Foto: Especial

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Jonathan Nácar

En su envoltorio de plástico aparece un número que no está registrado en los listados que avalen su efectividad; un poco más abajo hay una leyenda que indica: “uso civil; uso no médico”, y en ninguna parte aparece el registro sanitario. Al abrir el paquete el cubrebocas sólo tiene el número N95 y no cuenta con dos bandas para la cabeza, que permita un adecuado ajuste al rostro, como obligan las normas internacionales. 

La Administración de Drogas y Alimentos de los Estados Unidos (FDA por sus siglas en inglés) y el Instituto Nacional para la Seguridad y Salud Ocupacional (NIOSH) no avalan este modelo. Esto implica que los cubrebocas entregados a trabajadores del IMSS carecen de la certificación de la agencia estadounidense encargada de garantizar las condiciones de trabajo seguras y saludables.

Estas son las mascarillas que Zoé Robledo, director del Instituto le entregó al personal de salud que atiende a pacientes infectados por Covid-19 en al menos tres hospitales regionales de zona del Valle de México. Este producto es comercializado por una empresa exportadora que vende lencería.

›En las últimas tres semanas, el IMSS repartió otros dos modelos de cubrebocas tipo KN95, esos sí aparecen en la lista de la FDA, con el número GB2626-2006, pero no cuentan con la validación del NIOSH. 

Incluso en China, de acuerdo a los documentos oficiales, esos modelos aunque podría servir para frenar al coronavirus, las autoridades de ese país no la recomiendan para uso hospitalario, sino el que aparece bajo el número GB1893-2010. La propia FDA planteó que el defecto que puede tener la GB2626-2006 es no tener un ajuste adecuado que es fundamental, porque sin esto se alerta de un peligro potencial. Y estos dos modelos sólo tienen una cinta y no dos, por lo que no cumplen con dicho requisito. 

Las mascarillas “KN95 M. feeling”, fueron certificadas por la epidemióloga Concepción Grajales Muñiz, sin que esté facultada para ello. 

Sometió los cubrebocas a una de las tres pruebas que impone la certificación de NIOSH que son: de resistencia a la exhalación y a la inhalación, y una más de resistencia al cloruro de sodio. Sólo así, considera el Instituto puede garantizarse un nivel de protección de, al menos, el 95 por ciento. 

De acuerdo con el oficio del IMSS del pasado 5 de mayo, la única prueba que se realizó a las mascarillas fue la impermeabilidad, en la que según las conclusiones luego de transcurridos 15 minutos de haberle vertido agua, “no se aprecia escurrimiento en la parte posterior de la tela”, con lo cual el jefe del área de Análisis de Materiales No Metálicos constató que el producto “demuestra ser impermeable y útil para aerosoles (ofreciendo protección para uso médico), y de igual forma puede ser utilizado para servicio ambulatorio”.

Garantía IMSS

Carentes de la regulación y certificación de la agencia NIOSH, la institución mexicana avaló las mascarillas con una de las tres pruebas reglamentarias que miden su efectividad. Ni siquiera lo hizo Cofepris.

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