Foto: Presidencia

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Jonathan Nácar

Estuvo solo. En el enorme “patio de honor” de Palacio Nacional el presidente Andrés Manuel López Obrador, con gesto serio y solemne, rindió lo que dijo era su primer informe 2020. Lo hizo en medio de rumores de cambios en su gabinete y de exigencias por emitir medidas económicas que hagan frente a la crisis económica que el Covid-19 ha generado en el mundo y en el país. Pero prácticamente reiteró lo que adelantó en sus conferencias mañaneras: ajustó el cinturón a los burócratas, enunció mayor inversión pública y creación de empleos.

En algo sí fue contundente López Obrador: “Vamos bien, pero no nos confiemos, sigamos cuidándonos en casa, como somos los mexicanos, de manera fraterna, sigamos cuidando a nuestros adultos mayores, a nuestros enfermos; desgraciadamente todavía falta tiempo y, según los especialistas, la parte más difícil de la epidemia está por llegar”.

En su discurso le llamó una “crisis transitoria” al avance del coronavirus. Aseguró que a la fecha se cuentan en el país con 6 mil 425 camas de terapia intensiva con sus respectivos ventiladores y el personal de enfermería y médicos especializados; y presumió, aunque aclaró que “sin triunfalismos” que México, después de la India, era el país con menos infectados por coronavirus, y el tercero con menos defunciones por número de habitantes.

Las reacciones contra el discurso de López Obrador no se hicieron esperar en México y el extrajero. El Financial Times reportó: decepcionó a los líderes empresariales en su informe trimestral de Gobierno, carente de programas concretos o ayuda para las pequeñas empresas que probablemente serán golpeadas por la crisis. El peso cayó casi un punto porcentual para romper el techo de 25 por dólar, al reprobar los mercados un mensaje que no mostró desviación de la política actual.

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