Ilustración: Ejecentral

Compartir

Olinka Valdez

Cuando camina ella no toca el suelo, flota. Para Carmen Campuzano el mundo es la pasarela en la que siempre se impone con su metro y 80 centímetros de estatura, y la profundidad que proyecta su mirada a través de sus ojos verde olivo. Es la única modelo mexicana que ha aparecido en seis portadas de Vogue, una de ellas en su versión italiana, y tras siete años de sobriedad está lista para recuperar su lugar en el modelaje de alta costura.

Fuera de las pasarelas ¿qué te hubiera gustado hacer? 

— Hubiera sido doctora. Me gusta mucho la medicina y por cierto muy consentidora. Hubiera sido  una doctora muy consentidora con mis pacientes porque una persona enferma necesita mucha ternura. El amor hace milagros. 

¿Por qué querías dirigir la Comisión Nacional contra las Adicciones? 

— Precisamente porque se necesita a una persona que conozca la naturaleza exacta de lo que son las adicciones y dado que soy una persona pública, creo que hubiera tenido muy buen impacto.

¿Te decepcionó no haber recibido una respuesta en cualquier sentido? 

—Por algo pasan las cosas. En algún momento espero poder colaborar y creo que sería muy interesante mi aportación en el tema. Es a nivel mundial. Es un punto muy importante que hay que atender porque se está saliendo de control. Cuando atravesaba el infierno de las adicciones viví mucha soledad y mucho vacío. Estaba llena de nada. Carente de todo, hasta de amor propio. 

¿Te arrepientes de algo?  

— Sí. Lamento haber perdido el tiempo con el consumo. ¡Qué terrible!, de verdad. A veces digo quizá tuve que aprender de esto para ayudar a los demás. Tuve que pasar por varias cuestiones como granjas y anexos. No es lo ideal para una persona que llega vulnerable, destruido, carente de todo afecto. Te sientes solo mucho tiempo y llegas a un lugar en donde todo el mundo te apaleó. 

¿Para ti la maternidad resultó ser una etapa idílica? 

— Sí, para mí, desde que yo concebí a mis hijas, desde que supe que las estaba esperando fue algo hermoso. Bellísimo. No me importaba engordar, estaba en mi mejor momento. Ese era el momento que Dios me regaló el derecho y el privilegio de la maternidad y lo disfruté. Les platicaba a mis bebés, les ponía música. A los cinco meses estaba brincando y haciendo fotos en tacones para el mundial del 98 (Francia), unas fotos que fueron padrísimas con Roberto Mora, un diseñador extraordinario. Todavía gozaba de mucha elasticidad. 

Soy una mujer muy definida, muy determinante. Muy soñadora, con muchas ilusiones, pero siempre con el afán de ser muy precisa, muy leal. Para mí la palabra “lealtad” en la amistad es importante.  . Carmen Campuzano Exmodelo y DJ.

¿Cómo es ahora la relación con tus hijas? 

— Sana, bonita. He ido recuperando esa parte, ese terreno porque cuando empecé esta situación de las adicciones, porque ya cumplo siete años limpia, pues obviamente se mermó la relación con ellas (Camila y Daniela). Tuve mis baches de abandono hacia ellas porque no me gustaba que me vieran en estado inconveniente. Y eso provoca una ausencia terrible. Mi hermana Ruth me apoyó y guardó distancia en lo que yo veía este proceso. Crecieron con ella. Yo las veía, pero durante el proceso de rehabilitación hubo poco contacto, por su bien. Los medios me acechaban porque querían verme mal. Si hay algo que he trabajado es en mi persona y me he recuperado. 

¿Qué tan importante es la música en tu vida? 

— Vital. Soy hija de cantantes de ópera. Cuando estoy en una sesión de fotos me gusta trabajar con música. Disfruto de todos los generos, pero la onda del perreo no me gusta. Me encanta oír a  Sarah Brightman, Luciano Pavarotti. También escucho música para meditar. 

¿Y el baile? 

— Me fascina bailar. Me gusta bailar rock n´roll, danzón. Disfruto los bailes de parejas. La salsa me fascina. Hoy los chavos parece que están matando cucarachas, pero bueno ese es su estilo. Nos tocó la época ochentera y yo amo esa música.

¿Sabías que? Carmen Campuzano llegó a modelar en cuatro portadas de la revista Vogue.

¿Cómo te definirías en una palabra? 

— Auténtica porque soy una mujer muy definida, muy determinante. Muy soñadora, con muchas ilusiones, pero siempre con el afán de ser muy precisa, muy leal. Para mí la palabra “lealtad” en la amistad es importante. Siempre debes tener código de honor y lealtad. Esas son las palabras fundamentales para tener una buena relación de amistad y en todo. No quiere decir que no estés exento de errores, pero hay cosas en la vida que son errores y otras que son acciones con alevosía y eso hace la diferencia. 

¿Cuáles dirías que son tus principales virtudes? 

— Soy amorosa, leal. Conmigo ya sabes a qué le tiras. Si algo no me parece te lo digo y como va. A veces no tengo la forma de decirlo tan bonito. Soy muy directa: si quieres decirme cabrona, lo prefiero. 

No me gusta la mentira, me detona un enojo tremendo. También me gusta consentir mucho a la gente, cuando quiero a la gente. A mis posibilidades, por ejemplo, me gusta cocinar y haciendo una cena. A veces soy muy enojona. Son enojoncilla, sobre todo con determinadas actitudes.

¿Dices palabrotas? ¿Cuál es tu grosería favorita? 

— Pendejo. Cuando me enojo, digo ¿y este pendejo? Porque sí, como cualquiera también me las sé y también se me salen. ¿De qué nos espantamos? Yo ya soy una mujer madura, hecha y derecha, pero a veces personas desconocidas me mandan cada cosa. Sí somos personas públicas, pero no quiere decir que nos dediquemos a la golfería. Soy una señora digna. No pretendo ni permito, y eso es algo que me hace enojar. Tengo una vida de pareja, pero aunque no la tuviera, merezco respeto.

¿Hay algún libro que te marcó? 

— Leo muchos libros sobre ángeles. Misión Divina, de Michelle Rivera me acompañó en todo el proceso de rehabilitación. Leo mucho sobre adicciones e incluso estudié sobre el tema y tanatología en el Centro de Estudios Superiores Monte Fénix. Sé lo que es renacer y reestructurarse, tener que reconstruirse a partir de pedacitos y todo ello me ha ayudado. 

Compartir