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Juan Carlos Rodríguez

La narrativa del presidente Andrés Manuel López Obrador no sólo busca el oído de quienes lo escuchan, también apela a sus emociones, pretende influir en su percepción y sacudir la memoria colectiva.

Y como las palabras a veces son insuficientes, el mandatario acude a los símbolos; esas imágenes, objetos, representaciones y códigos que identifican a las comunidades, pero que también tocan fibras más sensibles y profundas.

Bajarse el sueldo, quitar las pensiones a expresidentes, rifar el avión presidencial, eliminar al Estado Mayor Presidencial y abrir la residencia oficial de Los Pinos al público no son acciones que impliquen grandes ahorros a las finanzas públicas ni resuelven problemas apremiantes, pero sacian las necesidad de sus votantes de acabar con el despilfarro y la corrupción.

Por ejemplo, crear el Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado (Indep) y subastar los vehículos de lujo, las joyas y las casas de los delincuentes (incluidos los de cuello blanco) ha ayudado a recaudar 314 millones de pesos, lo que representa apenas el 0.29% del presupuesto de 2020 para el desarrollo de pueblos indígenas.

Pero el nombre suena a “justicia social” y ayuda a reforzar el discurso de que este gobierno está para implantar la austeridad, combatir la corrupción y reivindicar a los desposeídos. No por nada, el propio López Obrador ha dicho que el Indep es el instituto Chucho el Roto, en alusión al personaje histórico-novelesco que estafaba a los ricos para repartir el botín entre los pobres.

Sin embargo, los nuevos símbolos de López Obrador, la austeridad y la cruzada contra la corrupción tienen sus fragilidades. La primera ha provocado una cascada de amparos, daños al erario —los gastos de mantenimiento del avión presidencial y las multas por cancelar la obra del aeropuerto de Texcoco y freno a la inversión privada—, mientras que la segunda aún no logra limpiar la mala reputación de la mayoría de los servidores públicos. 

“Sí somos un instituto populista”, Ricardo Rodríguez director del Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado

jcrodriguez@ejecentral.com.mx

“¿Son chocolates para los que cuidan la línea?”, se le pregunta a Ricardo Rodríguez Vargas, quien amablemente ofrece a los visitantes las golosinas sin azúcar que hay en la mesa de su despacho. “No”, ataja el funcionario, “son para los diabéticos, hipertensos y con colesterol alto. O sea: para tu servidor”.

Rodríguez Vargas, director del recién creado Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado, tiene 46 años, pero aparenta 10 más. No obstante sus problemas de salud, defiende con vehemencia y en vigía a uno de los símbolos creados por el presidente Andrés Manuel López Obrador para imprimirle el sello a su gestión.

El mandatario, maestro en el manejo de los símbolos, durante la campaña ofreció destruir tres de lo que él identifica como emblemas de lo que llama el periodo neoliberal: Los Pinos como recinto impenetrable del poder, el avión presidencial como ejemplo de la concepción faraónica del trabajo público, y el Estado Mayor Presidencial como la institucionalización del privilegio.

Perfil. Ricardo Rodríguez proviene del Banco de México y la Secretaría de Hacienda. Foto: Cuartoscuro

Pero, a decir de los expertos en comunicación política, la destrucción de símbolos tiene una rentabilidad efímera y ahora el Presidente de la República debe construir los propios. Uno de ellos es el Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado, que busca posicionar la idea de que este gobierno tiene el ánimo justiciero de Chucho el Roto, el personaje que le robaba a los ricos para dárselo a los pobres.

Pero hasta el momento, el símbolo ha resultado más mediático que eficaz. En las seis subastas con sentido social que se han realizado desde que López Obrador llegó a la Presidencia de la República se logró recolectar 314 millones de pesos, lo que equivale a 0.29% del presupuesto de 2020 para el desarrollo de pueblos indígenas; al 0.17% del presupuesto de este año para la Secretaría de Bienestar, y al 0.16% del gasto federal de 2020 destinado a grupos vulnerables.

›Rodríguez Vargas, economista egresado de la Universidad Autónoma de Aguascalientes y exfuncionario del Banco de México, tiene las cualidades necesarias para estar al frente del instituto y ser el custodio del símbolo, ya que es admirador confeso de la trayectoria política de López Obrador, está convencido de la viabilidad de la Cuarta Transformación y ha interiorizado la retórica y el léxico del tabasqueño.

¿A quién se le ocurrió el nombre?

