Foto: ejecentral

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Elizabeth Hernández

La palabra finito cobró sentido en la mente de la regatista Ellen MacArthur en febrero del 2005, después de conseguir el récord por navegar alrededor del mundo en tan sólo 71 días. Una fuerte tormenta en el Océano Antártico le hizo perder una parte importante de las provisiones con las que contaba para su travesía, lo que la obligó a adaptar y extender al máximo los recursos que le quedaban. 

Esta experiencia la llevó a pensar sobre la forma como la sociedad compra y vive, especialmente en un mundo que —como su yate— tiene recursos limitados que se están agotando a un ritmo acelerado. 

En 2010 abandonó el deporte profesional e inició la Ellen MacArthur Foundation, y lo que comenzó como un acto de sobrevivencia personal, se transformó en el generador e impulsor de un modelo económico que está tomando fuerza en todo el mundo y que podría ser la mejor alternativa para lidiar con problemas como el cambio climático, el desempleo y el manejo de plástico en los océanos.

Este nuevo modelo es conocido como economía circular. El economista Martin Geistdoerfer la definió en 2017 como “un sistema regenerativo en el que la entrada de recursos y el desperdicio, las emisiones y las fugas de energía se minimizan al ralentizar, cerrar y estrechar los bucles de energía y materiales. Esto se puede lograr mediante un diseño duradero, mantenimiento, reparación, reutilización, remanufactura, restauración y reciclaje”.

50 años de reservas probadas de petróleo quedan al ritmo de consumo actual.

De hippie y azul a circular 

Generaciones de ingenieros, gerentes de operaciones y administradores de negocios han pasado siglos optimizando las cadenas de suministro que conducen los recursos y bienes linealmente “de la cuna a la tumba”.

Los antecedentes teóricos de la economía circular podrían rastrearse hasta finales de los años 60, pero fue en 1989 cuando se formalizó el campo de la economía industrial, en donde se buscaba cambiar el sistema industrial a algo similar a un ecosistema. En 2002 fue cuando se enfatizó la idea de que la analogía con los sistemas biológicos sugería la formación de ciclos o círculos.

A nivel práctico, en 1994, el emprendedor Gunter Pauli propuso un sistema de consumo ambientalmente sustentable para Japón con un enfoque similar al de MacArthur. Se le llamó economía azul. El modelo escaló en el país asiático hasta convertirse en la Ley de Promoción de Utilización Eficiente de Recursos. Fue la primera medida de su tipo en el mundo, y ha logrado que 95% de los residuos sean recuperados o utilizados para otro ciclo de producción, lo que permite tener una economía basada totalmente en el reciclaje y la sustentabilidad.

Sin embargo, la gran limitante de la economía azul es su alcance, pues tiene como eje rector el consumo local; mientras que la economía circular apuesta por un cambio macroscópico que involucre tanto a las industria globales y locales, como a los gobiernos y legislaciones mundiales.

1,300 millones de toneladas de comida producida para el consumo humano se pierden al año.

Curvando la línea

Actualmente la forma como producimos y consumimos la mayoría de nuestros productos es lineal; es decir, se extraen materias primas que luego se transforman en objetos con una vida útil muy corta; finalmente, se desechan porque no pueden ser reparados o reutilizados. 

Esta forma de consumo parte de la suposición de que los recursos son infinitos y que podemos desperdiciarlos sin consecuencias; sin embargo, esto no sólo es falso, es peligroso. 

›El ritmo de explotación de las últimas décadas ha acortado las reservas de los materiales útiles de manera alarmante; por ejemplo, sólo tenemos garantizadas reservas de carbón por 150 años; de gas, alrededor de 52 y de petróleo solamente 50.

Estas tasas no se limitan a los recursos que utilizamos para obtener energía. Materiales valiosos como el cobre, el estaño o el zinc tienen pocas décadas de reservas garantizadas. Por ejemplo, la plata –de la que México es el mayor productor a nivel mundial– sólo cuenta con 29 años más de explotación probada. 

