La Portada | Agua en la CDMX: llegó la hora cero

20 de Abril de 2024

La Portada | Agua en la CDMX: llegó la hora cero

Agua en la CDMX

Científicos y defensores del ambiente coinciden en que la actual crisis hídrica que se vive en la Ciudad de México es un aviso de que las cosas pueden agravarse en el futuro; para prevenir una crisis general, sugieren, hay que proteger el Gran Bosque de Agua, del que depende la recarga del acuífero subterráneo

Ante la actual falta de agua en la Ciudad de México se ha puesto atención sobre el bajo nivel que tienen las presas del Sistema Cutzamala; sin embargo, la mayor parte del agua que se consume en la urbe, más del 70%, proviene del acuífero subterráneo, el cual está en serio peligro, ya que opera con un enorme déficit y tiene cada vez menos opciones de recarga.

La crisis hídrica no sólo afecta a la Ciudad de México, sino también a los estados vecinos. Por lo tanto, en este momento es imposible obtener agua para la capital desde otro punto, debido a la falta de infraestructura. Además, Puebla, Morelos, Tlaxcala y el Estado de México enfrentan una situación igualmente grave de abastecimiento.

Expertos y funcionarios coinciden en que esta crisis hídrica es grave. Para Beatriz Padilla, presidente de la Fundación Biósfera del Anáhuac (FUNBA) es un llamado de atención sobre una situación que podría llegar al punto de ser causa de una enorme crisis social, por lo que evitarlo debería ser “un tema de seguridad nacional”.

“Se trata del agua para la región más densamente poblada del país… más de 25 millones de personas, (casi) la quinta parte de la población de la República Mexicana, y donde se genera cerca del 30% del PIB nacional”, comenta Padilla a ejecentral.

La crisis actual y sus ramales

Agua en la CDMX

Según información de la Comisión Nacional de Agua (Conagua), el déficit de operación del acuífero es de 480 millones 429 mil 914 metros cúbicos anuales. Esto no sólo significa que no hay un volumen disponible para otorgar nuevas concesiones, como señaló la Comisión en un documento de 2023, sino que opera con una enorme pérdida.

El reporte Actualización de la Disponibilidad de Agua en el Acuífero Zona Metropolitana de la Ciudad de México indica que, al corte de diciembre de 2022 se extrajeron 993.2 millones de metros cúbicos de agua. En el mismo periodo, se calcula que la recarga total de agua al acuífero fue de aproximadamente 512.8 millones de metros cúbicos, lo que equivale apenas al 51.6% de lo necesario para recuperar el agua consumida.

Según el Programa Hídrico Regional Aguas del Valle de México 2020-2024 de Conagua, el acuífero de la zona metropolitana de la Ciudad de México tiene el mayor nivel de sobreexplotación en el país, con un déficit promedio de 507.23 millones de metros cúbicos al año. Además, el 40% del agua abastecida se pierde por fugas y en las redes de distribución.

La crisis del Cutzamala, que se abastece sobre todo en las lluvias que caen en los bosques del estado de Michoacán, forma parte de los ciclos anuales de precipitación y de aquellos que ocurren en periodos más amplios de tiempo.

“Ahorita estamos en una temporada de dos o tres años de sequías extremas, llovió muy poco en la mayor parte de México, sobre todo en esta zona donde se abastecen el (sistema) Lerma y el Cutzamala”, refiere a ejecentral Fernando Jaramillo, del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias de la UNAM.

Para Christian Domínguez, investigadora del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático de la UNAM, la situación “es alarmante”, ya que los niveles de las tres grandes presas principales del sistema Cutzamala están bajos, considerando que se espera que llueva menos en los próximos meses en comparación con años anteriores.

La información proporcionada por el Comité Técnico de Operación de Obras Hidráulicas indica que la presa más llena, El Bosque, se encuentra al 60.2% de su capacidad al 29 de enero, mientras que siete días antes estaba al 60.6 por ciento. Villa Victoria está al 30.2% y Valle de Bravo al 34.4 por ciento. En conjunto, las presas están al 39.8% de su capacidad, aunque se esperaría que estuvieran al 76.8 por ciento.

Sin embargo, la crisis del acuífero de la Ciudad de México, que lleva décadas, se agrava aún más por la escasez de lluvias. El déficit de 2023, que aún no se ha revelado, añade una capa de gravedad adicional. Además, el crecimiento urbano reduce cada vez más la captación de agua de lluvia.

Jaramillo menciona estudios que predicen una disminución drástica del agua en el acuífero de la Ciudad de México para 2050. Uno de ellos, publicado en mayo de 2020, proyecta una reducción del 15% en el volumen de agua disponible para la infiltración entre 2045 y 2069.

Esto se refiere al acuífero superior, pero existen otros dos más profundos, que pueden llegar hasta dos kilómetros bajo la superficie. Sin embargo, estos acuíferos profundos tienen agua de baja calidad debido a la “contaminación natural” por sales y metales pesados generados al pasar por las rocas, explica el experto.

