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Redacción ejecentral

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José Antonio Meade, titular de Sedesol, se asume como nerd y adicto a los choco roles. Tiene sangre azul y la piel dorada. Faltan dos años para 2018, pero admite estar en la fase de “ver el menú”.

 
 

Por Juan Carlos Rodríguez

 
 

¿Es cierto que su delirio son los choco roles? Sí, sí, sí. A mí me parece que son sanos, variados y suficientes. Traen huevo, leche, piña y chocolate. ¡No puede uno pedir más, mano!

¿Desde siempre? Desde chico. Eso y las papas adobadas. ¡Para qué te cuento! Pero ahorita estamos poniendo distancia. Ya no nos hacemos ni de la vista gorda… hasta la vista la traemos a dieta (risas).

Es usted antojadizo… Muy antojadizo. Pero ya me di cuenta que no soy gourmet, lo que me gusta es comer mucho.

Oiga, ¿y no se le apetece la candidatura presidencial? Ahorita estamos en el proceso de ver todavía el menú. Me parece que no estamos todavía listos para ese plato fuerte.

¿Pero ya tiene, al menos, un aperitivo? El 2018 está lejos en el futuro y, en términos gastronómicos, esa es la cena y andamos apenas en el desayuno.

Seguro le parecerá familiar la siguiente pregunta. ¿Cuáles son los tres libros que han marcado su vida? Como escritor siempre me ha parecido sugerente Malcolm Gladwell. The Tipping Point y Blink son los más interesantes. El segundo, que siempre me ha parecido que da mucha información sobre cómo tomamos decisiones es uno que escribió el psicólogo Daniel Gilbert y el libro se llama Stumbling on Happiness. Y el tercero te lo voy cambiando cada semana en función de cuál es el tema en el que estoy metido o cuál es la novela que me tiene enganchado.

Ha encabezado cuatro secretarías de Estado. ¿En cuál se ha sentido más cómodo? Cada una ha tenido su propia coyuntura, su propio momento y sus propios retos. Yo me siento muy agradecido, muy afortunado, de haberlas podido ocupar. Todas ellas me dan una visión amplia, en cada encargo que he tenido me ha permitido acumular experiencia y enriquecerla.

“El hecho de ver hoy la pobreza con la ventaja de entender la energía, al mundo de las relaciones exteriores y lo que ese mundo nos aporta en términos de buena política pública y lo que nosotros le hemos aportado al mundo, la importancia de cuidar las finanzas públicas, en fin, cada una de esas experiencias ha venido enriqueciendo mi visión como funcionario público.

¿Qué habilidad se necesita para congeniar tanto con panistas como con priistas? Yo creo que emoción y pasión por México, amor y pasión por el servicio público.

¿Con quién se trabaja mejor? Unos y otros tienen empeño de buscar lo que para el país sea mejor. Y en la medida que uno encuentra cómo construir ese mejor país, encuentra uno capacidad de empatía con todos quienes en política están buscando eso mismo.

¿Se necesita empatía para trabajar con presidentes de partidos diferentes? Empatía es la palabra clave

Dicen que usted es el que tiene mejor relación con los integrantes del gabinete… Yo me siento muy agradecido con la amistad que he podido construir y forjar con todos los que integran el equipo del presidente Peña Nieto.

¿Esa amistad la construyó o la heredó? A muchos los conozco y he trabado amistad desde chico, a muchos de ellos los conozco de generaciones atrás, muchos fueron amigos de mi papá, una amistad que yo heredé y enriquecí.

¿Es cierto que es el buena onda del equipo del Presidente? Eso depende de a quién le preguntes y a qué horas (risas).

“Sí buscamos construir espacios de empatía, sí buscamos cómo podemos encontrar capacidad de trabajar en equipo y cómo podemos sacar adelante el encargo que el Presidente nos ha dado a todos. Y en el tema de pobreza si no trabajamos juntos, si no trabajamos articulados, no vamos a dar resultados.

¿Sabe dar pases o prefiere la jugada individual? El trabajo en el sector público no se juega solo, se juega en equipo, es un desempeño colectivo y el que no sabe trabajar en equipo acaba no haciendo un buen trabajo.

Oiga: ¿le cae bien Miguel Ángel Mancera? Lo conozco, le tengo mucho aprecio.

¿Se tomaría un café con Andrés Manuel? A Andrés Manuel lo conozco muy poco. Lo traté cuando fui director de Banrural y lo encontré alguna vez en una ceremonia de El Grito hace poco más de 14 años; de entonces para acá, por más que yo salgo y paseo, nunca lo he visto en un partido de futbol, nunca lo he visto en un partido de beisbol, nunca lo he visto caminando donde ando, pero yo siempre he estado dispuesto a tomarme un café con todos… ¡Y mira que yo no tomo café!

