Compartir

Daniel Buck* /FEE.org
redaccion@ejecentral.com.mx

Daniel Buck*/FEE.org
redaccion@ejecentral.com.mx

Hace poco, Barry Brownstein escribió un artículo sobre cómo Game of Thrones funciona como anuncio publicitario del capitalismo. Propone que la serie es una representación del feudalismo en Europa: pobreza y estancamiento económico. Si no hubiera sido por la Ilustración y el nacimiento de la libre empresa, el mundo occidental se hubiera quedado igual. Y siguiendo por esa misma línea, la serie presenta otra defensa del capitalismo que hace referencia directa al aumento en la popularidad de las teorías del centralismo del gobierno en Occidente.

La serie funciona casi como un experimento del pensamiento de lo que sucede cuando seres humanos imperfectos luchan por el control cuando hay un vacío de poder y después consiguen su objetivo. En Game of Thrones se puede ver que ningún individuo por sí mismo está preparado para el Trono de Hierro, el trono del poder absoluto, de la misma forma en la que ningún individuo o comité está preparado para encabezar un gobierno centralizado en el mundo real.  Cada vez que un personaje asume el poder, se presenta un problema político único del centralismo, uno que ni el populismo ni el socialismo pueden resolver.

El problema del mal

Consideremos a cualquiera de los personajes de la serie y surge el problema del gobierno. Empecemos con los ejemplos más evidentes.

El adolescente Joffrey Baratheon, quien ocupa por un tiempo el trono, es un sádico. Hace que su guardia corte la lengua de un hombre que cantó una canción humorística sobre la familia real. Su madre, Cersei Lannister, quien llega al trono tras la muerte de sus hijos, tampoco es muy buena. Utiliza explosivos para matar a sus rivales y a cientos de personas junto con ellos. Hace que su hermano aviente por la ventana a un niño y casi lo mata. El príncipe Viserys —cuyo padre, el rey, fue asesinado lo que dio lugar al vacío de poder— exige con arrogancia el derecho al trono y advierte a su hermana que estaría dispuesto a permitir que un ejército entero abusara de ella si con eso pudiera conseguir su legítima herencia.

Esos son tres de los personajes más crueles y malvados de la serie, pero no son caracterizaciones hiperbólicas de los tiranos. A lo largo de la saga, cuando los individuos asumen una posición de poder consolidado, realizan genocidios, asesinan rivales, torturan a los disidentes, planean hambrunas y censuran a los medios.

Las teorías de la corrupción como resultado del poder son innumerables. Cuando se encuentra en una posición de autoridad, cualquier persona, hombre o mujer, es presa de las mismas inclinaciones egoístas y del temor por la pérdida de privilegios.

Las teorías de la corrupción como resultado del poder son innumerables, pero lo importante es que los seres humanos son imperfectos. Cuando se encuentra en una posición de autoridad, cualquier persona, hombre o mujer, es presa de las mismas inclinaciones egoístas y del temor por la pérdida de privilegios. Estas fallas hacen que una persona normal opte por opciones cuestionables en su carrera, pero cuando el poder está centralizado, se multiplica la capacidad de un tirano de lastimar a otros. En pocas palabras, los seres humanos son imperfectos y como lo demuestran los siguientes ejemplos, incluso los más virtuosos sucumben a su naturaleza.

Jon Snow y el problema de la representación

El Rey del Norte es el protagonista de la serie y también el mejor candidato para gobernar. Sin saberlo él, Jon Snow tiene todo el derecho de reclamar el trono, y actúa como el prototípico héroe fantástico: es noble, es muy hábil para el combate y es un líder natural. Si hacemos una analogía, podría ser el político ideal. Lucha por las necesidades de la gente y si confiamos en sus palabras, rehúye a los prospectos de su gobierno, pero lo hace por necesidad.