“No es agua potable ni se puede usar para humanos ni para la agricultura”, por lo que, además del costo que implicaría bombear el agua desde esas profundidades, habría que tratarla con filtros especializados, “y eso es también carísimo”, precisa.

El Niño caprichoso y un 2024 incierto

En octubre pasado, la climatóloga Christian Domínguez indicó a ejecentral que la única esperanza para rellenar las presas y cuerpos de agua medio vacíos sería la llegada de ciclones en las semanas restantes de la temporada de lluvias, aunque preferiblemente no fueran huracanes catastróficos.

La temporada ciclónica se tornó desastrosa, especialmente con la llegada devastadora de Otis, que causó estragos en Acapulco y municipios de Guerrero. Aunque otros como Olivia y Norma también impactaron en Baja California, Nayarit y Jalisco, aportando algo de lluvia.

Fue una “temporada conforme a lo esperado, con respecto al Pacífico”, comentó Domínguez hace unos días a ejecentral. “Sin embargo, había comentado que el lado del Atlántico iba a ser otra historia, pues habría menos ciclones tropicales por el (fenómeno de) El Niño”, que empezó desde abril de 2023. Y así fue.

Lo sorprendente para Domínguez es la capacidad de El Niño para generar lluvias intensas en el norte durante el invierno, especialmente en diciembre, enero y febrero. Se espera que la llegada de más frentes fríos provoque lluvias abundantes en estados como Sonora, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas y parte de la península de Baja California.

Según el Monitor de Sequía en México, Sonora y Chihuahua experimentan sequía extrema, e incluso excepcional. En el caso de una sequía excepcional, implica pérdida de cultivos, muerte de ganado y una escasez significativa de agua en las presas.

Con datos al 15 de enero, la climatóloga comenta que “las lluvias no han sido suficientes para, digamos, aminorar el estado de sequía que tenían durante septiembre; de hecho, (la sequía) se ha agravado”.

Para la Ciudad de México y la región centro del país, las perspectivas no son alentadoras. Domínguez comenta: “Me sorprende tener días soleados y bastante calurosos en la Ciudad de México”. Además, se espera que los meses de febrero, marzo y abril sean más calurosos y con menos lluvia que en otros años.

“Eso es preocupante”, porque, aunque sí hay agua en las presas del sistema Cutzamala, no alcanzan a tener niveles “que podrían soportar aproximadamente seis meses a que empiece la temporada de lluvias”, entonces entiendo por qué están empezando a hacer los recortes.

Domínguez señala que, al igual que en el resto del mundo, el 2023 fue el año más caliente registrado en México. Aunque no se sabe si 2024 igualará o superará esta temperatura, el calor inicial del año provoca evaporación, lo que significa pérdida de agua incluso con medidas de conservación adecuadas.

El gran bosque de agua vs. las islas de calor

Los acuíferos de la Cuenca de México se abastecen del Gran Bosque de Agua, ubicado principalmente en el estado de México, el sur de la Ciudad de México y el norte de Morelos. En estos bosques y barrancas, el agua se infiltra, recarga los acuíferos y mantiene el ciclo hidrológico.

A largo plazo, el problema no radica en la disminución de la lluvia, aclara Jaramillo. De hecho, en la Ciudad de México, el promedio de precipitaciones ha aumentado en los últimos años. Este incremento se atribuye a lo que se conoce como “lluvias convectivas”.

La ciudad era un enorme lago,

se convirtió en una urbe densamente poblada, creando “islas de calor” que incrementan las temperaturas al mediodía. Esto eleva la evaporación y provoca más lluvias que antes, explica Jaramillo.

La falta de vegetación provoca que el agua de lluvia no se infiltre y se escurra rápidamente. La presencia de árboles y vegetación ayuda a mitigar este efecto, ya que las hojas dispersan la lluvia suavemente y las raíces evitan la erosión del suelo.

›Estopermite que el suelo, que es un ecosistema en sí mismo, sea como “una gran esponja”, que hace que el agua de las lluvias se mantenga ahí por meses., Esta retención no sólo ocurre a través del suelo, sino entre las rocas

y las grietas, formando acuíferos y permitiendo que el agua “fluya lentamente durante meses o años”.

El polígono Gran Bosque de Agua tiene un área de alrededor de 800 mil hectáreas de bosques, pastizales y tierras productivas, que incluye 79 áreas naturales protegidas (federales y locales), entre las que está “el suelo de conservación de la Ciudad de México” y “la reserva estatal otomí mexica, el área natural protegida más grande dentro del polígono”, comenta Beatriz Padilla, también integrante del secretariado técnico de la Iniciativa Bosque de Agua.

Incluso se estableció un corredor biológico desde el Nevado de Toluca y el Parque Nacional Izta-Popo hasta Valle de Bravo, abarcando las cuencas de los ríos Balsas, Lerma, Pánuco y la Cuenca del Valle de México. Este corredor, en forma de “W”, incluye la Sierra de las Cruces y el corredor biológico Ajusco-Chichinautzin. Además de recargar el agua del Valle de México, también beneficia a Toluca, Puebla y Tlaxcala. Alrededor del 80% de esta zona es propiedad de comunidades indígenas.