¿Qué opinión le merece Margarita Zavala? Le tengo mucho aprecio. Le tengo mucho agradecimiento al presidente Calderón, me dio grandes oportunidades y se las agradezco. Le tengo agradecimiento también a Margarita.

¿Habla seguido con Manlio Fabio Beltrones? Lo conozco bien y lo conozco de tiempo atrás. Es un político que sabe construir, un político que sabe acordar y que en los muchos desempeños que ha tenido él y en los muchos que yo he desempeñado hemos tenido oportunidad, siempre a través de un intercambio de opiniones, de encontrar consensos que ayudan al país.

¿Luis Videgaray es su “brother”? Le tengo a Luis aprecio fraterno. Los dos empezamos juntos, los dos estudiamos las dos carreras, estudiamos Economía y Derecho. Yo siempre he pensado que Luis está destinado a grandes cosas, me parece un funcionario talentoso, me parece un profesional brillante. Conozco bien a su mamá, que es una de las abogadas más talentosas en el sistema financiero mexicano, probablemente la que más sepa de derecho fiduciario en el país, le tengo también gran respeto. Y sí, en efecto, a Luis le tengo aprecio, respeto, admiración y agradecimiento.

¿A qué cree que se debe el “mal humor social” del que habla el presidente Peña? Es un tema que viene de tiempo atrás y vale la pena reflexionar sobre él. A mí la Cancillería me dio la posibilidad de ver México desde fuera y apreciar cómo el mundo nos ve, y nos ve como un país grande, importante, que no puede estar ausente de ningún proceso de reflexión sobre el tema que sea.

“Creo que no hemos sido capaces de hacer coincidir la reflexión objetiva respecto de lo mucho que el país tiene con cierta percepción de lo que nos hace falta”.

Pero no estamos en la gloria… No quiero decir que no tengamos grandes retos. Tenemos que superarlos y tenemos que trabajar a diario, pero también hay razón para estar optimistas y para estar esperanzados de que México tiene un gran presente y un futuro todavía más promisorio.

¿Es un tema de percepción? Yo creo que hay algo de eso. Nos hace falta reflexionar para reconocer los retos, en dónde estamos cortos, en dónde estamos mal, dónde nos equivocamos, pero también hay que reconocer que las más de las veces acertamos, que las más de las veces México ha sido capaz de construir, que México tiene hoy un presente importante.

Cambiando de tema. ¿Le ha afectado el Hoy no Circula obligatorio? Afortunadamente tenemos un coche híbrido que no impacta al medio ambiente y que nos permite movilizarnos en la Secretaría.

¿Ha probado usted la leche de Liconsa? Claro que sí.

¿Qué le parece? Bastante buena. Combina bien con los tamales (risas).

Y con los choco roles… Ya ni me digas.

¿Es cierto que su ejercicio favorito es caminar? Cierto. Y debiera ser cualquier otro, pero nos ha faltado desarrollar hábito. Mi único deporte extremo es cuando me levanto rápido para contestar la red (teléfono que lo comunica con el Presidente).

¿Le falta algún estado de la República por recorrer? No. Los he visitado varias veces y de tiempo atrás. Yo he tenido oportunidad desde distintas trincheras conocer el país y conocerlo bien. Lo caminé varias veces cuando fui director de Banrural. Ahí tuve la oportunidad de recorrerlos todos. Y ahora como secretario de Desarrollo Social ya vamos en algunos casos para seis visitas por estado y en el que menos dos o tres.

Dicen que su papá lo indujo para estudiar economía y derecho, así como él… Así es. Mi papá estudió Economía y Derecho. Y hay quien dice que, en lugar de llevarnos al cine y al teatro, nos llevaba a la Cámara de Diputados, donde veíamos buenos debates.

¿Y por qué no logró que usted se hiciera priista? Mi papá tiene una gran emoción política, ha sido siempre un servidor público ejemplar, que nos inculcó el amor por el servicio público.

¿Usted es más economista que abogado o viceversa? Depende. Cuando se me ponen técnicos los abogados, les hablo de economía y se me atemperan; y si se me ponen técnicos los economistas les hablo de derecho y ahí emparejo el marcador.

¿Prefiere las redes sociales o el trato personal? Las dos. Las redes son un gran vehículo de comunicación. Disfruto la lectura y la interacción del Twitter y el Facebook; me parece que en alguna medida son hasta una ayuda de memoria, pero nada sustituye al contacto personal.