En su provincia es un buen señor que logra cumplir con todo lo necesario. El castillo es pequeño, su gente vive dispersa, y cualquier amenaza inminente a su territorio obviamente lo hace enfocarse. Sin embargo, si gobernara desde el Trono de Hierro, surgirían conflictos de interés y, a pesar de que se pone en juego su honor, Jon no podría resolver todo.

Aún siendo lord, sus intereses personales lo llevan al conflicto. Durante una batalla para conservar territorios robados, su oponente, Ramsey Bolton, dispone un escenario en el que la lealtad de Jon para con su familia y su país se encuentra en oposición. Jon tiene que elegir entre la muerte de su hermano o una muy buena estrategia de batalla. Empujado a tomar una decisión apresurada, ataca y, si no fuera por la deux ex machina en forma de calvario inesperado, habría perdido la batalla.

›Regresando al mundo real, Friedrich Hayek, en The Road to Serfdom, escribe que, en cualquier sistema centralizado, “la opinión de alguna persona será lo que decida qué intereses son más importantes”. En cualquier Estado pequeño en donde la cultura y las opiniones son consistentes, como en el territorio de Jon, los conflictos de interés son pocos.

Sin embargo, en la cima de un gobierno federal, resulta imposible satisfacer una demanda sin tropezar con otra: las necesidades del empresariado contra las preocupaciones de los ambientalistas, el balance entre las preferencias educativas de diversos grupos culturales, la disposición de fondos para condiciones preexistentes o para experiencias traumáticas. Todo esto se encuentra en oposición y un gobierno único no puede resolverlo. Es por esto, y así como Jon prefirió a su familia que a su gente, los políticos de un sistema centralizado tienen que privilegiar a un grupo o necesidad por encima de otro.

Daenerys y el problema de autoridad

Si Jon es el político ideal, Daenerys Targaryen es la guerrera de la libertad. Sus objetivos son nobles porque quiere acabar con la esclavitud. A diferencia de Jon Snow, huye de las decisiones precipitadas y rara vez actúa sin consultar a sus asesores. Pero, sin importar que sus intenciones sean nobles al emplear la fuerza para destruir la esclavitud, son evidentes sus tendencias autoritarias.

En diversas ocasiones recurre a su pequeña camada de dragones y a su ejército, cada vez más grande, para matar a esclavistas poderosos o a aquellos que se niegan a rendir pleitesía.

En Julio César de Shakespeare, mientras delibera su decisión de asesinar a su gobernante, Brutus se pregunta si César “Quisiera ceñirse la corona, el caso está en saber hasta qué punto pueda modificar ello su naturaleza”. Brutus se preocupa por las acciones de César cuando llegue al poder: el desprecio que pueda desarrollar por la gente común, el riesgo de una guerra con su gente a la que pudiera usar como mercancía o los impuestos que pudiera establecer para aumentar su poder.

›Para Dany, la cuestión es saber lo que sucede cuando se acaba con la esclavitud y ella, al igual que Jon Snow, se enfrenta a retos de ambigüedad ética. Una y otra vez, en nombre de la libertad, ha quemado a personas vivas, llevado a su ejército a la matanza y conquistado tierras. Sin embargo, cuando se enfrenta al asunto aparentemente sin consecuencias de Jon Snow arrodillándose frente al trono, ella le recuerda que los dragones están afuera. Alguna vez luchó por los derechos individuales, pero en el trono, al enfrentarse a retos más complejos, ella pelea por mantener su poder.

La pregunta para el mundo real es lo que sucede cuando el poder centralizado se enfrenta a pequeños asuntos de Estado: seguros, educación o, incluso, para quién hornear un pastel.  De esta forma, al cambiar de un problema de representación a uno de uso de fuerza, cuando se toma una decisión para determinar de quién son los intereses que más importan, el recurso final de la autoridad es la fuerza.

