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Manuel Lino / Los Intangibles.com

La pandemia de Covid-19 y las medidas no farmacéuticas para tratar de contenerla han afectado la vida social y económica en todos los países, por lo que se ha hablado mucho de cómo será la recuperación. En México se ha comentado que la recuperación de la economía tendría forma de “U” (se mencionaron otras formas, como la de “V”, pero ya se ha visto que la parte de abajo ha durado bastante). 

Sin embargo, el ascenso, la recuperación propiamente dicha no es tan rápida como el trazo de una “U” mayúscula parece sugerir, por lo que va a tardar mucho en llegar a los niveles previos a la pandemia.  

Hay, en cambio, otros fenómenos que sí están teniendo una recuperación rápida; desafortunadamente, de acuerdo con un equipo de científicos sociales, esos fenómenos son el crimen y la violencia, que en algunos aspectos, incluso, están rebasando los niveles anteriores a la pandemia por Covid-19, y en otros, los más graves, ni siquiera experimentaron la disminución. 

La recuperación que sí sucedió en forma de “U”

“Nuestros resultados muestran que la agresión, el robo, el fraude, los delitos contra la propiedad y el asalto siguen una tendencia en forma de U”, escribieron Lauren Hoehn-Velasco, Adán Silverio-Murillo, además de José Roberto Balmori de la Miyar en uno de sus reportes de investigación. 

Los hallazgos de estos investigadores de la Universidad del estado de Georgia, el Tecnológico de Monterrey y la Universidad Anáhuac, respectivamente, muestran, primero, el patrón claro en forma de “U” de los delitos mencionados, con las tasas de criminalidad más bajas durante los primeros dos meses de la pandemia (en abril y mayo de 2020), y para octubre de ese año, siete meses después de la pandemia, la mayoría de los delitos antes mencionados están cerca o en niveles prepandémicos.

Sin embargo. el otro patrón que observan es que los delitos más graves, como el homicidio, el secuestro y la extorsión, tuvieron cambios mínimos debido a la pandemia. 

Para obtener sus resultados, los investigadores realizaron un seguimiento de los cambios mensuales en las tasas de delincuencia a nivel de municipios con datos del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP) y aplicaron diversos controles para verificar sus conclusiones; entre ellos, hacer el análisis sin considerar a la Ciudad de México, cuyos patrones criminales más complejos y alta densidad poblacional pueden desviar las conclusiones. 

También hicieron una búsqueda de los posibles mecanismos que generaron la reducción de las tasas de delincuencia y analizaron las diferencias por la cantidad de población y la movilidad observada de cada municipio.

›En general, vieron que sus resultados, para delitos convencionales, se explican por el temor al contagio y por la reducción de las posibilidades de interacción entre víctima y delincuente que hubo en los confinamientos, y que vuelve a subir cuando se recupera la movilidad.

Esta conclusión se refuerza con los datos que obtuvieron sobre delitos como el fraude, que no requieren contacto físico y que pueden verse agravados por las transacciones de comercio electrónico debido a la pandemia. 

«Nuestros resultados muestran que el fraude se recupera más rápido que cualquier otro delito”, escriben los autores. Para octubre de 2020, “siete meses después del inicio de la pandemia, el fraude ha superado sus niveles previos a la pandemia, mientras que la agresión, el robo, los delitos contra la propiedad y el asalto están cerca de sus niveles de referencia”. 

El análisis permite a los investigadores afirmar que la disminución de la delincuencia deriva directamente del bloqueo relacionado con la pandemia, y no, dicen, como lo ha afirmado el gobierno mexicano, debido al éxito de la estrategia actual de seguridad de “abrazos y no balazos”, y que poner más fuerzas de seguridad en las calles (la mayoría militares) para desalentar las actividades delictivas.

Los formuladores de políticas públicas pueden aprender lecciones de justicia penal de los confinamientos debidos a Covid-19”, aseguran los autores. Pero hay otros delitos que no se vieron afectados por el coronavirus ni por los confinamientos. 

El crimen organizado no se confinó

En otro reporte de investigación, titulado “Los capos de la droga no se quedan en casa: pandemia de Covid-19 y patrones criminales en la ciudad de México”, Balmori, Hoehn y Silverio exploraron las razones por las que hubo disminución en algunos delitos y no en otros como extorsión, secuestro y homicidio. 

Si bien nuestros resultados muestran una disminución en el crimen convencional durante la pandemia de Covid-19, el crimen organizado se mantiene estable”, señalan. 

Este fenómeno puede tener dos explicaciones teóricas: Por un lado, las teorías prosociales predicen una caída en el crimen después de un evento catastrófico debido al comportamiento altruista de los criminales. Esto se vio en distintos lugares de México, donde los grupos criminales entregaron despensas. Este tipo de acciones son muy rentables para grupos criminales, como lo han experimentado la Yakuza en Japón o la mafia siciliana en Italia, que lo usan con frecuencia.