Con la nueva conceptualización, el aporte de agua al acuífero de la zona metropolitana del Valle de México aumenta al 82%, al incluir el sistema Lerma que abastece de agua al Valle de Toluca y a la Ciudad de México. Además, el Gran Bosque de Agua provee el 100% del agua de Cuernavaca y Cuautla, y cerca del 60% del agua del Valle de Toluca.

El Gran Bosque de Agua, ubicado en el eje neovolcánico, es el bosque más extenso de la región centro del país. Su biodiversidad es excepcional, con alrededor del 10% de sus especies únicas en el mundo. Esta región es un punto de convergencia entre los ecosistemas neotropicales del sur y neárticos del norte del continente americano.

“Tiene dos sitios Ramsar, que son humedales de importancia internacional: (por un lado) las ciénegas del Lerma, tres laguitos que tienen más biodiversidad que todo Suiza, y (por otro) Xochimilco, importantísimos ambos para las especies migratorias… Tenemos una de las áreas del planeta con mayor riqueza biológica junto a una ciudad superpoblada”, sostiene Padilla.

Agua en la CDMX

La solución más barata

Según el documento Cutzamala. Diagnóstico integral,

las seis estaciones de bombeo necesarias para trasladar el agua a la Ciudad de México desde presas a menor altitud requieren un total de 36 conjuntos de motor, bomba y válvula. Estas instalaciones consumen aproximadamente dos mil 200 millones de kilovatios-hora (kWh) de electricidad al año.

El propio documento hace la comparación de que el bombeo del Cutzamala demanda alrededor de 24.5 veces más energía que la extracción del agua subterránea del acuífero del Valle de México. Además, la conservación de este último también es muy barata, señala Padilla, “basta con hacer cumplir la ley”.

Sobre todo el artículo 20 BIS 5 de la Ley General del Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente, donde se ordena que, “en los programas de ordenamiento ecológico local del territorio se establecerán límites geográficos hasta donde se pueden extender las áreas urbanizables de los centros de población en el territorio ordenado”.

Esto, junto con las restricciones para cambiar el uso del suelo, podría limitar la expansión de la urbanización. Jaramillo ejemplifica con Santa Fe, donde los bosques se han reducido y se están promoviendo fraccionamientos de lujo en muchas áreas del bosque de agua.

Jaramillo menciona en particular que hay inversionistas, “incluido Peña Nieto y su familia, que querían construir una autopista de Lerma a Tres Marías”, lo que implica construir “en la zona donde más llueve y donde más se infiltra agua”, para “generar unos desarrollos urbanos de lujo, estilo Suiza”.

“Creo que esto (los desarrollos y carreteras en esta zona) se tiene que valorar, y tomar una decisión estratégica de poner un alto, un tope: No más urbanización hacia estas zonas estratégicas para el mantenimiento del ciclo hidrológico”, expone Jaramillo.

Para lograrlo, habría que hacer efectiva la protección de las 79 áreas naturales “entre comillas protegidas –dice Padilla–. El 70% de este polígono está protegido en teoría, porque en los hechos está amenazado”, ya que en la zona hay tala clandestina y extracción de tierra.

Además, aclara Jaramillo, hay que conectar las áreas protegidas y tener corredores biológicos e hidrológicos. “No es una ocurrencia mía, está definido ya a nivel mundial… tener parches o islas de áreas protegidas es lo que conduce muchas veces a la extinción o la desaparición de muchas especies”.

La conexión y la protección requeriría, además de respetar el ordenamiento ecológico, de participación intersectorial, de las comunidades, “creo que sería la mejor forma de lograr a esto, no un decreto del Presidente y ahí murió, se necesita usar los instrumentos que tenemos actualmente en la ley… y destinar recursos para ello”.

Esa es la intención de la Iniciativa Bosque de Agua, generar, señala, “un proceso estratégico bien estructurado que rebase al gobierno, que rebase sexenios, tiene que verse como un asunto así, estratégico. El gobierno lo que tiene que hacer es cumplir la ley. Y adoptar lo que hemos venido haciendo como sociedad civil, porque, a diferencia del gobierno, las comunidades y la sociedad civil permanecemos más allá de los sexenios”.

La Iniciativa sigue un modelo hecho por la Universidad de Stanford y la ONG FSG-Reimagining Social Change. Padilla, explica que están colaborando con la academia, con los empresarios (a través del Rotary Club) y con las comunidades locales, principalmente, pero “no nos peleamos con nadie, no estamos en contra del gobierno… bueno, sí estamos en contra de los empresarios que quieren hacerse millonarios a costa del bosque”.

De hecho, están buscando acuerdos con los gobiernos federal, de los estados involucrados y los municipales. Apenas en septiembre del año pasado mandaron una propuesta a la nueva gobernadora del estado de México, Delfina Gómez, y la propia Padilla fue la primera persona en llevar una propuesta a Palacio Nacional cuando empezó el gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

Padilla considera que “la gran ventaja de esta crisis hídrica es que finalmente vamos a voltear a ver la fuente de agua. La verdadera fuente de agua”.

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