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Deborah Martínez

Hace ocho años, el parlamento de Crimea anunció su reanexión a Rusia. El problema es que lo hizo mientras su territorio era ocupado por fuerzas militares del Kremlin y sin los procesos democráticos necesarios que le otorgaran legitimidad, lo que provocó severos cuestionamientos a nivel global. Como consecuencia, el 3 de marzo de 2014, Estados Unidos impuso la primera sanción contra Rusia. Desde entonces y hasta el 22 febrero de 2022, dos mil 754 políticas en contra de funcionarios, empresas y transacciones rusas fueron impuestas desde Occidente. 

La invasión a Ucrania alteró el panorama. El número de sanciones impuestas contra el país desde el inicio del conflicto hasta la fecha se ha acelerado vertiginosamente. Hoy Rusia enfrenta 7 mil 782 sanciones adicionales, siendo el país más castigado del mundo. 

El objetivo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y países aliados es presionar a Moscú para que se le complique o —en el mejor escenario—, detenga sus avances sobre Ucrania, a través del debilitamiento de su estructura económica, política, militar, social y hasta cultural. Sin embargo, casi tres meses después de iniciado el conflicto, el gobierno de Vladímir Putin no ha dado signos de renunciar a la guerra.

Las sanciones, en resumen

El fin de la Segunda Guerra Mundial cambió la manera en la que se entendía la política y se resolvían los conflictos internacionales. La crueldad observada en las batallas y la desorganización para llegar a acuerdos y abordar los distintos ejes del conflicto trajeron consigo un nuevo marco legal y el surgimiento de una serie de instituciones que han ayudado a moldear y regular el orden mundial. 

Un gran instrumento introducido a raíz de estos cambios son las sanciones. Una herramienta de política internacional que es utilizada para limitar, prohibir o disuadir a otros Estados de llevar a cabo una acción o, al contrario, de celebrarla. 

Hay sanciones de todo tipo: militares, diplomáticas, económicas y hasta deportivas y digitales. Por ejemplo, en el marco de la invasión a Ucrania, a Rusia se le ha restringido la venta de fertilizantes y petróleo a Europa; se le han confiscado bienes y propiedades a políticos, magnates y militares; se ha expulsado a diplomáticos rusos de países como Alemania, Estados Unidos o España; y se ha vetado a sus deportistas y representantes de eventos como la Fórmula 1 y del Mundial de Catar 2022.

Pero no sólo han sido los países los que se han unido a la ola de sanciones. En el marco del mundo globalizado, empresas multinacionales como Apple, Google, Coca-Cola, H&M, Nike o Western Union han anunciado restricciones en la venta o proveeduría de sus bienes y servicios, pausas en sus operaciones, así como su completa salida del mercado ruso. 

A lo largo de la historia, las sanciones han alcanzado sus cometidos en algunos conflictos. Tal es el caso de las impuestas por Estados Unidos contra Cuba durante la Guerra Fría, que funcionaron para disuadir a otros países de la región de adoptar un régimen similar al de los Castro. En tanto que, en Sudáfrica las sanciones tuvieron un efecto positivo para terminar con el régimen separatista del apartheid.    

El efecto de las sanciones, sin embargo, es ampliamente discutido entre los especialistas. Un estudio llevado a cabo por el Peterson Institute for International Economics evaluó 204 sanciones interpuestas de 1914 a 2006, y llegó a la conclusión de que en el 65.7% de los casos, las medidas adoptadas no lograron alcanzar sus objetivos, una tarea lograda sólo por el 35.1 por ciento.  

Y es que a pesar de que limitan la economía de un país y su desarrollo social y político, hay regímenes que han demostrado poder cargar con el peso de las sanciones con éxito. Tal es el caso de China, que ha encontrado salida a sus exportaciones en mercados alternos y nuevos proveedores en países africanos o latinoamericanos. El gobierno de Xi Jinping, además, ha fomentado el desarrollo de productos locales para sustituir los desarrollados en Occidente; díganse redes sociales como Weibo, un sistema propio de pagos y hasta películas muy similares a los éxitos hollywoodenses. 

