Fotos: Angélica Cruz

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Angélica Ortiz

Son empresarios separados por los siete kilómetros que hay de distancia entre Tepito y la colonia Roma, y que irrumpieron en la creación de sus propias marcas, Ahuehuete y Acapulco Golden, respectivamente. Ambas compañías están creciendo, sólo que el ritmo y las oportunidades se miden en función de su entorno. Comerciar desde una colonia identificada por la violencia, los recursos limitados y escaso entrenamiento financiero y empresarial hace más difícil el reto; mientras que jóvenes con estudios en el extranjero y acceso a más recursos, están a punto de lanzarse a la conquista de Asia.

En México, la producción de cerveza artesanal crece en promedio 30% cada año desde hace una década. Para producir una caja de cerveza artesanal se invierten 120 pesos en promedio; para producir una caja de cerveza industrial se destinan 30 pesos mexicanos, según datos de Deloitte.

Para que una cerveza sea artesanal debe conducirse con independencia y tener capital familiar y debe estar compuesta de agua, malta de cebada, lúpulo y levadura.

En México este tipo de cerveza surgió a mediados de los años 90 en el centro del país, y los primeros establecimientos tipo cervecería-restaurante, nacieron en Monterrey y la Ciudad de México en 1996 y 1997, respectivamente. Aunque su verdadero auge fue en 2013 con la resolución de la Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece) sobre la no exclusividad en la distribución de la cerveza.

La historia de Ahuehuete y Acapulco Golden muestran las oportunidades y los desafíos que jóvenes enfrentan en para construir sus propias empresas en un mercado que define las oportunidades en función su contexto.

La forma y el medio cuentan

En el verano de 2014, cinco amigos se reunieron en un bar de Constituyentes, en una noche surreal, con ópera de fondo y cacahuates en la mesa surgió la idea, decidieron dejar todo, o casi todo, por la cerveza. Abogados y amigos de mucho tiempo, Pablo Monroy, Carlos Fabregui y Juan Carlos Estrada crearon Acapulco Golden, su propia cerveza artesanal. 

El mercado de clase media en el que arrancó Acapulco Golden facilitó su aceptación; eso no acortó la ruta para consolidar la marca. “El primer lote comercial salió el 29 de mayo de 2015 en una especie de rave, un pícnic electrónico en el Parque de los Venados. Fuimos con mucha emoción, con nuestras hieleras, hasta una manta hicimos. No podíamos vender vidrio, teníamos que servir la cerveza en bolsa y nos pedían comprar la botella sólo por la imagen”, relató Estrada, actual director de operaciones.

Foto: Angélica Cruz

Desde el primer día han invertido su tiempo libre, tocar puertas para llevarla a restaurantes, con amigos y lugares recomendados; “primero ocupábamos técnicas de venta muy rudimentarias y primitivas, ‘tengo esta cerveza, se las dejo, vengo en una semana’. Era fatal”, detalló Pablo Monroy, director comercial de la compañía.

Tenían una meta clara del tipo de cerveza que querían vender. Todos habían estudiado o trabajado en Estados Unidos y Europa y “buscábamos algo que fuera ligero y fácil de tomar, algo no muy pesado, como cuando nos íbamos a Acapulco. De ahí salió el nombre de Acapulco, porque como buenos chilangos, pasábamos nuestra adolescencia en Acapulco de vacaciones, tenemos muy buenos amigos allá”. 

Todo mundo se identifica mucho con Acapulco, con la nostalgia de la época dorada. Eso nos ha abierto muchas puertas. Playa más descanso, más vacaciones, más México, todo junto a la gente extranjera le gusta”, comentó Fabregui. 

El personaje principal en la etiqueta de Acapulco Golden fue bautizado como Rebeca Blunt, “es la líder moral de la cervecería Acapulco”. 

›Ella es mexicana, pero su padre es alemán, quien huyó de la segunda guerra mundial y se refugió en México, en Acapulco, con todas las técnicas y recetas cerveceras, así nació”.

En otro punto de la Ciudad de México, saliendo de metro Tepito, entre puestos, diablitos, montañas de mercancía y motonetas que transitan sobre Eje 1, está Danek Hernández, quien lleva dos años en el proyecto Ahuehuete. “Tener una cerveza artesanal no es fácil, sobre todo para lograr una cerveza de calidad que pueda gustar (…) hasta hoy siento que tengo una cerveza profesional y lista para vender. He invertido todo este tiempo para lograr el sabor que estaba buscando para la marca”.

“En Tepito rifa la michelada, los puestos que la venden son un boom, en sí. La chela es un éxito por lo popular que es. Tú llegas a un puesto o a un bar y lo primero que pides es una cerveza, sin preguntar el estilo o la historia. Pides una clara y ya. No es lo mismo con la cerveza artesanal porque la gente de aquí lo ve como un concepto muy mamón”, relató.