Eddard Stark

Incluso Ned Stark, cuya única falla aparente es su compromiso con el honor, sería incapaz de gobernar. Tal vez tendría éxito en un Estado pequeño como rey simbólico resignado a ser árbitro de la justicia y la guerra. Sin embargo, si Stark intentara controlar la economía de los Siete Reinos, sus esfuerzos serían rebasados.

Podría parecer que la clave del éxito de la serie es una combinación eficaz de intrigas, violencia, aventuras y sexo. Sin embargo, la clave del éxito va mucho más allá: el escenario de destrucción del orden civil y político.”Pablo Iglesias Turrión, coordinador del libro Ganar o morir. Lecciones políticas en Juego de tronos.

Friedrich Hayek escribe sobre el problema de la complejidad en toda su obra. En su ensayo The Use of Knowledge in Society, refiere:

“Es porque cada individuo sabe un poco, y, en particular, porque pocas veces sabemos quién de nosotros sabe mejor que confiamos en los esfuerzos independientes y competitivos de muchos para inducir el surgimiento de lo que nos gustaría cuando lo viéramos.”

Cualquier individuo o cuerpo gobernante es incapaz de poseer el conocimiento necesario para dirigir una civilización íntegra. No existe ningún sistema de seguros que pueda cubrir las necesidades médicas reales de toda una población.

Cualquier individuo o cuerpo gobernante es incapaz de poseer el conocimiento necesario para dirigir una civilización íntegra. No existe ningún sistema de seguros que pueda cubrir las necesidades médicas reales de toda una población. No existe ningún programa educativo de preparatoria que pueda inspirar e instruir adecuadamente a cada estudiante en una nación diversa. No existen sistemas de regulación que, aplicados en todo un país, puedan proteger de la manera más eficaz al consumidor y al mismo tiempo mantener la libertad de la industria para innovar y producir.

10paíseshan servido de locación para la grabación de la serie: Irlanda del Norte, Irlanda, Marruecos, Malta, España, Croacia, Islandia, EU, Canadá y Escocia.

32 millones de espectadores tuvo la séptima temporada de la serie, sólo en Estados Unidos.

La solución

Entonces existen tres problemas. Frente a los conflictos de interés, un gobierno centralizado tiene que poner uno antes que el otro. Una vez tomada la decisión, la fuerza se convierte en la herramienta para cumplir un objetivo. Incluso en este escenario no ideal, cualquier gobierno centralizado sería incapaz de tomar decisiones perfectas y de actuar frente a cada necesidad que se plantee. Un sistema capitalista ofrece respuestas a estos tres problemas.

En respuesta a este problema de conocimiento, Hayek escribe en The Road to Serfdom, que “los esfuerzos espontáneos e incontrolados de los individuos pueden producir un orden complejo de actividades económicas”. Cuando la toma de decisiones se extiende a cada comprador y vendedor individualmente, la población puede tomar colectivamente la decisión que se necesita para llegar a la conclusión ideal.

Con respecto al uso de la fuerza, a diferencia de Daenerys, cuando el poder se distribuye entre innumerables productores y compradores, la sociedad comienza a manejar sus propios objetivos. Los individuos pueden votar con sus dólares para sostener una industria o cerrarla, lo cual provoca que las industrias respondan a los consumidores.

Un Estado centralizado no puede cubrir los deseos en conflicto de Jon Snow. Sin embargo, en donde los pequeños cuerpos de gobierno mantienen el poder, un sistema federalizado puede cubrir las necesidades locales y culturales con fidelidad.

Finalmente, el capitalismo no niega el problema del mal, pero al distribuir la autoridad y el poder, se crean suficientes puntos de control en su contra.

Existen cuatro problemas en cada uno de estos cuatro personajes: el problema del mal, el problema de los intereses en conflicto, el problema de la fuerza y el problema del conocimiento. El populismo y el socialismo no pueden cubrir los cuatro. Un sistema capitalista de pequeños gobiernos sí puede hacerlo. 

Este artículo se publicó originalmente en FEE.ORG y se tradujo del inglés por Graciela González.

Compartir