—Este nombre surge en una reunión del gabinete de seguridad, donde el señor Presidente da la instrucción de realizar un análisis y de llevar a cabo una transformación de lo que anteriormente era el SAE (Servicio de Administración y Enajenación de Bienes). De ahí fue que el Presidente tuvo la idea de que este nuevo instituto tuviera una participación activa en las políticas de desarrollo social.

¿Es cierto que la idea la detonó Zhenly Ye Gon?

—Él no, su caso tal vez. Un día, en la conferencia mañanera, el Presidente preguntó si alguno de los presentes sabía el destino de los recursos incautados al ciudadano mexicano Zhenly Ye Gon. En ese momento nadie dio una respuesta puntual, por lo que nos instruyó a que hiciéramos un análisis y detectamos hacia dónde se habían ido 205 millones de dólares. Después supimos que se habían ido hacia el Poder Judicial, la Secretaría de Salud y la PGR. También vimos que algunas propiedades se las habían adjudicado al estado de México, pero que la casa aún estaba en posesión del SAE.

¿No hay un ardid justiciero en el nombre?

—Yo creo que el nombre tiene una connotación muy fuerte. Porque la
 percepción de la gente es que antes las cosas funcionaban como Robin Hood, pero al revés: antes le quitabas a los pobres para dárselos a los ricos. Ahora es quitárselos a aquellos delincuentes de cuello blanco, a aquellos que roban energéticos, que cometen delitos contra la salud o de delincuencia organizada para devolvérselos al verdadero dueño, que es la ciudadanía.

Sofisticación. Un hombre identificado como Roberto López adquirió el Lamborghini Murciélago, modelo 2007 que se ofertó
en “la madre de todas las subastas”, realizada el mes pasado en Los Pinos. El comprador pagó 1.7 millones de pesos por el auto. Foto: Cuartoscuro

“Este nombre ha causado polémica entre los legisladores de oposición y en el círculo rojo, pero al ciudadano de a pie, a los ciudadanos de Oaxaca, Guerrero, Michoacán, Nayarit, hacia donde se han ido los recursos, es un nombre que ha tenido mucha empatía con la ciudadanía, que le ha gustado mucho, que disfruta el nombre, que lo siente parte de una administración. Es un nombre que, desde mi óptica, ha sido uno de los mayores aciertos de este gobierno”.

El nombre tiene una carga simbólica muy fuerte. Eso lo responsabiliza mucho a usted

—Sí me responsabiliza mucho. Porque la visión del señor Presidente es, sobre todo, primero los pobres, primero los desposeídos, los marginados; aquellos a los que siempre se les ha hecho a un lado, hoy deben ser la prioridad de las políticas de desarrollo social.

Un instituto populista

Cuenta la leyenda que, en una de las tantas veces que Jesús Arriaga (alias Chucho el Roto) fue capturado por sus estafas, fue llevado a una fortaleza, donde el director del penal, un coronel de nombre Federico Hinojosa, dijo al verlo pasar: “¡Que le den doscientos latigazos a ese desgraciado!”

Todas las heridas lo colocaron en un estado grave, pero Chucho el Roto, identificado como El bandido generoso, tuvo la suficiente fuerza para reincorporarse y contestar: “No puede ser desgraciado el que roba para aliviar el infortunio de los desventurados”.

Entonces, el coronel se exaltó: “¡Dénle trescientos!”

¿Es verdad que esta es la filosofía del instituto? —se le pregunta a Ricardo Rodríguez Vargas.

—El Presidente en las reuniones de Seguridad Nacional nos ha dicho que somos el Instituto Chucho el Roto. Acuérdate qué decía Chucho el Roto: “no pueden ser malditos ni malnacidos aquellos que le llevan un resarcimiento a los pobres de este país. Con esto lo que te quiero dar a entender es la frase con la que el señor Presidente cierra sus discursos: “El triunfo de los conservadores es moralmente imposible”.

El nombre del instituto ha causado polémica entre los legisladores de oposición y en el círculo rojo, pero para el ciudadano de a pie, hacia donde van los recursos, es un nombre que ha tenido mucha empatía.” Ricardo Rodríguez, director del Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado.

¿Qué les responde a quienes aseguran que el nombre del instituto es más retórica que contenido?

—En una democracia cualquiera puede estar a favor o en contra. Están su derecho de criticar. Llama la atención que los diputados de oposición fueron renuentes al nombre por considerarlo demagogia, populismo, electorero. Si populismo es ayudar a los más desposeídos de este país, si populismo es ayudar a las comunidades más marginadas, llevar becas a los deportistas, pues sí somos un instituto populista. Nosotros debemos actuar con rectitud, con principios para devolverle al pueblo lo robado, porque es literal, es devolverle al pueblo lo que es del pueblo, si se molestan los diputados de oposición, pues es muy respetable.

