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Deborah Martínez

Era miércoles por la tarde, cuando el joven de 18 años, Ruslan Nefedov, decidió dar un paseo por las calles del pueblo Solokji en Bélgorod. Había regresado a clases en la Escuela de Construcción tras haber descansado varios días por la celebración del Día de la Victoria, que festeja la derrota de la Alemania de Hitler. Mientras caminaba, cerca de las ocho de la noche se escuchó un fuerte sonido, seguido del retumbar de la tierra. La causa: una bomba lanzada desde Ucrania. El muchacho no pudo escapar, cayó herido al lado del monumento dedicado a los soldados de la Gran Guerra Patriótica. Las personas a su alrededor intentaron auxiliarlo, pero el estudiante falleció en la ambulancia de camino al hospital. Hoy, Ruslan es la primera victima civil de Rusia en el conflicto contra Ucrania. 

›Desde el 11 de abril, el oblast de Bélgorod se encuentra en alerta terrorista amarilla, dado el paulatino incremento en el número de bombardeos y amenazas provenientes desde Ucrania. Al principio, los eventos se concentraron en los poblados más cercanos a la frontera, pero con el paso de las semanas, se han ido acercando cada vez más a la capital de la región. 

Bélgorod se encuentra en uno de los ejes estratégicos del conflicto armado, cerca de Járkov, Ucrania. En esta región se encuentra la segunda ciudad más grande, después de Kiev. Durante la época soviética, en Járkov se localizaba uno de los centros industriales más importantes para la Unión de Repúblicas Socialistas y Soviéticas (U.R.S.S.). La entidad era considerada la meca de la producción de tanques de guerra. Hoy es una parte núcleo de la invasión. 

En el marco del conflicto, Járkov representa para Rusia la posibilidad de conquistar uno de los bastiones económicos y simbólicos más importantes de Ucrania y un paso necesario para acceder a Kiev. En el primer mes de la guerra, el avance ruso era fulminante, no sólo en Járkov, sino que, en todo el eje noreste y centro, que parecía caería ante el control del Kremlin. A casi tres meses de iniciado el conflicto, Rusia no sólo no ha podido continuar avanzando, sino que se ha visto obligado a retroceder. 

Antes de que la invasión de Ucrania tuviera lugar, el ejército ruso era considerado el segundo más peligroso del planeta. 

La aplastante victoria de las fuerzas armadas dirigidas por Vladimir Putin en el Donbass y la conquista de Crimea en 2014 y 2015, hicieron olvidar al mundo de las fallas percibidas en la guerra con Georgia (2008), donde ya era evidente el atraso tecnológico y táctico del ejército. Luego vino Siria, a la que en menos de dos años (2015-2017) las tropas rusas lograron “liberar” de fuerzas terroristas y extranjeras, a favor del gobierno del polémico expresidente Bachar el Asad. Desde aquel conflicto, Human Right Watch, advirtió que la milicia rusa atacaba civiles y violaba derechos humanos.

Cuando el 24 de febrero, Rusia inició la “operación especial” en Ucrania, expertos internacionales y el mismo gobierno de Vladimir Putin esperaban una victoria relámpago a favor de Moscú y un fácil control de las zonas fronterizas con Ucrania y hasta de Kiev. Los números hacían pensar que así sería. Rusia invierte 11.7 veces más que Ucrania en Defensa, siendo su ejército el cuarto más grande del mundo, por cuanto a gasto militar se refiere. 

Pero contra todo pronóstico, a 78 días del inicio de la invasión, el ejército ruso no ha logrado mayores avances. Las fuerzas armadas presumen controlar el 80% del territorio del Donbas, pero esa es una zona en la que el ejército ha estado desde 2014 y cuyo progreso está estancado desde hace semanas. 

Como tal, el ejército ruso sólo reporta una sola conquista a su favor: la toma de la región de Jersón. En Mariúpol, a pesar de los crueles ataques que le permitieron asediar a la ciudad, el control es endeble, mientras que en Kiev las fuerzas armadas se vieron obligadas a retroceder tras descuidar áreas de logística y de conexión importante como Chernóbil o el mismo Járkov. 

Un estudio presentado por la Universidad de Oxford advirtió en 2020 las debilidades del ejército ruso, mismas que hoy se hacen visibles en medio del conflicto. El reporte señala como una falla central la brecha cualitativa del equipo militar, fruto de los pocos incentivos a la innovación y los bajos niveles de producción armamentista. 

