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María Idalia Gómez y Jonathán Nácar

Para Estados Unidos, el mapa del narcotráfico se transfiguró en los últimos tres años. Los cárteles de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación se empoderaron y convirtieron a México en un territorio en guerra. Este escenario y la falta de confianza en las autoridades mexicanas motivó que la Agencia para el Control de Drogas de los Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés) creciera y se expandiera a puntos que les permiten dominar regiones estratégicas para obtener información y desarrollar sus propias investigaciones sin el apoyo o supervisión de autoridades mexicanas.

Documentos elaborados por la Unidad de Inteligencia Estratégica de la DEA, a los que ejecentral tuvo acceso, revelan que la agencia estadounidense cuenta con 11 oficinas ubicadas en nueve estados del país, incluso en aquellos en los que no hay consulados, y han desplegado 107 funcionarios, de los cuales el 21 son administrativos y el resto analistas de inteligencia e investigadores de campo. En estos informes no se precisa si los agentes están armados o no, tampoco se incluye a los que viajan de forma intermitente a México como apoyo o para indagatorias específicas.

Para poder investigar a los cárteles en toda la ruta de trasiego de drogas, las oficinas de la DEA en México se complementan con las ocho que existen en Centroamérica, y que también han crecido en cuanto a número de agentes, reportando en este momento a 59, sólo 10 de ellos administrativos, el resto es personal de inteligencia e investigación.

Un ejemplo claro de las operaciones de las agencias estadounidenses en México han sido las dos capturas de Joaquín Guzmán Loera que se dio con base en información recabada a partir de sus propias investigaciones.

La Unidad de Inteligencia Estratégica identifica la zona del Pacífico, por mar y aire, desde  América Central hasta Sinaloa, como la región por la que transita el 80% de la cocaína que llega a Estados Unidos. Es por esto, por su presencia en el país y por la guerra que han desatado contra sus rivales, que la agencia estadounidense considera a los cárteles de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación (CJNG) como los más poderosos.

En los documentos la agencia también identifica al menos cinco rutas medulares para los grupos criminales, que utilizan para el tráfico de drogas, las cuales cruzan de sur a norte el territorio nacional. En el escenario definido por la DEA el 38% del territorio mexicano está en guerra, especialmente del centro al sur del país. Confrontaciones en las que participan, en su mayoría, los cárteles de Sinaloa y CJNG. 

Esta visión sobre México, sobre la guerra de los cárteles y su poder, se convirtió esta semana en un tema central para el presidente Donald Trump y legisladores estadounidenses quienes argumentaron que era necesario intervenir en nuestro país tras la masacre cometida en Sonora contra nueve integrantes de la familia mexicano-estadounidense LeBaron. 

“Si México necesita o solicita ayuda para limpiar estos monstruos, Estados Unidos está listo, dispuesto y capaz de involucrarse y hacer el trabajo de manera rápida y efectiva. ¡El gran nuevo presidente de México ha hecho de esto un gran problema, pero los cárteles se han vuelto tan grandes y poderosos que a veces necesitas un ejército para derrotar a un ejército!”, expuso Trump el martes pasado en su cuenta de Twitter.

Por su parte, el senador de Nebraska, Ben Sasse, aseveró: “La dura verdad es que México está peligrosamente cerca de ser un Estado fallido”.

El senador republicano por Arkansas, Tom Cotton, quien dijo que la política de “abrazos, no balazos” sólo puede funcionar en los cuentos de hadas, pero no en el mundo real, afirmó que “si el gobierno mexicano no puede cuidar a los ciudadanos estadunidenses, tal vez Estados Unidos tenga que tomar este asunto en su manos”.

Incluso, la editorial del Wall Street Journal publicado en su edición de este miércoles, sin precedentes en las últimas dos décadas, reconoce la responsabilidad de Estados Unidos por la batalla perdida contra el consumo de drogas en su país, “pero eso no significa que se les permita a los cárteles desestabilizar a un gobierno vecino o controlar el territorio como un califato de drogas”.

