1. Tras el desaire al G7, el presidente Trump se impuso a Irán, a la OTAN y al Congreso. Con ello obtuvo tres hits tremendos para afirmar su dominancia de la política interior y exterior de los Estados Unidos, pues entre mejor le va, peor para los demás. Del G7 obtuvo la cancelación de aquel impuesto global del 15% a la riqueza excesiva, pensado para redistribuir la desigual concentración de recursos en unos cuantos en detrimento de los muchos. El bombardeo a las instalaciones nucleares de Irán le permitió mostrarse como un presidente decisivo y firme en momentos cruciales al tiempo que merma una de las más serias amenazas a la estabilidad del Oriente Medio, sobre todo porque no involucró a su país en el conflicto militar, ante un pasmo condescendiente de Rusia y China.
2. De ahí, el salto a la reunión de la OTAN en Holanda le permitió imponer la elevación del gasto militar de los países miembros de la alianza al 5% del PIB en los próximos diez años, no obstante la reticencia de España. La situación le permitió mostrar el talante: o España “paga” el 5%, o lo pagaría con aranceles al doble, sin importar la negociación comunitaria. Con ello, la industria militar, de tanto peso en las decisiones de política exterior estadounidense, está de plácemes y se frota las manos. Una nueva carrera armamentista se avecina.
3. Así es como el tío Trump aplica el principio de buscar la paz a partir de la fuerza. Así es como impulsó la aprobación del paquete presupuestal, el “BBB” (Big Beautiful Bill) para presentarlo el 4 de julio, aniversario de la independencia de los Estados Unidos, y así es como irá por los aranceles, al concluirse la pausa de dos meses el próximo 9 de julio, que podría extender un poco más para concretar las oportunidades de negociación. El BBB incrementa el financiamiento para seguridad fronteriza, defensa y producción energética, recortando impuestos y el gasto en salud y alimentación de quienes menos tienen. Aprobado lo uno y logrado lo otro, pronto podrá ufanarse de haber reducido impuestos (con lo que espera recobrar la popularidad perdida, hoy rondando el 40%) al tiempo que incrementa los ingresos tributarios por la vía de los aranceles al resto del mundo, con lo que los demás estaremos pagando los excesos del pretendido nuevo imperialismo estadounidense.
4. Con México, la presión de la administración Trump no ha cejado. Siguen las persecuciones a migrantes, con énfasis y crueldad hacia los connacionales; se habrá aprobado un impuesto a las remesas y las deportaciones rondan las 60 mil hasta el momento; prosiguen también las palabras duras de integrantes del gabinete, como hiciera en su momento Kristi Noem, titular del Homeland Security, al acusar públicamente a la presidenta Sheinbaum de incitar las protestas en Los Ángeles, o recientemente, Pam Bondi, fiscal general, quien situó a nuestro país entre los adversarios del suyo, al lado de Irán, Rusia y China. Tales deslices podría argüirse que son verbales, pero se corresponden con acciones de presión en la relación bilateral, como han sido la cancelación de visados a funcionarios y artistas, la revelación de datos de indagatorias en causas criminales como el huachicol fiscal o la operación de “minirrefinerías” para traficar combustibles, acusaciones de lavado de dinero en bancos y casas de bolsa (CIBanco, Intercam, Vector) y la declaración como organizaciones terroristas a carteles del narcotráfico, nutriendo los dichos del tío Trump sobre la implicación de personajes políticos en los narconegocios.
5. Son demasiadas cosas como para suponer que no habrán de influir en la revisión o revocación del acuerdo trilateral de comercio pero también en la relación bilateral. La revisión habrá de ser áspera, podrá coincidir con la propuesta del gobierno mexicano para un acuerdo integral sobre comercio, migración y seguridad, pero también establecerá cauces, salvaguardas y sanciones, posibilitando una mayor injerencia de los Estados Unidos en el combate a los cárteles y sus nexos.