Fotos: FB Ginsberg

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David Alejandro Prado Liévana

La ciudad de los ladrillos como suele nombrarse a New Jersey fue el lugar donde nació en 1926 el poeta y activista de ascendencia rusa, Allen Ginsberg. En el contexto de la Crisis económica de 1929 que afectó no sólo a los Estados Unidos también a las economías ligadas a ella, bajo el seno de una familia de origen judío. Desde su infancia el mundo de las letras estaría presente, de padre poeta y madre comunista, por extensión activista marcarían tanto su vida como su obra.

También ciertos sucesos marcarían su poesía. Naomi, su madre, presentó problemas psicológicos para después terminar internada en un hospital. Kaddish, es una prueba fehaciente de esas huellas de vida, poema a manera de despedida escrito entre 1957 y 1959.

Otros acontecimientos que serían determinantes en su vida fue su ingreso a la Universidad de Columbia en New York (aunque fue expulsado en el primer curso) y conocer a Burroughs y Kerouac, pioneros del movimiento Beat, término creado por Jack Kerouac.

Años más tarde, Hal Chase, amigo de Neal Cassady, conocería a este grupo de rebeldes literarios en la universidad, Neal recién casado emprenderá camino para conocer a estos gurús en 1946, generando un vínculo interesante.

¿Cómo explicar el hito literario de la Beat Generation?

Si metiéramos en una licuadora las aspiraciones truncas, amor a la prosa y a la poesía, al ritmo sincopado del jazz, la experiencia con ciertas sustancias psicoactivas, el lazo de la amistad, los viajes continuos, la crisis bélica de la época y en respuesta el activismo, tendríamos como resultado fondo y forma, talento artístico de una generación, los beatniks. Lucien Carr, Neal Cassady, Allen Ginsberg, William Burroughs, John Clellon Holmes, Carl Solomon, Philip Lamantia, Peter Orlovsky, Gregory Corso y Lawrence Ferlinghetti, son quizá los nombres más representativos, quienes habrían de rechazar la moral y valores impuestos, para dar paso a un estilo de vida y a un movimiento artístico de contracultura.

Etiquetados como marginales y derrotados, por el mismo Kerouac, como voz de protesta a todo aquello que oprime y ata. Involuntariamente se declararon en contra de toda convención, críticos del modo de producción capitalista, de la militarización y las políticas belicistas, de la heterosexualidad como norma y tras la búsqueda de la libertad.

Las mujeres también estuvieron presentes en este movimiento contracultural, aunque el terreno no era del todo propicio, sobre todo en una sociedad conservadora que no estaba lista para saber de ellas y su obra. Fueron estigmatizadas por usar un discurso libertario, tocando temas sobre la libertad sexual y el uso de drogas, fueron sometidas, incluso algunas fueron internadas en hospitales psiquiátricos por sus familiares. Nombres como Diane di Prima, Denise Levertov, Leonore Kandel, Diane Wakoski, Marge Piercy y Ruth Weiss son parte de esta historia.

Vida Beat

Allen era un budista practicante discípulo de Chögyam Trungpa, se opuso al militarismo, a la represión sexual, vivió de manera modesta y se consideró a sus 67 años como un «judío, intelectual de café, homosexual, norteamericano, beatnik y poeta» escribió Xavier Moret en “El País” el 7 de diciembre del 1993 durante una conferencia de prensa, previa a un recital de poesía en el Instituto de Estudios Norteamericanos.

Protestó por la Guerra de Vietnam, la guerra contra las drogas, el racismo, los libre estados de conciencia y la difusión del rock, en consecuencia estuvo en la mira de las autoridades en cualquier lugar en donde se estableciera.

La pasión por la literatura lo obligó a dejar la escuela de leyes, “Howl” (Aullido) fue publicado en 1956 haciéndolo una pieza clave de la poesía subterránea de los XX, concediéndole fama por hablar de lo prohibido, en su mundo donde no existe la moral, lo que es correcto y sin pudor, siendo crítico de una sociedad que lo censuró.

“He visto las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, histéricos famélicos muertos de hambre arrastrándose por las calles, negros al amanecer buscando una dosis furiosa, cabezas de ángel abrasadas por la antigua conexión celestial al dínamo estrellado de la maquinaria de la noche, quienes pobres y andrajosos y con ojos cavernosos y altos se
levantaron fumando en la oscuridad sobrenatural de los departamentos con agua fría flotando a través de las alturas de las ciudades contemplando el jazz”.

Sus obras son objetos de estudio y marcaron una nueva manera de ver la vida, de escribir y mirar los problemas sociales del mundo. Murió el 5 de abril de 1997 después de viajar por el mundo, no sin antes despedirse con “Cosas que no haré”, su último poema, su último suspiro en el plano terrenal.

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