Por otro lado, las teorías antisociales pronostican un aumento de la delincuencia debido al comportamiento oportunista de los delincuentes, pues tras los desastres prevalece la “desorganización social”. 

En el caso del crimen convencional, el confinamiento tuvo impacto en el comportamiento de los criminales, tal vez porque temen un posible contagio; además, las víctimas potenciales se quedan en casa y tienen una exposición de bajo riesgo a los delincuentes. En ese sentido, los investigadores reportan que, como en otras ciudades de México y otros países del mundo, hubo una reducción generalizada de la delincuencia convencional en la Ciudad de México (la violencia doméstica es un caso excepcional que trataron más adelante).

En el estudio, que solo abarcó el 2020, se observó que, tras la estabilidad en los primeros meses del confinamiento similar a años anteriores, el crecimiento en las actividades del crimen organizado se puede inferir con dos ejemplos notables:

En medio de la orden de quedarse en casa, una de las organizaciones narcotraficantes más poderosas de México, el Cartel Jalisco Nueva Generación, tendió una emboscada al Jefe de policía de la Ciudad de México, hiriéndolo y matando a dos de sus guardaespaldas” y que el mismo cartel estuvo involucrado en el asesinato de un juez y su esposa dos semanas antes. 

A esto podría añadirse la injerencia, señalada en ejecentral y en otros medios, que tuvo el crimen organizado amedrentando candidatos antes de las pasadas elecciones. 

›El panorama que se proyecta al futuro es oscuro, pues los autores señalan que “el crimen organizado tendrá un campo fértil en México para reclutar nuevos miembros de pandillas, ya que el desempleo juvenil está en su punto más alto. La pandemia ha producido un tremendo costo económico y social y resultó en la recesión económica más sustancial de la historia en la región de América Latina”. 

De concretarse este escenario, “podría poner en peligro las principales funciones del gobierno mexicano y convertir esta situación social en un problema de seguridad nacional”, escriben, y señalan que para evitarlo se requeriría que el gobierno hiciera “inversiones extraordinarias en justicia penal y la promoción del estado de derecho”. 

En este momento, con un gasto del 0.5% de su PIB en seguridad pública, México es el más bajo entre los países que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que en promedio gastan tres veces más en el rubro. Los autores señalan que “México está rezagado en el gasto en seguridad pública incluso dentro de la región de América Latina”.

La violencia, confinada en casa

En circunstancias “normales” en México, el 25% de las mujeres son víctimas de violencia doméstica cada año. Ese porcentaje aumentó con el confinamiento. Las mujeres también experimentan altos niveles de delitos sexuales. Por ejemplo, en 2017, hubo 60 casos de abuso sexual cada 24 horas. 

De acuerdo con otro estudio de Hoehn, Silverio y Balmori, durante el período de permanencia en el hogar, de marzo a mayo, los delitos generales contra las mujeres disminuyeron en un 24%. El pago de la pensión alimenticia cayó en un 59% y los delitos sexuales en 28 por ciento. 

En apariencia, la violencia doméstica cayó en un 20%, pero un análisis más detallado mostró que este rubro no solo no decayó sino que aumentó. Por su parte, “el crimen más violento contra las mujeres, los feminicidios, permaneció relativamente constante durante la pandemia”.

Un estudio más del trío de investigadores cuantificó el aumento de la violencia doméstica durante el confinamiento, pues si bien los informes policiales de violencia doméstica disminuyeron en 22%, las llamadas a los centros de llamadas por violencia psicológica aumentaron en 17% y la violencia física doméstica en siete por ciento. 

Los autores encontraron evidencia de que las mujeres enfrentaron dificultades para denunciar a sus parejas abusivas a la policía durante el encierro, en particular porque, “en México, las mujeres tienen que presentar físicamente una denuncia ante el departamento de policía”, lo que impidió denunciar la violencia doméstica incluso mientras la violencia continuaba o incluso aumentaba.

“Nuestros resultados apuntan a políticas futuras para reducir la carga de violencia contra las mujeres en México”, escriben los autores. Primero mencionan la necesidad de disminuir la corrupción y aumentar los recursos para la seguridad y la justicia. 

Además, hacen énfasis en los programas sociales que han demostrado ventajas para disminuir la violencia doméstica, “como el cuidado infantil público, los refugios para mujeres y los programas de transferencias monetarias condicionadas”. 

Y añaden que “la administración federal canceló programas sociales como Progresa-Oportunidades-Prospera por motivos de austeridad. Sin embargo, si estas políticas pendientes tardan demasiado en llevarse a cabo, el malestar social y la división de género pueden empeorar”. 

Tal como se publicó el lunes de esta semana en ejecentral, las predicciones de esta investigación hecha con datos de 2020 ya se cumplieron. La violencia intrafamiliar empeoró, y todo indica que lo seguirá haciendo. 

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