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Nadia Rodríguez

Tras la captura de El Marro, el secretario de Seguridad, Alfonso Durazo, presumió una baja en los homicidios en Guanajuato. Ese dicho caducó 15 días después, pues en la segunda quincena de agosto el estado volvió a niveles de violencia similares a cuando el líder del Cártel de Santa Rosa de Lima (CSRDL) gozaba de libertad. 

Sin José Antonio Yépez, Guanajuato suma 303 víctimas de homicidio. De la detención de El Marro hasta la primera quincena de agosto hubo 111 asesinatos, pero la segunda parte del mes tuvo 192. Detrás de sí, el líder huachicolero dejó una guerra sorda, pero igual de mortífera. Entre los guanajuatenses el nombre del Cártel de Santa Rosa de Lima resuena acompañado de balas, de fuego y sobre todo de miedo. 

Susana León levantó el teléfono, era su hijo, quien agitado le contó que en su ruta a Cortázar había visto llamaradas levantarse por los cielos y una espesa nube negra complicaba la visibilidad de la carretera, se trataba de autos incendiados. Ella enmudeció porque jamás, en los 43 años que lleva viviendo en Celaya, había escuchado algo igual. Sin saber, el hijo de Susana quedó en medio de un bloqueo levantado por el CSRL, quienes pretendían evitar la detención de María Eva Ortiz Reyes, mamá de El Marro, líder de aquel grupo delictivo.

Cuando él me comentó eso, sentí tristeza por todo eso bonito que tenía Celaya, porque nos generaron miedo. Este año superó todas las expectativas, antes no había violencia con armas, no dejaban cuerpos desechos en la vía pública”, dice Susana. 

Celaya, al igual que Irapuato y León forman parte del llamado “Triángulo de las Bermudas” del huachicol. Ese es —o era— el dominio del CSRDL y el terreno en disputa con el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). 

Tan sólo en esos tres municipios han sido asesinadas dos mil 672 personas de enero de 2019 a julio de 2020, lo que representa el 42.8% del total de víctimas de homicidio (seis mil 235) de todo Guanajuato, de acuerdo con datos compilados por ejecentral a partir de las cifras del gabinete de Seguridad, es decir, tres municipios, de 46 que tiene el estado, concentran casi la mitad de estos delitos.

Guanajuato, entidad que gobierna Diego Sinhué Rodríguez, tiene una violencia tan alarmante que en promedio en los últimos 19 meses, 10.2 personas han sido asesinadas diariamente, 4.4 de ellas en el Triángulo de las Bermudas del huachicol.

La violencia no son sólo datos, ni documentos que justifican más presupuesto; es la realidad con la que viven las personas. 

Más allá de las muertes —que son pérdidas irreparables— el impacto es acostumbrarse a vivir con la violencia en la cara día a día”, explica Elías Hernández, antropólogo social de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).  

La irrupción de una organización criminal, en cualquier territorio, deviene en sangre, pero también en otras violencias que se incorporan en la sociedad, hasta que el miedo se adhiere a la vida. 

“(Vivir en León) me da miedo, he llegado a pensar que será imposible ver a mis hijos ya grandes y eso me da mucho miedo”, dice Luis Gonzáles, padre de dos pequeños.

En un cártel, poder y miedo van de la mano. Miedo es el principal activo de las organizaciones criminales y eso es lo que vendía José Antonio Yépez Ortiz, El Marro

Del huachicol a la extorsión

El Cártel de Santa Rosa de Lima inició como una organización dedicada al robo de combustible y escaló hacia otras actividades ilícitas, cuando en marzo del año pasado, arreció el combate al huachicoleo. No solo su estructura (contenida en familiares), sino su gobernanza criminal, le permitieron hacerse de recursos y dominar Guanajuato. 

La relación del cártel con la sociedad guanajuatense no puede explicarse sólo en términos lineales, hay matices alrededor. El principal motivo de persecución hacia la organización de El Marro fue el huachicol, mismo que era vendido en la parte central del estado. Esa venta ilegal de combustible barato creó una relación de dádivas y de intercambio. Mientras unos se sirvieron de bienes como la gasolina, otros encontraron beneficios en la extracción de rentas y demás negocios ilegales.  

Raúl Zepeda, doctorante del Grupo de Investigación sobre Conflictos, Seguridad y Desarrollo del King’s College London, explica que organizaciones como la de El Marro deben pensarse en términos de negocios criminales, que tienen entre sus fuentes de ingresos, diversas actividades ilícitas, entre ellas la extorsión configurada como la venta de protección.