En el caso de Rusia, el país enfrentaba sanciones de Occidente desde años antes, cuando decidió, de manera calculada, intervenir en la “liberación” del Donbas. Las sanciones no tomaron al gobierno desprevenido. El Kremlin sabía que habría represalias a su decisión y aun así se aventuró a intervenir en Ucrania. Lo que no esperaba Putin es la magnitud y volumen de las sanciones.

La gran apuesta de Occidente es contra el rublo. Por primera vez en la historia, se impusieron sanciones coordinadas contra un Banco Central, con el fin de afectar su capacidad de controlar el tipo de cambio, la fuga y flujo de capitales, las reservas internacionales y la inflación. 

Según la última encuesta del Banco Central de Rusia, fechada en abril, el PIB del país caería 9.2% en 2022, en tanto que la inflación podría alcanzar un máximo de 22% como consecuencia de las múltiples sanciones interpuestas contra el país y los rezagos producto de la pandemia de la Covid-19. 

La situación podría agravarse si se siguen aplicando estas medidas. Sin embargo, Rusia le apostó a la guerra. Quizá contaba que, en medio de la recesión dejada por la pandemia, los gobiernos del mundo desistieran de adoptar medidas tan radicales. Se equivocó. La OTAN y aliados, también le apostaron a vencer a Rusia sin el palo, sólo con zanahorias. Aún a costa de su propia economía. 

Hasta el momento, sólo un país ha impuesto restricciones severas a los sectores clave de la economía rusa: Estados Unidos, que anunció la prohibición total de las importaciones de energéticos, aunque El efecto real de esta medida es mínimo.

Efecto inverso

En el actual conflicto en Ucrania, las principales economías del mundo, Estados Unidos, la Unión Europea, Inglaterra, Australia y Japón se han aliado para formar un frente más o menos unido contra el gobierno de Putin. Una alianza cuyo sólo peso económico sería suficiente para hacer desistir a cualquier otra nación. 

En comparación, la economía rusa parece pequeña, pues a pesar de su amplio territorio y recursos, el país tiene un PIB similar al del estado de Texas, muy por detrás del alcanzado por las principales potencias. 

A pesar de ello y de lo radical de las sanciones, naciones como Alemania o Países Bajos se la están pensando dos veces antes de imponer restricciones a productos que son vitales para su economía. Y es que las afectaciones a Rusia significan la ruptura de la recuperación mundial, tras las debacles dejadas por la pandemia. Pero en una economía globalizada las naciones dependen unas de otras. 

De acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, la economía rusa ocupa el 11º lugar a nivel mundial, una posición cinco lugares por encima de la economía mexicana. Rusia es un socio estratégico para países de Europa occidental, Asia Central y algunas naciones aliadas como China, Brasil, India, Sudáfrica, Cuba, Irán o Venezuela. 

La nación es el principal proveedor de gas natural para Europa, en especial para Alemania, Turquía, Italia, Polonia y Francia. Es también un gran productor de petróleo, del cual dependen cerca del 40% de sus exportaciones, con base en datos del Servicio Federal de Aduanas de Rusia. Además de que es el primer productor de trigo y fertilizantes químicos en el mundo, según reporta la organización World Top Exports. 

Hasta el momento, sólo un país ha impuesto restricciones severas a estos sectores clave de la economía rusa: Estados Unidos, que el 8 de marzo anunció la prohibición total de las importaciones de energéticos desde Rusia. El efecto real de esta medida, sin embargo, es mínimo. En 2021 sólo el 3% de las importaciones estadounidenses de petróleo vinieron desde Rusia, y el país no registra importación alguna de gas natural desde el país euroasiático, de acuerdo con la Administración de Información Energética.

La intención de la Casa Blanca es más bien inspirar a otras naciones a aplicar medidas similares contra Rusia, pero los europeos no pueden permitírselo en estos momentos. Lo que significa un respiro para el Kremlin que tiene hasta 2030 para buscar socios alternos a estos productos, fecha en que la Unión Europea anunció que dejaría la dependencia a energéticos rusos.