Y continúa: “El presidente Trump ofreció ayuda a México en un tuit el martes, aunque (Andrés Manuel) López Obrador respondió que ‘creo que no necesitamos intervención’. La verdad es que Estados Unidos ya proporciona ayuda de inteligencia y seguridad a México, y la cooperación policial es amplia.

“Pero si México no puede controlar su territorio, Estados Unidos tendrá que hacer más para proteger a los estadounidenses en ambos países de los carteles. La DEA debería poder descubrir las identidades y ubicaciones de quienes ordenaron o llevaron a cabo los asesinatos del lunes, y garantizar su sometimiento sería una señal de que la justicia estadounidense tiene un largo alcance. No se puede descartar una operación militar estadounidense”.

El horror por el crimen contra la familia LeBaron ha inundado los espacios informativos en Estados Unidos. En una entrevista televisiva, el presidente del Consejo Nacional de la Patrulla Fronteriza, Brandon Judd, sugirió que Estados Unidos debe intervenir en México como lo hizo en la década de los 90 en Colombia, cuando el entonces presidente Bill Clinton envió tropas para combatir a las bandas del crimen organizado.

El control

Para la DEA, la presencia, operación, disputa y hegemonía de los cárteles de la droga mantiene a México como un verdadero campo de batalla. Como si el país se tratase de un auténtico plano de guerra, el más reciente mapeo que la agencia realizó sobre las áreas de influencia, dominio y de conflicto, claves para los cárteles mexicanos pone en evidencia cuáles son las 12 principales organizaciones que mantienen encendidas las alertas del gobierno estadounidense al ponderar el narcotráfico en México como un tema de seguridad nacional para ese país. 

15 de agosto de 2018. Altos mandos de la DEA, del Buró de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego, de Seguridad Nacional, la Policía de Chicago y el gobierno de México se reunieron en Chicago y anunciaron un plan conjunto y la creación de un equipo especial de trabajo “enfocado en la captura de narcotraficantes de alto rango”.

De acuerdo con una serie de mapas que la unidad de inteligencia estratégica de la DEA elaboró sobre las operaciones de los cárteles en México, a los que ejecentral tuvo acceso, se observa que dentro de la República Mexicana hay al menos 11 estados, equivalentes al 34% del territorio, principalmente en el centro y sur, donde la agencia antidrogas no ubica la presencia de alguna organización predominante; sin embargo, la pugna por el control incluye la presencia y operación de mínimo dos y hasta cinco diferentes grupos criminales. 

Tal es el caso de Guerrero, considerado por las autoridades como uno de los epicentros del narcotráfico y la violencia entre los grupos delictivos donde no hay un cártel hegemónico, pero la presencia de células del Cártel de Sinaloa, el Jalisco Nueva Generación, de la organización de los Beltrán Leyva y sus principales escisiones que se fortalecieron como grupos independientes como son Los Rojos y los Guerreros Unidos; así como remanentes de La Familia Michoacana y los Caballeros Templarios convierten a la entidad en uno de los principales focos rojos de inseguridad.

Otro ejemplo es Quintana Roo, donde hay un conflicto vigente entre Los Zetas, incluyendo su principal y más fortalecida fracción denominada el Cártel del Noreste, en contra de sus acérrimos rivales del Cártel del Golfo.

En Yucatán, considerado el estado más pacífico del país, la DEA advierte como cártel dominante al de Sinaloa, el cual mantiene una pelea con los grupos del Golfo y el Cártel Jalisco Nueva Generación; y como excepción nacional está el caso de Campeche, donde la agencia antidrogas sólo ubica a Los Zetas o Cártel del Noreste como la principal organización delictiva en la entidad. 

En una fuerte disputa, de acuerdo con la DEA, se encuentran: Tabasco, algunas zonas de Chiapas y Oaxaca, así como Puebla, Tlaxcala, Morelos, México, Hidalgo, Querétaro y la Ciudad de México, en esta última donde la agencia estadounidense ubica una batalla entre el Cártel Jalisco Nueva Generación y el de Sinaloa. 