En una década, de 2009 a 2019, la cantidad de materias primas que se utilizaron para la producción de distintos bienes pasó de 65 mil millones de toneladas a casi 82 mil millones, lo que supone un aumento de 26% a nivel mundial.

El gran cambio de la economía circular con respecto al modelo lineal es que la idea de caducidad se sustituye por la de restauración; es decir, los desperdicios se convierten en materias primas de un nuevo ciclo de producción. 

Pero no se limita a reutilizar o reciclar de la forma tradicional, el sistema aspira al rediseño de los productos para que puedan ser reparados con facilidad e incluso las piezas que los conforman puedan ser transformadas en otros recursos sin procesos tóxicos para el medio ambiente.

La economía circular, además, propone el uso de energías renovables en los procesos de fabricación; así, la dependencia y explotación de recursos naturales como el carbón o el gas disminuirá a la par de fenómenos climáticos como el efecto invernadero o el calentamiento global. Esto permitiría que el sistema ambiental tuviera un lapso de recuperación y que problemas como la escasez de agua pudieran mitigarse.

Una parte clave para que este modelo funcione está en que los bienes creados deben tener una vida útil larga, su reparación debe ser accesible y los materiales usados deben ser fáciles de desmontar para ser utilizados nuevamente y así cerrar el ciclo. En caso de no ser arreglados se ofrecerán incentivos —o bien existirán acuerdos comerciales y legales— que aseguren el regreso al fabricante para que éste puede desmontar los componentes para utilizarlos en un ciclo secundario.

1 millón de botellas de plástico se compran en un minuto en el mundo.

De consumidores a usuarios

El principio de cerrar el ciclo de vida de los productos es la esencia del modelo circular, de allí su nombre, pero no se detiene en la mera etapa de fabricación, sino que pretende hacer un cambio en la forma de consumo y en la relación de los seres humanos con los bienes, priorizando la renta de objetos por sobre su compra. Se trata de cambiar la idea de “comprar-consumir-desechar”.

De esta forma el papel de las personas pasa de ser consumidores voraces a usuarios conscientes que premian el alto rendimiento de un producto por sobre el gasto que requiere cambiar o comprar uno nuevo de manera constante. Además, el modelo circular agregaría valor a la cadena humana dentro de la producción y consumo, ya que crearía fuentes de trabajo para las que no se requiere alta especialización o nichos específicos que serían altamente rentables.

Con cadenas de producción circulares también se reducirían las especulaciones alrededor del suministro de materias primas y su mercado. Actualmente, el riesgo financiero de este tipo de operaciones se traduce en costos altos que las empresas trasladan a sus clientes finales, encareciendo todo tipo de bienes. Los ahorros que se lograrían al tener asegurada la materia prima para varios ciclos de fabricación reducirían no sólo la volatilidad del mercado, sino que permitirían bajar los precios de venta final de casi cualquier producto.

4,445,280 combinaciones teóricamente posibles de modelos de negocio de economía circular (sin descartar combinaciones inconsistentes o ilógicas).

El inicio del círculo 

Algunas empresas ya han comenzando a integrar algunos aspectos de la economía circular, ya sea al proceso de producción o al uso final de sus artículos. Varios fabricantes de teléfonos móviles han comenzado a ofrecer incentivos para que los usuarios devuelvan sus aparatos una vez terminada su vida útil y aunque estos no han sido diseñados para que sus componentes puedan ser fácilmente reutilizados, representan un ahorro de la mitad del costo en la generación de un nuevo dispositivo.

Otro sector que ha comenzado a experimentar con el modelo circular es el de la fast fashion, y es que durante el año pasado se fabricaron 62 millones de toneladas de ropa en el mundo, de los cuales 25 millones son utilizados en cadenas de moda efímera, y de estos la mitad termina en la basura en menos de un año. La mayoría de estas prendas no son reutilizadas o recicladas, por lo que son incineradas produciendo casi nueve toneladas de dióxido de carbono y 20% de todos los residuos tóxicos que se vierten a los océanos.

