. 

La criminalidad se abre camino

Si bien la incidencia de algunos delitos patrimoniales, como es el caso del robo de vehículos, robo a casa habitación y robo a negocios, registraron disminuciones en su incidencia, a excepción de crímenes como los homicidios dolosos, extorsiones y feminicidios que se mantuvieron al alza o en una incidencia alta en 2020; sí hubo otras modalidades de robo que se mantuvieron en niveles de incidencia agudos, y en algunos casos incluso repuntaron. 

Tal es el caso del robo a transeúnte en espacio abierto público, una modalidad en la que las cifras del SESNSP advierten un incremento por arriba del 20% en la incidencia a nivel nacional, pero en el caso de los robos que se cometieron con lujo de violencia, el aumento alcanzó el 36 por ciento, pues se pasó de un promedio diario de siete denuncias en 2019, a al menos nueve para el año siguiente.  

Otros delitos que no disminuyeron por la baja circulación fueron los de robo de maquinaria, de herramienta industrial o agrícola, hurto de cables, de tubos y otros objetos destinados a servicios públicos. En consecuencia, las proyecciones para el año en curso no son del todo favorables.

En el caso del robo de maquinaria, el cual afecta principalmente al ramo de la construcción, la incidencia advierte un aumento sostenido desde 2018 cuando se registraron mil 57 casos, Esto repuntó el año siguiente (2019) en mil 170, para que finalmente el 2020 cerrara con mil 539 expedientes abiertos por ese delito. Es decir, los registros de las fiscalías y procuradurías del país durante el año pasado implican que a diario se denunciaron al menos cuatro robos de este tipo en promedio. 

Pero, al igual que en el caso del robo de autopartes, el alza en la incidencia de esta modalidad de robos no resultó parecido en cuanto al levantamiento de denuncias ni en cuanto al seguimiento de estos casos por parte de las autoridades. 

En diciembre pasado los integrantes de la Asociación Mexicana de la Industria de la Construcción dieron a conocer que su delegación en Veracruz decenas de sus socios habían sido víctimas del robo de maquinaria pesada. “Sus denuncias no avanzan y no hay detenidos; por el contrario, cada vez hay más robos imparables en la región de Veracruz”, advirtió entonces Francisco Germán Revilla Aguilera, presidente de la delegación estatal de la AMIC. 

Otro caso similar es el que el martes 9 de febrero se dio a conocer que un grupo de personas causó daños y se robó el cableado del equipo de bombeo del pozo “Jacarandas II”, causando afectaciones en el suministro de agua en al menos 14 colonias de la zona norte de la capital de San Luis Potosí. 

Sobre el caso, los encargados del Organismo Intermunicipal Metropolitano de Agua Potable, Alcantarillado, Saneamiento y Servicios Conexos de la capital potosina informaron que presentaron una denuncia ante el Ministerio Público por el robo de cables y parte del equipamiento que resultan esenciales para el funcionamiento del sistema de bombeo de agua y en consecuencia para poder suministrar el recurso. Sobre la denuncia, refirieron las autoridades, no se cuenta con información sobre la cantidad de responsables. 

Lo ocurrido en San Luis Potosí se trata de un reflejo de las poco más de 800 denuncias que se presentaron en el país por motivo del “robo de cables, tubos y otros objetos destinados a servicios públicos”, como se especifica en el registro del Secretariado. Aunque podría entenderse como una incidencia baja a nivel nacional, el número de carpetas en 2020 significó incrementos del 79 y 26 por ciento en comparación con los registros de 2019 y 2018 en el país respectivamente. 

A nivel nacional el mayor incremento en la frecuencia de este delito, justamente como ocurrió en el caso de Jacarandas II, se dio en la modalidad “sin violencia”, pues de los 392 casos que se registraron en 2018, para el año siguiente la incidencia se incrementó a 414 carpetas, en tanto para el cierre del año pasado el número de robos se disparó en 795, lo que equivale a más del 96 por ciento de la incidencia total. 

Riesgos por venir 

La prospectiva en cuanto a la incidencia delictiva para este 2021 no es alentadora. De acuerdo con los “Riesgos para la Seguridad en México” para este año, un análisis que elaboró la consultora especializada en seguridad Dataint en el panorama de la seguridad pública se advierte un incremento conforme al eventual avance del desconfinamiento de la actividad comercial de algunos delitos de alto impacto. 

Considerando que los niveles de violencia durante 2020, pese al resguardo social, se mantuvieron en general en indicadores similares a los años 2019 y 2018, la consultora prevé que: “es muy probable que la criminalidad común —como los robos— permanezca en niveles bajos el primer semestre de 2021. No obstante, el deterioro de la economía podría eventualmente generar un repunte”. 

En ese sentido, los datos que arroja la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) 2020, que cada trimestre actualiza el Inegi, indican que los índices de inseguridad repuntaron para el segundo semestre de 2020.

Sobre lo que refirieron los encuestados para dicho periodo, las estadísticas señalan que al desagregar la incidencia por tipo de delito, el ilícito que tuvo el mayor incremento fue la extorsión. Según el conteo de víctimas del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en 2020 cada día hubo un promedio de siete personas que fueron extorsionadas. 

Las ocho mil 378 víctimas de extorsión con las que cerró el 2020, implican una baja nacional del 6.9% con respecto a las personas extorsionadas en 2019, que alcanzó las nueve mil 003. Pero también implicó un aumento de más del 21% en comparación con seis mil 895 víctimas de ese delito que hubo en 2018. 

A la par del aumento en la incidencia de las extorsiones, la encuesta del Inegi reflejó también un incremento en cuanto a los casos de robos o asaltos en la calle, así como a los pasajeros del transporte público. Asimismo se ubicaron alzas en cuanto al reporte del robo parcial de vehículo (es decir autopartes), y la incidencia de los robos en casa habitación. 

El incremento de estos delitos coincide con la reactivación de algunas actividades económicas y el relajamiento de medidas de confinamiento o distanciamiento social durante el segundo semestre de 2020. Como hipótesis de trabajo, se puede decir que al haber mayor flujo de personas y más actividades económicas, aumentan las oportunidades para la comisión de delitos patrimoniales como los robos”, advierte un análisis de México Evalúa, respecto a la ENSU. 

Bajo esa misma óptica, la probabilidad de un incremento en la incidencia en cuanto al robo de vehículos tampoco es un factor que esté del todo descartado, pues en palabras de Edgar Karam, vicepresidente de la AMIS, se trata de un “tema coyuntural”, en el que la realidad implica que “la disminución de la actividad comercial y la menor exposición de las personas en la calle, han hecho que disminuya el robo”. 

Pero añadió que “evidentemente, se antoja que el robo crezca hacia adelante, una vez que se reactive una situación económica”. Sobre ese mismo punto, Patricio Riveroll ahondó que al momento en que la actividad económica se contrajo a causa de la pandemia, también lo hizo la demanda de autos robados, incluyendo el robo de autopartes, que también bajó. Sin embargo, refirió, “este año va a depender mucho el comportamiento de este hecho delictivo, de cómo se vaya recuperando y cómo se vaya comportando la economía”. 

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