“Se vende la idea de protección, pero también la idea de que potencialmente se puede ser amenazado. La violencia hace creíbles esas amenazas”, explica Raúl Zepeda. 

Hacerse de recursos a través de la extorsión es funcional a las organizaciones criminales por muchos sentidos, entre ellos, porque refuerza la idea del control territorial y porque es una forma rápida de obtener dinero con bajo riesgo, pues se trata de un delito poco denunciado. 

Eso le pasó a Fabián Linares, quien tenía un negocio de autopartes en el centro de Celaya que funcionó por dos años, hasta que comenzaron a extorsionarlo, primero con cinco mil pesos semanales y en marzo de este año la cuota se cuadruplicó. Le comenzaron a pedir 20 mil. No pudo pagarlos y decidió cerrar. 

A Erick Soto le sucedió algo similar, junto con un socio que invirtió sus ahorros en un negocio de mantenimiento industrial, también en Celaya, y tuvieron buenos resultados por dos años, pero en 2019 comenzaron a extorsionarlos. 

“Nos quitaron una camioneta con herramienta y 100 mil pesos y pues querían 20 (mil pesos) semanales, y pues no alcanza”, dijo. Su negocio también cerró. 

“Las organizaciones criminales intentan gobernar las regiones a partir de tener aprobación social de sus actividades. Esto lo necesitas para que la población no te denuncie y para tener un cierto tipo de extracción de rentas e información”, indica Zepeda, pero cuando las rentas llegan a ser muy excesivas, como en los casos de Fabián y Erick, se obtiene el efecto contrario.  

Además del huachicoleo y la extorsión se sabe que El Marro participaba en otros delitos, como el secuestro. 

Ello da cuenta de que, como cualquier negocio, la finalidad era la obtención de recursos, pero  en este caso, la violencia es el componente fundamental de la rentabilidad de esas actividades, porque de un momento a otro se podía pasar de la pasividad a convertirse en víctima. 

El negocio del miedo

José Antonio Yépez Ortiz no sólo tenía control de los ductos de Pemex que atraviesan Guanajuato y sobre territorios como Villagrán y Juventino Rosas —su último escondite—, controlaba algo más poderoso: el imaginario.

La gobernanza criminal se cimenta en acciones —como la corrupción de las policías, el incendiar autos, demostrar poder de fuego, extorsionar, secuestrar y asesinar—, pero también en ideas, en la percepción de inseguridad, en la detonación del miedo y este último es el activo mejor cultivado del CSRDL. 

El miedo, la frustración, sentir que se es rebasado por la violencia, trastoca la vida de las personas y las hace cambiar de hábitos en su realidad más inmediata, que es la cotidiana.

“Hasta hace seis o cinco años salía sin problemas en la calle, para mi perspectiva todo cambió el año pasado, se volvió más violento, cuando el Presidente decidió que era buena idea hacerle frente al huachicol. No podemos ir a ningún negocio con la tranquilidad, porque si ese negocio no pagó cuota, puedes tú correr el riesgo de ser un ‘daño colateral’”, dice Mariana Hernández, una joven de 21 años que abandonó la Universidad porque el negocio en el que laboraba ya no podía pagar “la cuota” y tuvo que cerrar; ella se quedó sin ingresos y sin estudiar. 

En Guanajuato, las personas limitan sus salidas, tienen horarios estrictos para volver a casa, crean grupos de WhatsApp donde se alertan de enfrentamientos y bloqueos con autos incendiados. “Parece que se convirtió en Culiacán, Sinaloa”, dice Jesús Rodríguez, un obrero de 30 años. 

Mariana cuenta que no hay que estar alerta solo de las balaceras, “estamos atentos de las motos, porque el cártel manda gente en motos con (bombas) molotov para los carros, para seguir la quemazón, a parte guardamos los autos y marcamos a familiares para decirles que ya no salgan o se resguarden. Ahí es cuando todos los negocios cierran al momento, todos, y Celaya se queda vacía”, dice. 

Los guanajuatenses saben que han quedado en medio de una disputa. “El huachicol era buen negocio, yo creo que por eso se vinieron los de Jalisco (CJNG)”, dice Alan Alanis, habitante de Celaya. Además, los 303 detenidos del CJNG y los 516 de CSRDL, que reconoce el gobierno del panista Diego Sinhué Rodríguez lo confirman. 

Comunicar en la guerra

Entre esos chats de alerta vecinal y familia también circulan los videos de El Marro y el CJNG. 