Si la ropa desechada fuera catalogada y reutilizada en otros procesos como la producción de aislantes, rellenos o hilos para nuevas telas se podrían generar ganancias brutas de 23 mil dólares por cada tonelada reinsertada al sistema de fabricación, sin contar los amplios beneficios al medio ambiente y la reducción de costos totales de operación de estas empresas.

Los beneficios que la economía circular ofrece y su posible implementación a través de leyes en varios países, estuvieron entre los temas de mayor discusión durante la última Conferencia de Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre cambio climático (CoP25), celebrada en Madrid la semana pasada. En México se presentó en el Senado un proyecto de Ley General de Economía Circular, pero ha recibido críticas por no regular el uso de plásticos y permitir prácticas que van en contra de este modelo.

Se espera que este nuevo paradigma de consumo y producción tenga un impacto benéfico en materia de sustentabilidad y medio ambiente tras los primeros 10 años de su implementación a gran escala; pero en menor escala, las empresas y países que han comenzado a pasar del modelo lineal al circular han logrado comprobar mejoras tanto en sus productos como en los recursos y ganancias que administran.

Sin embargo, datos, leyes y buenas intenciones pueden no ser suficientes. Es por eso que en diversas universidades se trabaja en el desarrollo de modelos de negocio de economía circular. Es un campo incipiente, una revisión del 2016 confirmó que “la literatura académica sobre modelos de negocios sostenibles todavía está en sus inicios y presta muy poca atención a la economía circular y a los modelos de negocios circulares”. 

La generación, teórica y práctica de modelos de negocio de economía circular “obviamente depende de alianzas y cooperación con otras compañías, pero también con clientes y organizaciones de la sociedad civil”, aseguró Florian Lüdeke-Freund, profesor de Sostenibilidad Corporativa en ESCP Business School. después de tipificar y analizar 26 tipos básicos de modelos de negocios de economía circular que se usan actualmente. 

¿Estamos preparados para un mundo que integre estas redes y renuncie a consumir de forma excesiva? 

A Ellen MacArthur le tomo 71 días, 14 horas, 18 minutos y 33 segundos recorrer 50 mil 660 kilómetros para darle la vuelta al mundo a bordo de un trimarán. ¿Cuánto nos tomará a cada uno de nosotros, como trabajadores, empresas, gobiernos y consumidores, cambiar nuestra forma de entender el mundo y habitarlo?  

¿Sabías que… las industrias que más contaminan son la ganadera, la textil y la petrolera?

(Economía circular) es un sistema regenerativo en el que la entrada de recursos y el desperdicio, las emisiones y las fugas de energía se minimizan al ralentizar, cerrar y estrechar los bucles de energía y materiales.” Martin Geistdoerfer, economista.

Formas de consumo 

Desde el siglo 18, la mercadotecnia ha modificado la tendencia de las compras.

1714. El economista Bernard de Mandeville, en La fábula de las abejas o vicios privados beneficios públicos, explicaba que el principal motor de la nueva economía era el placer de comprar.

1924.  La Ford Motor Company, al haber saturado el mercado de automóviles en Estados Unidos, empezó a diseñar modelos nuevos cada año, y a convencer a los consumidores de que debían cambiar sus autos con esa frecuencia.

›1932. Se estima que fue el año cuando se inventó en Estados Unidos la obsolescencia programada como una salida a la Gran Depresión. La idea era hacer productos que decayeran para que la gente comprara más. Incluso se propuso convertirlo en ley.

71 días,14 horas, 18 minutos y 33 segundos fue el tiempo que le tomó en 2005 a Ellen MacArthur darle la vuelta al mundo recorriendo 50 mil 660 kilómetros. Eso fue un día, ocho horas, 35 minutos y 49 segundos menos que el récord de Francis Joyon (quien batió el nuevo récord un par de años más tarde).

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