En un principio, añadió, quería proyectar Ahuehuete como una cerveza del centro Histórico de la Ciudad, no de Tepito, debido a sus altos índices de inseguridad, a la fama que se ha hecho el Barrio Bravo. 

“No la quería vender fuera porque la iban a prejuzgar: que era pirata, que no era buena porque era de Tepito. (…)Aquí nunca se vendió y la saqué al mercado, donde la empezaron a buscar mucho por ser de Tepito. Se les hizo exótico. Me decían ‘de Tepito es mejor, tú déjala’. Me preguntaban, ‘¿sí son de ahí?’. Tepito es un barrio emblemático, para mal desgraciadamente, pero bien o mal es publicidad, porque todo mundo ubica Tepito. Lo conoces, más que otros barrios de la ciudad. De aquí en adelante es cerveza tepiteña 100%”, relató.

›¿Por qué Ahuehuete? Para Danek, la historia de la Ciudad de México y de Tepito definió su vida, además de la imagen y nombre de su cerveza. “El Centro histórico es colonial y prehispánico. Quería un cruce, algo que representara las dos épocas. Ahuehuete es una palabra coloquial, es el árbol nacional. Mi intención entonces fue que se relacionara con la noche triste. Noche triste para Hernán Cortés o noche gloriosa para el ejército mexica”, dijo el microempresario.

Foto: Angélica Cruz

Otros fragmentos de historia que recuperó para su marca se ubica en las etiquetas. Una de ellas tiene una Catrina de Guadalupe Posada, la placa de su muerte se encuentra en Tepito. Es un ícono de mexicanidad y folclor. Hay otra de Cuauhtémoc, personaje que forma una parte importante de los mitos en el barrio. “Tepito existe porque resiste”, es una frase que viene de esa época. Dicen que Cuauhtémoc vino a refugiarse con los tepiteños en la batalla de los 93 días, cuando se atrincheró en una iglesia y los tepiteños lo cobijaron.

Una se exporta, otra apenas despega

La distribución es uno de los pasos más importantes para comercializar cualquier producto, pero en el caso de una cerveza artesanal es medular ante la enorme competencia. Danek Hernández, la distribuye por su cuenta, en el mercado de San Juan, en una fonda de la ciudadela, algunos locales de comida, beer Company, y un beer box (estas dos, boutiques de cervezas). “No quiero meterla tanto en estas boutiques, porque somos muchos los que queremos vender cerveza artesanal, aparentemente es un buen punto pero te van cambiando, va saliendo una novedad y te rotan porque habemos muchos. El punto es presentar la idea, que la prueben y si les gusta pues la ponen en su menú y así buscar otro y otro y otro, esa es la meta”.

“En la elaboración procuro dejarlo todo en manos del maestro cervecero, coincidimos bien en recetas, casi todo lo decide él, yo me dedico más a la producción y a inyectarle dinero, soy el único que lo hace, la marca es mía y hago de todo, distribución y todo. En general la cerveza Ahuehuete gusta mucho, hay cervezas mejores pero a la gente le gusta mi cerveza. Apenas empieza a ser redituable, no vivo de la venta de la cerveza, ya empieza a haber ganancias, a ver como nos va, voy a intentarlo, no sé si lo logre pero mínimo lo voy a intentar”, detalló.

Foto: Angélica Cruz

A diferencia del empresario tepiteño, para Acapulco Golden todo se ha desarrollado de forma favorable en cuanto a volumen, cobranza  y producción. En 2016 el hobbie dejó de serlo para convertirse en su patrimonio. “Lo más difícil no es llegar sino mantenerte, hay muchas cervezas artesanales y es difícil salir, es complicado que te paguen en algún bar siempre te piden crédito, pero hemos invertido todo lo que vamos ganando, así funciona en México”, detalló Monroy. 

“La inversión ha sido nuestra, de familia y amigos que hemos invitado a invertir, en algunos casos ha sido permanente otras, temporal. En México debe de haber entre 400 y 600 cervecerías artesanales  registradas, porque proyectos puede haber mil o más, aún así sigue siendo un nicho pequeño y hay que explicar porqué es mejor o más cara”, añadió. 

Los tres amigos y ahora socios comenzaron el proceso para exportar la Acapulco a Hong Kong, “queremos que sea una cerveza que se conozca no sólo en México si no que se conozca en todo el mundo. Llegar a ese punto fue una odisea, llevar a cabo todos los trámites, los documentos, negociar el precio, fue todo un tema, y en octubre salieron las primeras a Hong Kong. Estamos explorando opciones en Estados Unidos y Europa ha sido gracias a los esfuerzos que hemos hecho y al éxito de Acapulco Golden. En este ámbito necesitas estos pequeños triunfos para seguir adelante y no ponerte la corbata otra vez”, concluyó Monroy. 

Lucha artesanal. El creador de Ahuehuete asegura que en su barrio, Tepito, se ha enfrentado al estigma de vender este producto.

Empresarios. Las cerveceras muestran las oportunidades y los desafíos que jóvenes enfrentan en para construir sus compañías.

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