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Elizabeth Hernández

A principios del año, cuando el nuevo coronavirus aún no era una amenaza global pero ya encendía las alarmas entre las autoridades de salud internacionales, un grupo de científicos reveló el genoma inicial de este misterioso patógeno que fue detectado en Wuhan, China. La secuencia de 30 mil letras se hizo pública el 12 de enero, y desde entonces, investigadores de todo el mundo se han volcado a entender y cazar a este enemigo desde sus rastros.

La importancia del rastro genético deriva en comprender si alguna mutación, algo frecuente y que sucede de forma relativamente rápida en la familia de los coronavirus debido a su simpleza, puede significar un aumento en su letalidad o en la capacidad que tiene para infectar a otras personas, e incluso a otras especies.

Se habla de una mutación cuando alguna de las 30 mil letras de la cadena original cambia de sitio, en el caso del nuevo coronavirus estos cambios han sido detectados en más de 100 mil muestras de todas las regiones del mundo, pero a pesar de su variedad, no existe una alteración significativa que nos haga pensar que estamos enfrentando a un patógeno muy alejado del que salió de Wuhan en enero.

El 80% de las muestras que se han estudiado hasta hoy tienen una mutación en una de las proteínas en forma de pico del coronavirus, mismas que les permiten adherirse a las células humanas, y que le dan nombre a esta familia de patógenos. El cambio conocido como D614G es la principal característica de las cepas que actualmente circulan en la mayoría de los países del mundo, pero también podría ser la llave para una posible vacuna.

Los investigadores no saben si esta alteración aparece de forma común porque fue parte de las primeras cepas que iniciaron el brote, o se trata de una ventaja genética que permita una mayor transmisión, por lo que es común encontrarla ahora que el número de enfermos que aumentó de forma exponencial.

Hasta el momento no existe una relación directa entre la severidad de Covid-19 y la cepa que produce en cada persona. Chris Whitty, jefe del Departamento de Salud en Inglaterra, desechó la idea de una mutación menos peligrosa al explicar que la baja en casos graves durante el verano podría deberse a que los nuevos enfermos eran personas jóvenes y sin complicaciones crónicas, lo que mejoraba su pronóstico frente a este padecimiento.

En México, el Instituto de Diagnóstico y Referencias Epidemiológicos (InDRE) ha seguido el mapa genético del coronavirus desde el primer caso, cuando tres días después de la confirmación, obtuvieron la secuencia completa de este contagio para confirmar que se trataba del grupo G, una cepa ligada a Europa, pero que tuvo su punto de introducción desde Estados Unidos.

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