Zona minada 

Aunque la DEA advierte que el escenario de los grupos puede modificarse dada su naturaleza cambiante, alerta que 12 entidades se ubican como zonas de combate. Se trata de puntos específicos en el mapa, cuya disputa implica el control de la producción y trasiego de drogas, lo cual se conjuga con otro de los mapeos que considera la agencia con respecto a las principales rutas de tráfico vía terrestres, así como los puertos de entrada y salida de los cargamentos de narcóticos entre México y Estados Unidos.

Entre estas rutas prioritarias, no sólo por su extensión por abarcar los principales puertos de ingreso de precursores químicos para la elaboración de drogas sintéticas, así como los puntos de salida de la droga ya procesada se ubica la ruta del Pacífico, donde los conflictos en Baja California y Baja California Sur se enfocan principalmente entre el CJNG, liderado por Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, y el cártel de Sinaloa, entre cuyos liderazgos visibles están el de Ismael El Mayo Zambada, así como a los hijos de El Chapo Guzmán. 

En comparación con el mapa que en 2015 realizó la DEA respecto a las zonas de influencia y conflicto de los cárteles mexicanos, el actualizado a mayo de 2018 y aún vigente revela que el incremento de estados en pugna es superior al mil por ciento, al pasar de sólo un estado con choques relevantes (Zacatecas), por la disputa entre los Zetas y el cártel del Golfo; y aumentó a 12 entidades en un periodo de tres años. 

Nayarit y Colima son otras de las entidades con atención especial por parte de las autoridades estadounidenses por su nivel de conflicto donde se dan presencia de igual manera el Cártel Jalisco Nueva Generación y el de Sinaloa, pero también por la intervención el denominado Cártel de Colima y células de los Caballeros Templarios.

❝El reporte de la DEA, el (cártel) de Sinaloa efectivamente es uno de los más fuertes, por eso la disposición abierta del gobierno mexicano para colaborar con autoridades de todos los países del mundo, particularmente con Estados Unidos, dada la intensa interacción del crimen organizado y sus ramificaciones en nuestros dos países❞,  reconoció este martes el secretario de Seguridad, Alfonso Durazo, al comparecer ante el Senado.

Dentro de las entidades señaladas con la mayor conflictividad también se ubican Tamaulipas y Nuevo León con la pelea particularmente entre el Cártel del Noreste (Zetas) y el del Golfo, que incluye la injerencia del CJNG y células de los Beltrán Leyva; en Veracruz, la lucha la protagonizan los cárteles del Golfo, el Jalisco Nueva Generación, y del Noreste; en Zacatecas la pugna se la lleva el Cártel del Golfo, el Jalisco Nueva Generación.

Mientras que Guanajuato, uno de los estados donde la estrategia que emprendió el gobierno de Andrés Manuel López Obrador contra el robo de combustibles provocó que grupos criminales como el llamado Cártel de Santa Rosa de Lima, liderado por el líder huachicolero identificado como José Antonio Yépez alias El Marro, diversificaran su catálogo de delitos a la extorsión, robo y secuestro, se ubica en el mapeo de la DEA como zona choque entre los Templarios, los Jalisco Nueva Generación y el Cártel del Noreste. 

El llamado Triángulo Dorado, una región al noroeste que abarca zonas de Sinaloa, Chihuahua y Durango, e identificada por su posición geoestratégica para la producción de amapola y mariguana, es otra de las áreas que siguen considerándose entre las más disputadas en el país. 

Pelea de gigantes 

La DEA ubica al menos tres grupos como organizaciones criminales transnacionales; se trata de los cárteles de Sinaloa o Pacífico, el Cártel del Golfo, y el Cártel Jalisco Nueva Generación, escindido del propio Sinaloa antes de erigirse como su principal brazo armado que intentó erradicar a Los Zetas. 

Con base en el mapa de la DEA, resulta que el CJNG y el Cártel de Sinaloa son las dos organizaciones con mayor presencia y puntos de lucha territorial dentro del país, debido a su nivel de influencia, su respectiva capacidad de fuego, de logística, de contrainteligencia, así como por el desmedido nivel de violencia y letalidad que han evidenciado en más de una ocasión. 

