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Elizabeth Hernández

Ninda Dema, la primera persona en recibir la vacuna contra Covid-19 en Bután, considerado el país más feliz del mundo, juntó las palmas de sus manos en un gesto de agradecimiento típico de la religión budista al recibir la vacuna de AstraZeneca. El evento, que fue televisado a toda la nación, marcó el inicio de la campaña de inmunización más rápida a nivel global.

En tan sólo dos semanas, este pequeño reino montañoso enclavado entre China y la India, logró aplicar la primera dosis contra Covid-19 al 60% de sus habitantes, un ritmo que superó a otros países más ricos y con mejores recursos como Israel o Reino Unido.

Si bien la población de este nación no supera el millón de personas, la implacable organización de las autoridades y la voluntad de sus residentes construyeron un plan que se cumplió estrictamente.

Cumplir esta estrategia requirió de ayuda poco tradicional, y es que las autoridades de esta nación consultaron al Zhung Dratshang —instituto gubernamental encargado de los asuntos religiosos del país— para que el plan de vacunación siguiera mediciones astrológicas, mismas que dictaminaron que el periodo entre el 14 de febrero y el 13 de marzo era desfavorable para este fin.

Tanto Ninda Dema, como la enfermera que la vacunó, fueron seleccionadas porque ambas nacieron bajo el signo astrológico del mono, que fue elegido por ser considerado creativo y con la capacidad de resolver con mucha facilidad las dificultades más complicadas, como por ejemplo, una pandemia desatada por un virus desconocido.

Pero los astros no fueron los únicos que marcaron dificultades para lograr este plan, la distribución de muchos poblados a lo largo de la cordillera del Himalaya representó un reto en el que miles de voluntarios participaron para llevar en tan sólo seis días las vacunas a estos puntos de difícil acceso que acumulan cerca del 40% del total de habitantes de este país.

En realidad, el éxito de esta pequeña nación se puede atribuir a una planeación detallada que prefirió acumular las vacunas necesarias para cubrir a gran parte de su población, en lugar de administrarla poco a poco, lo que hubiera sido imposible debido a la geografía; además, la ayuda de miles de voluntarios y la participación ciudadana hicieron posible que el país más feliz del mundo, sea también el más vacunado hasta el momento.

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