Su tesis de licenciatura de la UNAM contiene una dedicatoria que dice “A Dennis y Mari, ejemplos de amor y optimismo”. ¿Quiénes son ellos? Mi papá y mi mamá. A mi papá le dicen sus amigos Dennis y a mi mamá Mari. Así les dicen mis hijos y así los conocen todos. Mi mamá es una gran educadora de quien aprendí mucho. Por cierto, le mandamos un gran saludo.

Sus dedicatorias también dicen: “A Pablo, Lorenzo y Juan Pedro, de quienes he aprendido lo importante de la nobleza, la perseverancia y la alegría”. ¿Qué es la nobleza? Es una cualidad que va muy de la mano con generosidad, con entrega, y ése es el ejemplo de vida que a mí me han dado mis hermanos.

También habla de alegría. ¿Se considera alegre? Me considero alegre y creo que esa es una virtud interior, es un tema que uno tiene que construir desde dentro, que tiene que descansar en el propio proceso de identificar satisfacción en lo que uno hace y lo que uno es.

¿Quiénes son Pepe y Mela? Son mis abuelos maternos. Pepe fue escultor y abogado; yo, como nieto mayor, tuve con él una relación muy cercana y de mucho aprendizaje. Mela tuvo una gran conducción, siempre con cariño, siempre con temple y siempre construyendo una familia muy unida.

Otra dedicatoria dice: “A Juana, de quien todos los días doy gracias a Dios”.

Es mi esposa y hasta la fecha seguimos dando gracias a Dios de que me tenga paciencia y cariño.

¿Usted es muy creyente? Soy católico y soy practicante, me reporto todos los domingos.

¿Y da gracias a Dios con frecuencia? Siempre, doy gracias a Dios por las muchas bendiciones con las que me ha colmado.

Honestamente: ¿su corazón está con la UNAM o con el ITAM? Para efectos de futbol, la ventaja es que no hay duda, mano. Soy puma de corazón. El ITAM me dio enormes espacios formativos, la UNAM me dio una gran profundidad de conocimiento y se combinaban bien las universidades, las dos carreras se hablan bien.

Si estudió dos licenciaturas simultáneas, ¿a qué hora se divertía? Estudiar dos licenciaturas es bastante más sencillo que estudiar y trabajar; al estudiar dos carreras es uno mucho más libre. El único costo, eso sí, eran las vacaciones de verano, que esas teníamos cada vez menos. Pero encontraba uno forma de divertirse en dos universidades en dos entornos y en dos profesiones diferentes. Por cierto, en las dos se jugaba buen dominó.

¿Se considera nerd? Absolutamente, nada más mírame. Pero como en las películas de los ochenta, ahí viene la venganza de los nerds (risas). Ahí vamos bien y trabajando duro.

Nos dicen que una de sus obsesiones es la estadística… Me parece que el hacer un buen análisis, el tener buenos datos, ayuda a construir buena política pública y a tomar buenas decisiones. Muchas veces cuando uno no entiende bien un problema, el quedársele viendo a los datos acaba ofreciendo una avenida de salida.

A ver si es cierto: ¿en qué año se acabará la pobreza? Esta es una generación que, por primera vez, puede vislumbrar con optimismo que estamos en la ruta que nos trazamos para el 2030. México asumió un compromiso de erradicar la pobreza extrema para ese año y esta generación sí vislumbra la posibilidad de cumplir ese compromiso.

¿Qué quisiera ver en el 2030? Que no hubiera una sola niña o niño que esté fuera de la escuela, que tuviéramos acceso a medicinas, acceso a clínicas cuando nos enfermemos, que nuestras viviendas fueran dignas y que todos tuviéramos en México una alimentación suficiente, sana y variada. Yo creo que esos mínimos están a nuestro alcance.

”Yo creo que podemos como país dar ese salto, de que empezamos a hablar ya no de mínimos, sino de lo que sigue, de educación de calidad, de buenos servicios médicos, de entornos urbanos que sean amables, de una balance de alimentación que permita un adecuado desarrollo.

¿Qué heredó de los Kuribreña? Amor al arte. No me tocó gen artístico. Yo no dibujo ni esculpo, pero critico a todo dar.

¿Usted nació en el 69, cierto? Sí.

¿Ese año lo predeterminó para algo? Es el año en que el hombre llegó a la Luna, eso nos permite como generación ver más lejos, sentir que nada nos es imposible y que con trabajo, asertividad y compromiso podemos lograr metas importantes.

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