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Jorge Buendía

A pesar de la amplia ventaja de Joe Biden sobre Donald Trump, el fantasma de 2016 sigue rondando. Las encuestas y los pronósticos que entonces anticiparon la derrota de Trump ahora doblan la apuesta y anticipan una victoria, incluso aplastante, de Joe Biden. ¿Se puede repetir la catástrofe de 2016?

Todo apunta a un NO rotundo. Desde hace un par de meses la candidatura de Trump se ha erosionado lentamente. El 1 de septiembre, en el agregado de encuestas de FiveThirtyEight.com, Biden aventajaba por seis puntos porcentuales a Trump. Hoy la brecha es de ocho puntos porcentuales. La distancia entre ambos ha crecido poco, pero su impacto se magnifica por las distorsiones del sistema electoral estadounidense, porque lo relevante es la distribución estatal del voto y no el voto nacional. 

Así, esos dos puntos adicionales de ventaja de Biden se han traducido en una mayor ventaja para éste en el Colegio Electoral. Si las estimaciones de inicios de septiembre ya le daban la victoria en el Colegio Electoral (se requieren 270 votos de 538), hoy la ventaja es todavía mayor. La distancia entre ambos se amplió de 92 a 152 votos, lo que significa una aplastante victoria de Biden en el Colegio Electoral, de casi dos a uno. Así, FiveThirtyEight pronostica que Trump obtendrá solo 194 votos por 344 de su rival. El pronóstico de The Economist es todavía más desastroso para Trump: 350 a 188. Por ello la probabilidad de triunfo de Biden es ahora de 88% para FiveThirtyEight y de 96% para The Economist

87 sobre 100 es la probabili-dad que tiene Joe Biden sobre Trump para ganar la Presidencia, según FiveThirtyEight.

Las distorsiones del sistema electoral propician que un pequeño cambio en la intención de voto, por ejemplo dos puntos más de ventaja de septiembre a noviembre, se traduce en un aumento de la probabilidad de triunfo de Biden de por lo menos 13% (The Economist) o incluso 19% (FiveThirtyEight). Naturalmente que el argumento contrario también aplica. Un pequeño cambio en la intención de voto a favor de Trump aumentaría la probabilidad de su reelección. Sin embargo, algo que frecuentemente se pierde de vista es que la intención de voto en esta elección ha sido sorprendentemente estable. Desde abril los distintos pronósticos le han “otorgado” a Biden los 270 votos necesarios para ganar la presidencia.

Para quienes siguen sospechando de la precisión de las encuestas, vale la pena aclarar que si bien estos modelos se basan en ellos, también utilizan otra información para hacer su predicción sobre el rumbo de la contienda. El modelo de The Economist, desarrollado por uno de los estadísticos más destacados de esta generación, Andrew Gelman, incorpora encuestas nacionales y estatales, participación electoral, indicadores económicos y posibles errores de las encuestas. The Cook Political Report, por otra parte, basa sus modelos de predicción en información electoral histórica, encuestas nacionales, estatales y distritales así como otros factores de índole cualitativa. El pronóstico de The Cook Political Report es similar al de sus pares: Biden ya tiene los votos necesarios para llegar a la Casa Blanca. Aun si perdiera todos los estados competidos (battleground states) obtendría 290 votos, 20 más de los necesarios para alcanzar el triunfo.

Los vientos soplan a favor de Biden y la tendencia así lo indica. Si en el último tramo de la campaña de 2016 la atención se centró en los correos electrónicos de Hillary Clinton, ahora la mirada se fijó en Trump, su contagio de Covid-19 y su desastroso manejo de la pandemia. El último debate tampoco parece haber modificado sustantivamente las preferencias de los votantes. 

Creo que esta elección se trata de quiénes somos como nación, lo que creemos, y quizás lo más importante, quiénes queremos ser. Se trata de nuestra esencia. Se trata de lo que nos hace estadounidenses. Es así de fundamental. Joe Biden, candidato demócrata.

La comparación con 2016 confirma por qué es altamente improbable una victoria de Trump. En primer lugar, la contienda entonces fue mucho más reñida que hoy. La brecha a favor de Clinton en las encuestas preelectorales no superaba cuatro puntos porcentuales. Hoy la brecha es de ocho puntos. Quizá más importante, hoy Biden supera la barrera de los 50 puntos porcentuales cosa que Clinton no logró. En segundo lugar, en prácticamente todos los estados, incluyendo los más relevantes, Biden está recibiendo un mayor apoyo que el que obtuvo Clinton en 2016. Biden no despierta tanto rechazo como la exprimera dama. En tercer lugar, el principal error de 2016 fue la composición del Colegio Electoral, error que se debió en buena medida a encuestas de dudosa calidad a nivel estatal. 

›Hoy, los estados que resultarán definitorios de la elección, aquellos que le permitirán a Biden o a Trump alcanzar los 270 votos, cuentan con un buen número de encuestas de calidad. Estos estados, ordenados por su probabilidad de definir la elección (tipping points) son: Pensilvania, Florida, Wisconsin y Michigan.  En todos ellos se aprecian dos claras tendencias: 1) salvo Florida, Biden tiene una delantera de por lo menos 4 puntos porcentuales y 2) en todos ellos el candidato demócrata excede la votación de Clinton, incluso superando el umbral del 50 por ciento. En estos estados la probabilidad de que Biden gane oscila  por lo menos del 79% en Florida a 97% en Michigan (The Economist).

Según la consultora Catalist, este año han votado 5.3 millones de jóvenes por correo, un 342% más que en 2016. De acuerdo a la encuesta del Institute of Politics de la Universidad de Harvard, el 50% de los jóvenes prefiere votar por Biden frente a un 26% que se inclina por Trump.

Es evidente que existe una gran preocupación por la posibilidad de que las encuestas se equivoquen. No sólo los medios de comunicación han invertido más recursos para encuestar los estados más competidos, sino que también han incorporado en los pronósticos los errores observados en 2016, pero también los que se han presentado en contiendas estatales. Esta preocupación, incluso, ha llevado al New York Times a simular qué pasaría si las encuestas tienen un error similar al de hace cuatro años. Su conclusión: Biden aventajaría por seis puntos porcentuales a Trump en la votación nacional pero, por la distorsión del sistema electoral,  ganaría la presidencia apretadamente:  280 votos del Colegio Electoral para él y 250 para Trump.

Varias empresas de sondeos en Estados Unidos ponen a los demócratas con varios puntos porcentuales de ventaja sobre su contraparte republicana en las carreras generales, incluyendo las carreras cerradas para el Congreso.

La posibilidad de una victoria holgada del candidato demócrata también abre otras posibilidades, en especial un gobierno unificado si los demócratas arrebatan el Senado y retienen la mayoría en la Cámara de Representantes. La victoria en la Cámara de Representantes parece estar asegurada. En el Senado la disputa es muy cerrada en algunos estados pero  los demócratas son favoritos para obtener el control del Senado. El carro completo sin duda transformaría la dinámica política en el país vecino. Sería la señal más clara de que la estrategia de polarización, racismo y confrontación de los últimos cuatro años es una estrategia perdedora.

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