El mundo entra en “bancarrota hídrica”: ONU alerta que el agua dulce se agota a un ritmo irreversible, ¿qué pasará en México?
La ONU advierte que el mundo ya vive una bancarrota hídrica, con daños irreversibles en acuíferos y lagos. ¿Cómo impactará esta crisis global a México y por qué el reto es inmediato?
La ONU advierte que el mundo ya vive una bancarrota hídrica, con daños irreversibles en acuíferos y lagos.
/FOTO: GRACIELA LÓPEZ /CUARTOSCURO.COM
El mundo enfrenta una bancarrota hídrica global, una crisis sin precedentes en la que el consumo de agua dulce supera de forma sostenida la capacidad natural del planeta para recuperarla. Así lo advierte la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que señala que numerosos sistemas acuáticos —acuíferos, lagos, ríos y glaciares— ya han cruzado límites irreversibles tras décadas de sobreexplotación, contaminación y mala gestión.
De acuerdo con expertos asociados a Naciones Unidas, esta bancarrota no significa que el agua “desaparezca”, sino que regiones enteras viven por encima de sus recursos hídricos disponibles, extrayendo más agua de la que la naturaleza puede recargar. El resultado es una pérdida permanente de reservas estratégicas que compromete el acceso al agua para las generaciones presentes y futuras.
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¿Por qué el planeta se quedó sin margen hídrico?
La ONU advierte que el problema es estructural, a la mala gestión histórica del agua se suma el cambio climático, que altera los patrones de precipitación, intensifica las sequías y acelera el derretimiento de glaciares, una de las principales reservas de agua dulce del planeta. Al mismo tiempo, la demanda continúa en aumento debido al crecimiento poblacional, la urbanización y la expansión de actividades económicas altamente consumidoras de agua.
La agricultura, responsable de cerca del 70 % del consumo mundial de agua dulce, es uno de los sectores que más presión ejerce sobre los sistemas hídricos, especialmente en regiones áridas o semiáridas.
Lagos y acuíferos, en pérdida permanente
El informe señala que más de la mitad de los grandes lagos del mundo han reducido de manera significativa su volumen, mientras que acuíferos clave se están agotando a un ritmo que impide su recuperación plena. En muchos casos, el agua que hoy se extrae corresponde a reservas acumuladas durante miles de años.
Esta degradación no solo reduce la cantidad de agua disponible, sino que también afecta ecosistemas completos, debilita la biodiversidad y rompe los ciclos naturales que permiten la regeneración del recurso.
¿Qué implicaciones tiene esta crisis para México?
México no es ajeno a esta bancarrota hídrica. El país enfrenta desde hace años estrés hídrico severo, con regiones donde la disponibilidad de agua es cada vez menor y la dependencia de acuíferos sobreexplotados es crítica. Estados del norte y centro del país ya experimentan sequías recurrentes, mientras que grandes zonas urbanas dependen de sistemas de abastecimiento cada vez más frágiles.
Además, gran parte de los acuíferos mexicanos presentan déficit, es decir, se extrae más agua de la que se recarga naturalmente. Esto incrementa el riesgo de hundimientos, pérdida de calidad del agua y conflictos sociales por el acceso al recurso.
La ONU advierte que, de no modificarse las políticas de gestión del agua, países como México podrían enfrentar escasez más frecuente, impactos en la producción agrícola, presión sobre el abasto urbano y mayores desigualdades en el acceso al agua potable.
Riesgos sociales y económicos
La bancarrota hídrica tiene consecuencias directas en la seguridad alimentaria, la salud pública y la estabilidad social. La falta de agua suficiente afecta la producción de alimentos, eleva costos, genera tensiones entre comunidades y puede detonar conflictos, especialmente en regiones donde el recurso ya es limitado.
A nivel global, miles de millones de personas enfrentan escasez extrema de agua al menos durante parte del año, un escenario que, según la ONU, podría agravarse si no se toman medidas urgentes.
¿Aún se puede evitar un colapso mayor?
Los expertos coinciden en que la crisis del agua no es inevitable, pero sí exige cambios profundos y urgentes. Entre las principales acciones destacan una gestión más eficiente del recurso, la protección de ecosistemas acuáticos, la reducción del desperdicio, el uso de tecnologías sostenibles y una coordinación efectiva entre gobiernos, sectores productivos y sociedad.
La advertencia de la ONU es clara: el mundo debe dejar de tratar el agua como un recurso inagotable y comenzar a administrarla como lo que es: un bien limitado y esencial para la estabilidad económica, social y ambiental. Para países como México, el reto no es futuro, sino inmediato.
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