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Elizabeth Hernández y 
Mauro Álvaro Montero

El presupuesto ya se aumentó 50% en salud por la pandemia en los últimos tres años, pero es y será insuficiente. Para la planificación del desarrollo económico y social del país, alertan expertos, deben incluirse nuevas premisas, y una de ellas es todos los recursos que se necesitarán para atender con tratamientos, incapacidades temporales o definitivas, a la población que sufre y sufrirá las secuelas de Covid-19, muchas de ellas en edad productiva. Por ahora, al menos 100 mil millones de pesos se calcula que deben invertirse de forma inmediata.

Una revisión de ejecentral sobre el número de enfermos, atenciones, recursos gastados hasta ahora, y la consulta a especialistas, ofrecen una proyección sobre lo que los gobiernos deberán enfrentar en los próximos años, consecuencia de una pandemia que se resiste a quedar atrás. Y revela cómo el aumento de recursos ha sido relativo, incluso en medio de la mayor crisis sanitaria en la historia.

El problema apenas comienza y es tan grave, que los organismos internacionales han planteado que podría borrar el progreso de toda una generación.

En muchos de los pacientes infectados no existen síntomas inmediatos posteriores, en otros, sí y muy graves. Pero los recursos económicos no son la única barrera para enfrentar lo que podría ser una nueva crisis de salud; también hacen falta especialistas en rehabilitación y expertos en diferentes ramas médicas que puedan dar atención a una enfermedad crónica que causa más de 200 síntomas diferentes con la capacidad de atacar todos los sistemas del cuerpo. 

Una ruta crónica

Andrea enfermó de Covid-19 en el verano del año pasado con un cuadro leve que no ameritó atención especializada. Pero un mes después las primeras secuelas aparecieron. Mareos, falta de aire y lagunas mentales se hicieron más frecuentes, algo que la desesperó aún más que la infección inicial de coronavirus.

“Vivir sin control de tu cuerpo o mente ha sido la experiencia más desgastante que el coronavirus me dejó como recuerdo; a veces la neblina de pensamiento es tal que no puedo recordar cosas que antes podía repetir hasta dormida, o fechas tan importantes como el cumpleaños de mis hermanas”, relató esta joven profesora de la Ciudad de México en entrevista con ejecentral.

La dimensión de esta crisis toma sentido en más de cuatro millones de casos positivos que se han confirmado en las cifras oficiales, que representan 100 millones de contagios no detectados en el país, de los cuales 40% desarrollarán algún síntoma de Covid prolongado.

Además, tener un cuadro leve o ser asintomático no garantiza que las secuelas de Covid no se desarrollen en los meses posteriores a la infección inicial. Una serie de estudios en Europa y Estados Unidos detectaron que seis de cada 10 pacientes sin síntomas tuvieron complicaciones relacionadas a este padecimiento crónico en menos de un semestre.

Estas estimaciones representan el mayor reto de salud para toda una generación, que tendrá que afrontar los costos de la pandemia con un sistema sanitario debilitado, sin recursos y con una gran pérdida de la fuerza laboral debido a esta crisis.

secuelas por Covid

Datos de la Dirección General de Epidemiología muestran que en México 22.8% de los casos confirmados de Covid-19, es decir casi una cuarta parte del total, se acumulan en jóvenes entre 18 y 29 años, mientras que el segundo grupo con mayor carga de incidencia es el decenio de edad siguiente. A esto se suma que casi la mitad de los contagios oficiales por Covid-19 en México se han reportado en menores de 40 años; pero este porcentaje se dispara hasta 62.2% si se suma al rango de 41 a 49 años.

Estas cifras demuestran que el costo de las secuelas de Covid no se limita a los tratamientos médicos para las secuelas, también tendrá un precio en la productividad y calidad de vida de una generación completa. Este daño podría extenderse tras la aparición de Ómicron, que a diferencia de otras variantes, se ha mostrado más agresiva con los niños, niñas y adolescentes de todo el país.

Andreu Comas, virólogo de la Universidad Autónoma de San Luís Potosí y encargado de uno de los programas más exitosos para un regreso a clases seguro, aseguró en entrevista para ejecentral, que “ningún sistema de salud en el mundo, y en especial el mexicano, está preparado para afrontar las secuelas de la pandemia”.

El SARS-CoV-2, sin importar la variante, detalló Comas García, tiene consecuencias a largo plazo en todo el cuerpo, lo que ha impactado en los centros de rehabilitación, que actualmente “están llenos de personas que no han podido superar el Covid largo, y quienes lo logran es después de mucho trabajo”. Pocos sistemas de salud, añadió, han dimensionado el tamaño de la crisis que el Covid prolongado desatará en los próximos años, y que podrían triplicarse tras la aparición de Ómicron en el mundo. 