En Rusia, la adquisición y desarrollo de armamento y equipo militar está en manos del gobierno, mismo que no incentiva la participación de empresas privadas y cuyos niveles de productividad están 30% debajo de la media nacional, de acuerdo con un análisis del Servicio de Estudios del Parlamento Europeo. Asimismo, el gobierno ha optado por adquirir, por distintas sanciones interpuestas o por la desviación de recursos, partes y suministros de baja calidad o alternos —sobre todo chinos—, que hoy dejan a tanques descompuestos y vehículos militares con llantas ponchadas. 

Otro factor que señala el estudio de Oxford es la corrupción, pues si bien indica el presupuesto de Rusia en Defensa es robusto, este no llega de manera integra a los sectores que debe hacerlo. Estimaciones señalan que entre el 20 al 40% del presupuesto  es robado por los altos mandos. Lo que, por supuesto, afecta en la compra de equipo y armamento, así como en la contratación y mejora de las condiciones laborales de los rangos bajos y medios de las fuerzas armadas y desmotivando al grueso del equipo de combate. 

Pero la corrupción no es una característica exclusiva de Rusia. Ucrania también reporta altos niveles de descomposición. De acuerdo con el Índice de la Percepción de la Corrupción 202, Rusia y Ucrania se ubican en la posición 136 y 122, respectivamente, de los 180 países evaluados. 

Pero si está tradición impera en ambos países ¿por qué Ucrania ha logrado hacer retroceder a Rusia? La respuesta incluye múltiples factores. La Universidad de Oxford indica que, a pesar de la modernización del ejército ruso y la inversión en tanques, submarinos, helicópteros y aeronaves, las fuerzas armadas han fallado en capacitar al ejército, que ha demostrado ser incapaz de lanzar con precisión bombas y utilizar misiles dirigidos.  

De acuerdo con un oficial de defensa europeo, citado por la revista The Economist hace unos días, la educación de las fuerzas armadas en Rusia es rígida y en un solo sentido, pero sobre todo es anticuada, con ideas que vienen desde la Segunda Guerra Mundial. La recuperación y explotación de la lógica del nazismo en la “defensa” de la región del Donbas, por ejemplo, carece de fundamento (si bien sí existen grupos radicales), pero funciona bien para la idiosincrasia rusa que sigue basando su nacionalismo en los eventos acontecidos en el siglo pasado. 

En Ucrania, en cambio, el expresidente Petro Poroshenko llevó a cabo una reforma profunda en 2016, de acuerdo a liam Collins en The Conversation, para modernizar y capacitar al ejército con el fin de que alcanzara los estándares que pide la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) a sus miembros para 2020, a la que pretende sumarse. De esta manera, el país viene preparando a sus soldados de la mano de consejeros y expertos internacionales desde hace años, a diferencia de lo concentrado y cerrado que es el ejercito dirigido desde Moscú.

En las actuales condiciones, además, Rusia ha visto limitado su acceso al mercado armamentista global, luego de las múltiples sanciones impuestas. En cambio Ucrania está recibiendo apoyo táctico, estratégico, financiero y logístico de las principales potencias militares del mundo. 

Finalmente, en Ucrania pesa la causa de combate. Se lucha por la supervivencia, por la defensa de la tierra, por aquellos que han perecido. En cambio, en Rusia, muchos soldados han asegurado desconocer los objetivos y la razón detrás de muchas de las ordenes dadas desde arriba. 

Las fallas rusas hoy se traducen, según las fuerzas armadas de Ucrania, en más de 26 mil soldados fallecidos, incluidos al menos siete generales, y en la destrucción de equipo táctico relevante como el submarino “Moskva”. 

A pesar del oscurantismo que existe, se sabe que dentro del Kremlin la situación es tensa. Anatoli Chubáis, el arquitecto de las privatizaciones de la década de los años 90 y el enviado climático del Kremlin, dejó el país en marzo, siendo destituido de su cargo. Y en abril, ante los fracasos de la guerra, el presidente Vladímir Putin nombró a un nuevo General al frente de la operación en Ucrania, el veterano Alexander Dvornikov. 

Ante las enormes pérdidas, los medios rusos han recibido la orden de hablar de la guerra como un enfrentamiento entre Rusia y los países de la Unión Europea, y la OTAN, según la Dirección Principal de Inteligencia del Ministerio de Defensa de Ucrania. Para evitar así hablar de los pocos avances en el país vecino.

Rusia está perdiendo la guerra con Ucrania, mientras que desde el norte una nueva amenaza para el país ha emergido: la anexión de Suecia y Finlandia a la OTAN. Occidente tiene rodeado a Rusia, militar y económicamente hablando. Desafortunadamente en la batalla de las naciones, hoy un joven, junto con otros cientos de víctimas más, jamás podrá alcanzar su sueño. 

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