¿Cuánto se ha recaudado en las subastas con sentido social?

—En las cinco primeras, antes de la madre de todas las subastas, celebrada en Los Pinos, habíamos tenido una de sólo automóviles, una de sólo bienes inmuebles, luego mezclamos joyería, y luego una casa que causa mucha polémica por ser la que pertenecía a Zhenly Ye Gon, con un valor de 102 millones de pesos. En total, habíamos obtenido 237 millones de pesos. En la sexta subasta obtuvimos 51, pero le sumamos 26, porque dos gobernadores nos externaron su deseo de que nos querían comprar. Esto nos habla de alrededor de 314 millones de pesos, mismos que aportaremos para acciones sociales.

Comparada esta cantidad con el presupuesto para Bienestar, estamos hablando de décimas de punto. ¿No es más show que dinero?

—Es cierto, es poco dinero si lo comparamos con el presupuesto global, pero yo destacaría dos aspectos muy importantes. Primero, estamos dándole confianza a la ciudadanía. Antes tú ibas a las subastas y este dinero se perdía en la cañería del gobierno. No sabes si iba para un político que terminaba enriqueciéndose con ese presupuesto. Ahora no, ahora la ciudadanía puede estar tranquila y con mucha confianza de que estos recursos se van para una escuela, para un hospital, para caminos, becas para competidores olímpicos, futuros campeones, paralímpicos. Entonces la ciudadanía ya tiene confianza.

“Y dos. Aunque sea una pequeña cantidad de recursos, en las comunidades tiene un impacto mayúsculo. En Santa María Zaniza y Santos Reyes Yucuná, Oaxaca, aunque les lleves 11 millones de pesos son recursos muy importantes para ellos, porque les permite mejorar un camino que estaba en condiciones deplorables —sobre todo en temporada de lluvias—, y ahora pavimentado ya pueden transitar”.

Si comparamos esos 314 millones contra lo que se recauda el instituto con otras subastas, ¿qué porcentaje representa?

—Es como la mitad. Nuestro principal transferente es el SAT (Servicio de Administración Tributaria) comercio exterior, son los bienes que se incautan en las aduanas. Pero esos bienes no van a obras con sentido social, pueden salir en subastas a martillo o electrónicas de otra índole, estos recursos van para una cuenta del SAT, nosotros se los regresamos, les cobramos una cuota del 7% por gastos de administración y venta, pero se los regresamos, es un dinero que regresamos al SAT.

“Lo que sí se va para subastas con sentido social son bienes asegurados a la delincuencia y próximamente bienes en proceso de extinción de dominio. En este momento los bienes por casos de corrupción están contados con los dedos de mi mano, pero con la ley de extinción de dominio esperamos que esto aumente”. 

El 22 de enero de 2020 fue publicado en el Diario Oficial de la Federación el Decreto por el cual se cambió el nombre al Instituto de Administración de Bienes y Activos (antes Servicio de Administración y Enajenación de Bienes, SAE).

El fan de López Obrador

Ricardo Rodríguez Vargas no sólo es seguidor de Andrés Manuel López Obrador desde que éste era jefe de Gobierno del Distrito Federal y enfrentó el juicio de desafuero, además se mimetizó. Utiliza el mismo léxico que el tabasqueño (machuchones, conservadores, fifís, cañería de la corrupción, moralmente derrotados), profesa la austeridad como estilo de vida y ha hecho suyos los ideales de la llamada Cuarta Transformación.

¿Quién es Ricardo Rodríguez?, ¿de dónde viene y hacia dónde va?—Pues mira, yo del pueblo vengo y al pueblo regresaré. Soy economista, hidrocálido, egresado de la gloriosa Universidad Autónoma de Aguascalientes, un profesional que a inicios de la administración fue invitado a participar el en el gobierno federal. Yo trabajaba en el Banco de México, pero he trabajado en el Inegi, en mi tierra, en la fiscalización de recursos, en el Órgano Superior de Fiscalización. En la Secretaría de Hacienda estuve en la Subsecretaría de Egresos.

¿Un alfil del Presidente?

—El señor presidente tuvo la confianza en un servidor para poder encabezar el nuevo instituto que sustituye al SAE, tuvo a bien darme esa confianza y estamos en esta nueva etapa. Yo me definiría como una persona igual que la mayoría del pueblo que ha padecido las carencias para estudiar, para desarrollarse, pero que al final del día se encuentra muy comprometido con la Cuarta Transformación. Que sí siente el proyecto del señor Presidente, y que tiene todo el deseo de que las cosas en este país sean bajo el principio de primero los pobres y llevar estos recursos.