Por ejemplo, el gobierno de Finlandia reconoció hace unos días que el Covid prolongado se podría convertir en la enfermedad crónica más grande de aquel país, en donde uno de cada dos adultos, y hasta 2% de los menores de edad desarrollarán síntomas relacionados a este padecimiento. Krista Kiuru, ministra de Asuntos de la Familia y Servicios Sociales de ese país, detalló que la expansión acelerada de casos de Covid-19 amenaza al sistema de salud de este país, uno de los tres mejores evaluados a nivel mundial.

Para el Instituto de Salud y Bienestar de Finlandia, una enfermedad es catalogada como crónica cuando “tiene gran impacto en la sanidad pública y la economía nacional por la reducción en la capacidad laboral, así como el aumento de morbilidad en la atención médica”, una perspectiva que no ha sido explorada ampliamente en México.

Covid movió más que números

La fuerte contracción de las economías y el crecimiento heterogéneo que se disparó en todo el mundo a consecuencia de la pandemia, traerá como consecuencias enormes costos económicos y sociales, alertó hace poco el Banco Mundial.

Por lo pronto en México, la llegada de la Covid-19 empujó al gobierno a incrementar en 50% el gasto en salud entre 2020 y 2022, lo que nominalmente significó 65 mil millones de pesos más para este sector en dos años. En 2020, la gestión del presidente López Obrador asignó 128 mil 826.4 millones de pesos, sólo 3.67% respecto a lo presupuestado en 2019. Para el año siguiente, el gobierno de México aumentó 12.9% o 16 mil 588.2 millones de pesos más al presupuesto respecto a 2020. De ese monto, en pruebas, atención médica ambulatoria, hospitalaria y con ventiladores, se ocuparon, según un cálculo de ejecentral, 10 mil 308.5 millones de pesos; sin contar costos que implican las secuelas por Covid-19 y que reciben atención médica posterior, sea por daño renal, coronario, del sistema nervioso o neuronal, entre otros considerados crónico-degenerativos y que requieren asistencia constante.

Estas enfermedades pueden tardar en manifestarse en muchos casos, por lo que el costo de tener una secuela por la Covid podría extenderse por varios años con cargo al gasto en salud pública, aunque cerca de 35.7 millones de ciudadanos carecen de algún tipo de servicio de salud. 

Para este año, el virus provocó recalcular la asignación de recursos, lo que trajo una cifra inédita de 193 mil 948.3 millones de pesos para asistencia médica, pruebas de detección, así como para las vacunas. Pero aún no se incluyen los costos de atención a las secuelas de Covid.

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Una ruta incierta

Hasta hace unas semanas, las estimaciones de diversos modelos matemáticos mostraban que 60% de los habitantes en México se contagiarían con el nuevo coronavirus, pero Ómicron alteró el escenario epidemiológico del país y disparó este porcentaje por encima de 85 puntos porcentuales.

Este porcentaje no sólo cambió las estimaciones de pacientes con Covid prolongado, también modificó los costos para la atención inmediata y a mediano plazo, entre las que incluyen tratamientos orales para pacientes en riesgo, contratación de personal emergente, y más vacunas que pueden servir como refuerzo para los habitantes del país.

Tan sólo en vacunas anticovid, el gobierno federal ha gastado un promedio de 32 mil 200 millones de pesos en cerca de 200 dosis de distintas farmacéuticas, cifra que resulta insuficiente para lograr la cobertura total y refuerzos de los habitantes mayores de cinco años en el país.

Una revisión de los datos oficiales demuestra que las vacunas actuales son insuficientes para lograr que toda la población, incluyendo a niños mayores de cinco años, reciba un esquema completo de dos inyecciones, mientras que para lograr una cobertura total de refuerzos se necesitarían alrededor de 100 millones de dosis extras.

Además, estudios del desarrollo genético del SARS-CoV-2 han probado que tiene un comportamiento evolutivo muy distinto a otros virus respiratorios, por lo que es probable que se requieren múltiples vacunas para distintas variantes, lo que debería formar parte del presupuesto de salud asignado a la pandemia.

Pero más allá de las proyecciones en costos de tratamientos o vacunas inmediatas, los expertos encuentran que el principal riesgo de todas las variantes de SARS-CoV-2 radica en ese 30% de posibilidad que tienen de causar secuelas a largo plazo en cualquier tipo de persona contagiada.