Aún cuando las medidas adoptadas merodean cerca de los sectores clave de la economía rusa, sin atacarla de golpe completamente, el peso de las restricciones y las pérdidas de los inversionistas han hecho ya tambalear a la economía mundial. 

De acuerdo con proyecciones publicadas en abril por el Fondo Monetario Internacional, el crecimiento mundial se desacelerará este año. Mientras que el PIB mundial registró un crecimiento estimado en 6.1% en 2021, en 2022 y 2023, el FMI espera un crecimiento del 3.6 % para ambos años, sugiriendo la inminente arribada de una recesión mundial. 

La Comisión Europea también planteó un menor crecimiento del Producto Interno Bruto, tras estimarlo en 4% en invierno, mientras que el 16 de mayo lo estimó en 2.7 por ciento. 

“Si se me permite decirlo, el continuo frenesí de las sanciones inevitablemente llevará a consecuencias más complejas en la Unión Europea, que serán difíciles de revertir, para sus ciudadanos, además para los países más pobres que ya de por sí enfrentan enormes riesgos de hambruna”, declaró Putin el 12 de mayo.

El dato. Rusia es el principal proveedor de gas natural para Europa, en especial para Alemania, Turquía, Italia, Polonia y Francia.

Rusia ¿acorralada?

A pesar de las intenciones de Occidente, el rublo ruso es la moneda con mejor comportamiento en 2022, según evaluó Bloomberg el 11 de mayo. A pesar de que, durante las primeras semanas de la invasión, la moneda se devaluó a niveles históricos, en abril y mayo su precio se normalizó, al ubicarse incluso en una mejor posición que antes de la invasión. 

Los enormes esfuerzos del Kremlin están rindiendo frutos. No sólo se están inyectando capitales masivos para subsidiar el alza en los precios, sino que se implementaron medidas para atraer la inversión, controlar los precios, fomentar la investigación y desarrollo, garantizar créditos para pequeñas empresas y acelerar la sustitución de importaciones y exportaciones. 

En este sentido, el Banco Central adoptó medidas draconianas para no perder frente a la fuga de capitales y la devaluación de la moneda como la estipulación de una tasa de interés alta, controles de capital y la suspensión de la negociación cambiaria. Además, se obligó a extranjeros y deudores internacionales a pagar sus compras y créditos en rublos. 

Como resultado, no sólo el rublo se ha visto fortalecido, los precios al consumidor también han cedido luego de que la inflación alcanzara su nivel más alto desde 2002, en marzo cuando se situó en 7.6 por ciento. No obstante, para abril la inflación se registró en 1.6 por ciento.

En el día a día, estos ajustes se perciben en el cambio de los patrones de consumo. Ante la suspensión de Netflix, despegó Kinoteatre; tras la salida de Visa y Mastercard se optó por el sistema de pagos rusos Mir y el chino UnionPay; mientras que, ante las restricciones de Google, Spotify y Apple, el gigante ruso Yandex se ha convertido en el principal motor de pagos, búsquedas, música y geolocalización de la población. 

El Kremlin está apostando a naciones amigas, principalmente asiáticas, si bien otras como México no están descartadas de la agenda de Moscú. 

El conflicto en Ucrania está reconfigurando la economía mundial. Rusia no puede mantener estas medidas en el largo plazo, si no van acompañadas de medidas que reestructuren sus bases y sus socios estratégicos, pero tampoco podrá aguantar mucho la Unión Europea, sin repensar su estrategia. Al aislar a Rusia, los países de Occidente están fortaleciendo al bloque opositor liderado por China, mientras que su influencia sobre Ucrania pareciera ser diminuta.

“La retirada rusa de Kiev y otras áreas se debe a la derrota militar, no a las sanciones impuestas hasta la fecha”, declaró la profesora de la Universidad de Illinois, Taisa Markus, experta en temas de derecho y seguridad. Y en este sentido, las sanciones no han cumplido su cometido. Ucrania sigue bajo ataque del invasor. Las sanciones son en pocas palabras un fracaso.

Desde ahora, puedo decir que la ciberagresión y las sanciones contra Rusia fracasaron, en general, ya que estábamos preparados para ello.” Vladímir Putin, presidente de Rusia

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