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Alejandro Alemán

Alejandro Alemán

“Libros malos hacen buenas películas”. Aquella frase que nadie sabe a ciencia cierta quién dijo (algunos se la atribuyen a Hitchcock, otros a Kubrick, lo más seguro es que no sea de ninguno de ellos), queda en entredicho una vez más con The Girl in a Train (EU, 2016), adaptación fílmica del best seller homónimo escrito por Paula Hawkins.

En 2014 David Fincher demostró que era posible armar un buen thriller a partir de estas “novelas de aeropuerto” cuyo valor literario es dudoso aunque no así su valor como entretenimiento pasajero. El problema es que Fincher no puede dirigir todas. En comparación, Gone Girl (2014) es una fina pieza de joyería mientras que Girl in a Train es un relojito de feria.

El director de esta cinta, Tate Taylor (responsable de la enfadosa The Help), al menos sabe resolver el problema primordial: la prosa caótica del libro, aunque para ello recurra a los trucos más básicos de narrativa como son la voz en off, flashbacks constantes y el close-up sostenido como para no preocuparse por generar atmósferas ni describir espacios.

401396Emily Blunt está sobreactuada en su papel de mujer desesperada y alcohólica que todos los días se sube al tren que pasa frente a la casa de su exmarido para observar desde la ventana su vida perfecta. La cosa se complica cuando desde esa misma “ventana indiscreta” ve a otra mujer (a la que considera modelo de vida por guapa y exitosa) besarse con otro hombre que no es su marido.

Poco le falta al guión para volverse un talk show de infidelidades, pero habría que aceptar que el director sabe llevar el ridículo de tal forma que, así sea por morbo o mero gusto culposo, uno tampoco pierde la atención ni un momento.

Mucho de ello es consecuencia de que, inteligentemente, Taylor se aseguró de llenar la pantalla de gente sumamente guapa: Rebecca Ferguson, Haley Bennett, Luke Evans sin camisa y el sexy psicólogo (al parecer sólo atiende mujeres) Edgar Ramirez.

Con un trasfondo feminista de dos pesos (todas las mujeres son víctimas de la seductora maldad masculina), Taylor entrega una cinta que cumple su cometido: ser un buen divertimento para verse en la diminuta pantalla de un avión.

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