Es por esto que los efectos de la pandemia perdurarán aún cuando la enfermedad haya perdido fuerza en el mundo, y estos no sólo serán visibles entre millones de nuevos pacientes crónicos, también en el retroceso en otras áreas como educación, economía o salud mental para toda una generación que crecerá a la sombra del coronavirus.

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Las proyecciones de la pandemia

El daño económico en las familias ha sido contundente y se acentuará, tanto por destinar un gasto a rubros que nunca se consideraron, así como por el alza en los precios que ha sido constante, y la pérdida de empleo, no sólo derivado de la crisis económica, sino ante la sustitución tecnológica de la mano de obra que aceleró la pandemia.

“Mucha gente está apostando a que es la recta final de la pandemia y que el virus en su versión Delta era las más mortal, y ahora ven como un simple catarro a Ómicron, y no deberíamos ser tan ingenuos, porque los costos sociales, económicos, políticos y hasta académicos han sido muy altos en estos dos años de pandemia y que han cambiado las formas de vida en el mundo”, comentó Alejandro Solís, catedrático del área de posgrados de la Escuela Superior de Comercio y Administración del Instituto Politécnico Nacional (IPN) en entrevista con ejecentral.

Y “este año –añadió– será de sufrimiento social, porque las autoridades que manejan al país no cerrarán ninguna actividad, independientemente de su giro, porque tienen razón, la economía tiene que seguir girando para que genere los beneficios necesarios e indispensables”.

Según cifras del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), el empleo formal se recuperó y se restableció a niveles de febrero de 2020, punto clave previo a la pandemia; sin embargo, la dependencia también reveló que los puestos de trabajo recuperados no corresponden a las regiones ni a los sectores donde se perdieron al estallar la pandemia de la Covid-19, sino que se redistribuyeron de forma desigual.

Los ejemplos son Baja California, que tiene 7% más de empleos, gracias al enorme incremento de la mano de obra en la manufactura por los pedidos hechos por Estados Unidos. Tabasco, que debido a la megaobra de la refinería de Dos Bocas, tiene un 21% más de empleos, caso similar con Chiapas, con 4% más de empleos producto de la construcción del Tren Maya.

En casos contrarios, la Ciudad de México, dada la enorme actividad de servicios que ostenta, tiene una caída de 4% en los empleos formales, así como Veracruz, un 3% o Quintana Roo, 18% menos de lo que tenía en febrero de 2020. 

Además, los empresarios en México implementan cambios tecnológicos, con grandes beneficios en la cadena de valor. Esto tuvo como consecuencia que 30% de las personas que perdieron su trabajo en la pandemia, fueron reemplazadas por algún tipo de tecnología, advirtió el académico.

Y aún falta. Esos 35.7 millones de mexicanos que no cuentan con algún servicio de salud, si sus ingresos son al menos de un salario mínimo tendrá una pérdida significativa en el gasto por tratamientos para aliviar o paliar las secuelas o en el peor de los casos aprender a vivir con padecimientos, mientras recortan su calidad de vida.

Un cálculo de ejecentral para medir el impacto en finanzas públicas por los daños en la salud de enfermos de Covid, que pudieron quedar con secuelas leves o hasta daños crónicos, arroja que al año, sólo por consultas se deberán erogar por cada individuo cerca de 11 mil 628 pesos, sin considerar medicamentos y otros tratamientos que se anexen al cuadro del paciente, según la Secretaría de Hacienda y el IMSS.

Lo anterior sólo es por una persona, pero si lo multiplicamos por todas aquellas en terapia intensiva y sufrieron daños en uno o varios órganos por la Covid-19. Incluso hay una cifra que podría ir de 900 millones de pesos a nueve mil millones de pesos anuales, únicamente para ese gasto.

El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) calcula que ahora el ingreso mínimo por persona al mes para adquirir alimentos es de mil 901.66 pesos en la ciudades, y en las zonas rurales es de mil 463.43 pesos. Los efectos en la salud por la Covid podrían degradar hasta en 4.4% en el gasto asignado en alimentos, ya que la persona tendría que restar un día de trabajo en la parte proporcional de lo destinado a los alimentos por asistir a la atención médica y sumar los gastos hormiga que tendría que cubrir.

Según el Banco Mundial, por las secuelas de la Covid-19 habrá más pobres en el mundo y ocho de cada 10 serán de países de ingresos medios, y México se encuentra en ese nivel. Esto que significa que el ingreso de las personas caerá por debajo de las líneas de la pobreza. 

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