Raúl Zepeda, señala que este fenómeno no es reciente, pero que ha ido evolucionando, pues se pasó de las “narcomantas” a los videos en redes sociales, que son útiles para mandar mensajes en tres frentes: otros grupos criminales, gobierno y población, con una idea simple: “estoy aquí y este es mi poder de fuego, no voy a dudar en usarlo”. 

›El antropólogo Elías Hernández ve en estos mensajes una profesionalización de las organizaciones criminales. “Ya no solo tienen grupos de élite para matar, cuentan con una estructura compleja para operar en tierra, para comunicar, para lavar dinero e incluso para atenderse médicamente”. 

Agrega que en el pasado los “narcomensajes” eran escritos por las personas que participaban en el asesinato, eran difíciles de leer y tenían muchas faltas de ortografía, pero en la actualidad esas mantas son impresas digitalmente y desplegadas en puentes peatonales, además ahora se usan las redes sociales. Lo que habla de que han pulido sus estrategias, se han profesionalizado. “Quien sepa comunicar mejor tendrá ganada esta guerra”, asegura.

Eso también lo sabe el CJNG, que tras la captura de El Marro circuló un mensaje donde se alegraba de la detención y ofreció paz a Guanajuato.  

“Convertirse en los ojos del Estado” 

Para saber si el CSRDL se reorganizará o se extinguirá es muy pronto, aunque el gobierno de Diego Sinhué ya dio por desmantelada la organización y finalizó el pasado 17 de agosto el llamado “Golpe de Timón” por lo cual no existe un plan formal que evite que el CJNG se apodere de Guanajuato. 

Raúl Zepeda sostiene que la estrategia del Presidente López Obrador ha sido la misma que la de gobiernos anteriores, es decir, la militarización, pero sin planificación específica de tareas. 

En ello coincide Fabián Gómez, maestro en Seguridad Pública, quien explica que son urgentes las medidas regionales y no solo estatales para evitar la irrupción del CJNG en Guanajuato. 

“No basta con la Fuerza Federal”, dice Fabián Gómez y enfatiza la importancia de que los estados y municipios refuercen a sus policías porque la seguridad es integral y no solo un tema del Gobierno Federal. 

(Como ciudadanos) hay que tomar bando, porque somos co-responsables de la violencia, cuando no denunciamos, cuando amparamos prácticas ilícitas. Necesitamos cambiar, convertirnos en los ojos del Estado. Hacernos una sociedad de inteligencia colectiva, agrega Gómez. 

Feudo bajo fuego

Desde el 2 de agosto pasado, cuando capturaron a El Marro, Guanajuato ha sido siete veces el estado más violento y suma 114 víctimas de homicidio, el comportamiento de los homicidios indica que su feudo está bajo fuego. 

De los 46 municipios que tiene Guanajuato, en la mitad de ellos se han perpetrado asesinatos tras la caída de El Marro, pero destacan aquellos sucedidos en municipios colindantes con Villagrán y Juventino Rosas.

Salamanca, Apaseo el Alto, Celaya, Jaral del Progreso, Comonfort y Cortázar han registrado entre uno y siete homicidios, pero los tres últimos municipios reportan entre cuatro y cinco solo la primera quincena de este mes, lo que es completamente atípico, pues si siguen con esa tendencia estarían duplicando los homicidios que tuvieron en 2019.

La violencia en Guanajuato no ha cesado, y los homicidios en León, así como en los alrededores del feudo de El Marro, más bien apuntan a que la paz aún no es un objetivo logrado. Aunque José Antonio Yépez esté encarcelado, el CSRDL no se ha ido de Guanajuato.  

¿Quién es el marro?

José Antonio Yépez, El Marro, líder del cártel de Santa Rosa de Lima, había cumplido 40 años la semana previa a su detención. 

El máximo líder huachicolero inició su carrera criminal con una pequeña banda dedicada al robo de combustible en la provincia de Santa Rosa de Lima, en el municipio de Villagrán, Guanajuato. 

Sin embargo, tras un video difundido en octubre de 2017, su nombre figuró en el panorama nacional. En la grabación muestra su poder de fuego y amenaza al cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), con quien se disputó el control de Guanajuato. 

Con la llegada de AMLO, en marzo comenzó el operativo “Golpe de Timón”, cuyo objetivo era la captura de El Marro, misma que ocurrió el 2 de agosto. 

Detrás de sí el Cártel de Santa Rosa de Lima ha dejado una estela de sangre y violencia no vista en Guanajuato.

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