En mayo de 2015, cabe recordar, la organización liderada por El Mencho protagonizó un insólito ataque en contra de las Fuerzas Armadas que tuvo lugar en la región del occidente, cuando derribaron un helicóptero Cougar de la Secretaría de la Defensa Nacional, provocando la muerte de 11 militares, dos policías federales y dos más estatales, luego de que el gobierno federal pretendía capturar a Nemesio Oseguera. Sin embargo, la mortífera respuesta de más de 200 hombres armados, bajo las órdenes del capo, consiguió derribar la aeronave blindada y artillada tras haber echado mano de fusiles tipo Barret calibre 50., y lanzamisiles RPG-7 con los que cuenta el cártel. 

Cuatro años después una operación fallida en Culiacán, Sinaloa, desató la violencia del Cártel de Sinaloa, el pasado 17 de octubre, quien desplegó un ejército irregular y con él una estrategia para recuperar a uno de sus líderes, Ovidio Guzmán López, y así mostró su poder.

Los cinco clanes de Sinaloa

Uno de los elementos centrales de los documentos es cómo la DEA visualiza a los grupos criminales que dominan el Pacífico y que principalmente lo concentra en el Cártel de Sinaloa, al cual dividen en cinco subgrupos o clanes familiares: Sinaloa, Cuanos, Chapitos, Caro Quintero y Beltrán Leyva.

En estas cinco dinastías sinaloenses, ligadas cuatro de ellas consanguíneamente, identifica la oficina antidrogas a 19 blancos de alto perfil que son de interés para Estados Unidos, y de los cuales nueve tienen orden de aprehensión activa en su contra, emitida por tribunales del país del norte.

En cambio, México no cuenta con órdenes de aprehensión contra la mayoría de ellos, a pesar de que la información de la DEA, producto de sus investigaciones, los sitúa como los más importantes líderes del tráfico de drogas en México y Estados Unidos.

Es así que el grupo de Sinaloa lo dirige, según la DEA, Ismael Zambada García, El Mayo, y por debajo de él, su hijo Ismael Zambada Sicairos, El Mayito Flaco. El resto de los hijos conocidos de El Mayo Zambada ya fueron detenidos y han negociado con las autoridades menor sanción a cambio de información: Vicente Zambada Niebla, Serafín Zambada Ortiz e Ismael Zambada Imperial. No colocan a más integrantes bajo el liderazgo de quien es identificado como uno de los más antiguos líderes del tráfico de drogas y cuenta con más de 70 años de edad.

El grupo de Los Cuanos es liderado, plantea uno de los documentos, por Aureliano Guzmán Loera, El Cuano, hermano de Joaquín El Chapo Guzmán, y por debajo de él aparecen Eligio Angulo Zamudio, El Tío Eligio, y Adelmo Niebla Nava, Memo, a quienes ubican como encargados del Triángulo Dorado (zona serrana entre Durango, Sinaloa y Sonora en que se siembra y procesan drogas). También aparecen Alberto Niebla Ríos, Betillo, y Aldo Angulo Niebla, a quien señalan como jefe de plaza en Tamazula, Durango.

En el caso de Los Chapitos, la DEA sostiene que los dirige Iván Archivaldo Guzmán Salazar, El Chapito Guzmán, un poco más abajo de él su hermano Alfredo Guzmán Salazar. Le sigue en la estructura Óscar Noel Medina González; su medio hermano, Ovidio Guzmán López, El Ratón, y como jefe de operaciones Néstor Ernesto Pérez Salas, El Nini (en documentos mexicanos se le identifica como Néstor Isidro, líder de Los Ninis, brazo de seguridad de los hijos de El Chapo).

Otro de los clanes es el de Los Beltrán Leyva, que de acuerdo a la clasificación de la DEA lo dirige Fausto Isidro Meza Flores, El Chapo Isidro (enemigo de la familia de Guzmán Loera); y jerárquicamente abajo Juan Martín Rivas Rivera, Martín de la Zapata, y uno más que identifican como Chuy.

Y el grupo de los Caro Quintero, que según la DEA lidera Rafael Caro Quintero, y bajo su mando Ismael Quintero Arellanes; Ismael Quintero y Alfredo, alias Pollo, jefe de seguridad. 

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