Su nombramiento lo hizo el Presidente o el secretario de Hacienda?

—El nombramiento fue por el secretario de Hacienda, Carlos Urzúa, en una primera instancia. Cuando el doctor Urzúa hace los nombramientos de nivel subsecretario y de órganos desconcentrados, el nombramiento fue hecho por el secretario de Hacienda, fue quien me dio la confianza, y me invitó a estar en el anterior SAE. Una vez que cambia del SAE a Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado, el señor Presidente fue quien ratificó el nombramiento del anterior secretario de Hacienda.

1,219 artículos ha promovido el gobierno federal en siete subastas.

¿Cómo conoció al Presidente?

—Yo no tenía el gusto de conocerlo antes de llegar al gobierno. Obviamente para mí era un líder político que yo lo había seguido en la prensa y en los mítines; yo había ido a mítines de él, cuando fue el desafuero yo fui al Zócalo, porque sentía las ganas de solidarizarme contra esa injusticia, pero hasta antes de mi nombramiento yo no había cruzado una sola palabra con el Presidente.

¿Cuándo pudo tratar con él personalmente?

—En las reuniones de seguridad nacional, porque invitaban al titular del SAE. Lo empecé a tratar y le gustó el trabajo que estamos haciendo y nos dio la confianza de seguir al frente con la transformación de este instituto, pero anteriormente mi conocimiento era a través de mítines, de verlo encabezando una lucha democrática por este país.

—¿Ha militado en algún partido?

—No he militado, pero siempre me he identificado más con la izquierda. Me gustaba ir a eventos del Partido Comunista Mexicano, del PSUM (Partido Socialista Unificado de México), el Partido Mexicano de los Trabajadores, de Heberto Castillo. No milito ni soy miembro de ningún partido, ni de Morena, pero siempre me he identificado con el pensamiento de ayudar a los pobres, de un país más justo, más igualitario, donde no haya tanta desigualdad. Siempre me ha gustado el camino de la izquierda que es donde está el corazón de la gente.

Tras la renuncia de Carlos Urzúa, ¿cómo lo asimiló y qué piensa de las críticas que hizo al gobierno?

—Yo respeto mucho al anterior secretario de Hacienda, lo respeto por ser una persona íntegra, como una gente con principios y valores. Yo respeto el camino que él haya decidido tomar. Mi esfuerzo y mi compromiso es con el proyecto del señor Presidente.

¿Y sobre los desórdenes que, dijo, hay al interior del gobierno?

—Como dijo el señor Presidente, cada quien tiene la libertad de expresar lo que quiera. El doctor Urzúa se expresó. Yo creo que en una democracia hay divergencias y hay convergencias.

Me definiría como una persona igual que la mayoría del pueblo, que ha padecido las carencias para estudiar (…), pero que al final del día se encuentra muy comprometido con la 4T. Ricardo Rodríguez director del Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado.

Su balance de la 4T…

—Yo diría que es el inicio de una transformación que requiere este país, de una sociedad que está cansada de la corrupción, del dispendio, de la parafernalia, de políticos que solamente llegaban a enriquecerse, a pedir el moche, a vivir de la ciudadanía, a ser ese Robín Hood al revés, de quitarle los recursos a la ciudadanía. Yo creo que la ciudadanía estaba cansada y vio en el actual Presidente un luchador incansable, una persona que pese a los obstáculos, pues fue perseverante, y esa perseverancia tuvo al final una victoria que fue una aplanadora por parte de la ciudadanía cansada.

“Los políticos tradicionales pensaron que eran inmunes, que nos les iba a pasar nada, que la ciudadanía siempre iba a ser indiferente. Pues no. La ciudadanía ni fue indiferente ni fue apática, la ciudadanía castigó a esos viejos políticos, a ese viejo pensamiento. Y yo creo que la 4T tiene, desde mi perspectiva, un balance muy favorable, sobre todo en la lucha contra la corrupción y de romper esos viejos esquemas, de que el presupuesto se veía como el botín que sólo se destina a moches y no al sentir de la sociedad ni al impacto profundo en el desarrollo”.

Pero los resultados no se perciben en seguridad y en economía. Hay más expectativas que resultados…

—Sí hay fuertes expectativas, pero creo que discutir ahorita si se da un crecimiento de 1% o menos es un tema un tanto estéril. Ahorita el debate debe ser sentemos las bases para crecer económicamente, sentemos las bases para que con un fuerte programa de infraestructura, un gobierno honesto, con los recursos que lleguen a la ciudadanía, con un México más igual, pues este país crezca económicamente”.  

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