J. S Zolliker

Vamos a ser muy claros porque luego no me entienden o me sacan de contexto o me malinterpretan. Inteligencia me sobra y aunque he tenido que besar varios culos rancios, ahora tengo para comer e invertir lo suficiente y no me quejo del todo. Claro, ustedes de seguro, me critican por vivir del oportunismo, pero nunca se han puesto a analizar que, en épocas del neopopulismo exaltante de la ignorancia, la conveniencia a-toda-costa, es la más reciente fórmula de escalamiento socioeconómico. 

Otra gente dirá que yo mismo fui promotor del nuevo régimen y de tales condiciones execrables y sí, es verdad, estarán en lo cierto, porque si bien nunca he tenido mucho talento intelectual, nadie me pude acusar de no ser un “pragmático” de primera. Rara vez podrían decir que he nadado contra la corriente. A veces, me he excusado en temas académicos pero la verdad, es que siempre he visto por el bienestar propio, pues vengo de un sitio poco favorable y he leído lo suficiente para saber que, para salir adelante, existe la prostitución, la fuerza o el talento propio.

Reconozco que el escalamiento de mi posición ha requerido de los tres elementos enunciados y no le temo a usar mi talento de prostituirme por la fuerza de la más reciente tendencia política. A la revolución transformadora le debo enseñarme tal camino y reconozco con mucho orgullo, que me he apegado a las huellas de otros que, como yo, han decidido abandonar la ética más elemental para poder tragar caviar en temporada de sembrar ranas, o las mexicanas truchas de cultivo.

Me dirán varios, que nada justifica los atropellos del gobierno al que respaldo. Bien lo sabemos todos: de los pro nazis tlaxcaltecas casados en un auto con esvásticas en el 2022, a los que hacemos propaganda a favor del gobierno, hay solo un paso, así que no se anden de persignados porque lo único peor, es defender la libertad amparados en la creencia de que es un deber de la izquierda, soportar y respetar lo intolerable. 

Ustedes que me leen ahora, sin máscaras, solo por medio de este espacio, entienden que en la vida se nos presentan dos oportunidades: la complicada de hacer las cosas bien con la oportunidad de fracasar, o la más sencilla que implica montar al dragón y si es posible, dirigirlo hacia el tesoro. Realmente, por eso, trabajo y vivo de lo que me paga el gobierno y entonces, solo es congruente de mí, que lo defienda siempre e incluso, adopte su filosofía. 

Unidos en una nómina, es la única forma en que progresará el movimiento. Cuarta transformación, le llamamos, aunque sabemos que en realidad, es lo mismo de siempre salvo la importante diferencia de que, ahora, nos pagan a los críticos y hacen como que nos escuchan. A la nueva generación. Nos pagan en medios y nos dicen lo que debemos decir por medio de WhatsApp y chats y felizmente, cumplimos y ganamos puntos para que cada vez nos aplaudan más y nos vean más personas y tengamos más fans. 

No se engañen, la fama tiene mucho de recompensa y hay que disfrutarla porque por unos aplausos, puedo dejar de comer unos días (si he besado indefendibles escrotos, es porque he decidido que lo merecen para mi trampolín personal). Otrora lo negaría, pero para qué nos engañamos: somos los nuevos (mercenarios) y no nos vamos a ir tan fácil porque el poder del Estado huele a carroña pero en la punta de la lengua, sabe a miel. 

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